Compañera se busca
No es bueno que el hombre esté solo
Por Rubén O. Flores


Génesis 2:18-25 

¿Qué es un hombre? Un hombre no es nada. Sin su familia él es menos importante que un insecto que cruza el camino, o menos importante que el esputo o los restos dejados por una serpiente al cambiar la piel. Al menos estos se pueden usar para ayudar a envenenar un hombre. Un hombre debe estar con su familia si va a significar algo para nosotros. Si no tiene a nadie para ayudarle, al primer problema que encuentre sería muerto por sus enemigos, porque no habría parientes para ayudarle a luchar contra el veneno del otro grupo. Ninguna mujer se casaría con éI... Sería más pobre que un niño recién nacido, sería más pobre que un gusano... La familia es importante. Si un hombre tiene una familia numerosa... y fue criado por una familia que se sabe produce buenos hijos, entonces él es algo, y toda la familia de su grupo estaría dispuesta a darle una mujer con quien casarse. Según la manera blanca de hacer las cosas, la familia no es tan importante. La policía y los soldados se preocupan de protegerte, los tribunales te otorgan justicia y la escuela te enseña. Se preocupan de todo, aun de los hijos si uno muere; pero entre nosotros la familia debe hacer todo eso.
Sin la familia no somos nada, y en épocas pasadas, antes que vinieran los blancos, todo el que trató de hacer siquiera algo le daba a la familia la mayor importancia. Por eso nos llevábamos bien...
Para nosotros la familia era todo. Ahora no es nada. Nos estamos volviendo como los blancos y es malo para los ancianos.
Nosotros no tenemos hogares para los ancianos como ustedes. Los ancianos eran importantes. Ellos eran sabios. Vuestros ancianos deben ser necios. Soliloquio de un indio pomo anciano de California, Aginsky 1940; 43-44) ( ) 


El anciano indígena preguntaba ¿Qué es el hombre? Y creo que las palabras de Jorge Dragone pueden dar una respuesta a esa pregunta. Él escribió en una oportunidad que. . . "Dios se volvió hombre en (Jesucristo) para que yo pudiera volverme hijo de Dios sin dejar de ser hombre. ( ) y esto me da la posibilidad de comentar medianamente que, si bien somos varones tal y como Dios lo pensó cuando creó a Adán, pasamos a ser realmente hombres cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro único y suficiente salvador. Recién allí, al erradicar Jesús el pecado mediante la cruz del Calvario, nos convertimos en lo que Dios quiso que fuéramos. Por esto es importante recordar las palabras de Dios en el Huerto del Edén cuando dijo: "No es bueno que el hombre esté solo;. . . .".

Lamentablemente las cosas se han confundido bastante. Y me pregunto si esto, que seguramente aumentará con el tiempo, tiene relación con lo que Dios dispuso para aquel primer hombre en el huerto del Edén. Creo que la visión original se ha trastocado, o en realidad, la hemos trastocado nosotros, pero el hecho fundamental es que los hombres necesitamos de la mujer tanto como lo pensó Dios en el principio. Tal vez lo que ha ocurrido en los últimos tiempos es que se ha dado más publicidad y han aparecido miles de sitios en Internet a los cuales recurrir para asesorarse acerca de contratos pre-nupciales, divorcios y otras cuestiones por el estilo, pero que está constatado por la reincidencia en el matrimonio, de que los hombres las necesitamos, es un hecho irrefutable. Tan irrefutable como lo fue para Adán en sus primeros tiempos cuando Dios creo a Eva para hacerle compañía. 
Como decía, las costumbres y opiniones sobre el matrimonio son diferentes en función de los pueblos del mundo. No es lo mismo el matrimonio para los Schilluces en el África Oriental que para los habitantes de la India. No es lo mismo una boda para una familia Hotentote que para una Brahmánica o las libertades concedidas a las jóvenes de Abisinia. El asunto es que cada día los divorcios aumentan y no es fácil para el hombre que queda sólo y tal vez desacostumbrado a los quehaceres del hogar como para la mujer que tiene más predispocisión y experiencia en esos aspectos. Pero lo que quiero dejar claro es que tenemos que aceptar, aunque no por eso estar de acuerdo, en que los divorcios aumentan en todos los niveles sociales día tras día, y si no, veamos la historia que sigue a continuación.

El joven torero terminó su faena, los aplausos y olés de la multitud reunida en la Monumental de las Ventas madrileña, la plaza de toros más importante del mundo, llenaron el recinto y las calles aledañas. Sin embargo Francisco Rivera Ordóñez, no podía quitar de su mente los acontecimientos que uno tras otro hicieron que finalizara lo que había comenzado maravillosamente. 
Francisco había contraído matrimonio ante 1400 invitados el 23 de Octubre de 1998 en la Catedral de Sevilla con la hermosa duquesa de Montoro, Eugenia Martínez de Irujo, que pertenece a la Casa de Alba, estirpe nobiliaria por excelencia en España.
Eugenia es hija de Cayetana, Duquesa de Alba, una de las más poderosas mujeres de España y poseedora de más de cincuenta títulos nobiliarios. 
La Casa de Alba, es una familia de la nobleza española, cabeza del linaje de los Álvarez de Toledo, cuyos principales miembros han desempeñado un papel destacado en la historia de España desde la edad media, tras su vinculación original al devenir de la Corona de Castilla. Los principios de la estirpe son oscuros hasta García Álvarez de Toledo, maestre de la Orden de Santiago (1359-1370). ( )

Las cosas no continuaron como uno a veces las sueña, Eugenia y Francisco se han separado, y el incluirlos en este artículo no tiene que ver con sus vidas ni con la decisión que ellos han tomado. Tampoco juzgamos si lo que han hecho está bien o mal, sólo tomamos lo lamentable del caso de estos jóvenes que, como el de otros muchos, no han podido llegar a una efectiva solución de sus problemas. 

No podemos dejar de reconocer que, como dijera aquel anciano indígena, la familia es muy importante. Pero lamentablemente en muchos casos, las familias se han desmembrado por haber sido protagonista de sucesos visibles muy problemáticos. Las luchas por el poder de una organización o un testamento fueron y son tapas de revistas y periódicos. Sin embargo, creo firmemente que sigue siendo tan importante como que fue y es el propósito de Dios para "fructificar y multiplicarnos" en esta tierra. (Gén. 1:28)

¿Por qué entonces el divorcio pasó a considerarse una solución a los problemas matrimoniales? La cantidad de rupturas, de acuerdo al Demographic Yearbook de 1990 de las Naciones Unidas, desde 1971 a 1985 aumentó en algunos países como Dinamarca y Estados Unidos en un casi 50%. 

Insistimos, la familia ha constituido la base de aquella visión de Dios y parece que, sobre todo en estos últimos tiempos, ha pasado a ser un esquema más entre los organigramas familiares del mundo secular. 
Con relación a esto compartímos en el Editorial de este mes, un artículo sobre el señor Ronald O. Perelman a quien su cuarto divorcio le está costando alrededor de 20 millones de dólares, y nos preguntamos ¿qué vínculos de familia llega a tener un hombre a través de matrimonios con cuatro esposas sucesivamente, sus respectivos hijos y parientes? 

El pasaje de Génesis 2:18-25 indica el gran propósito de Dios para la familia. 
Tal como lo ve Grant Martin, el primer propósito es compañerismo, (v-18) el segundo es la posibilidad de contar con una ayuda idónea, (v-18) y el tercero es la gran misión de procrear dejando la familia paterna y formando una nueva. (v-24) Pero al formar una nueva familia también nos encontramos con nuevos parientes

¿Cómo podría llamarse a este tipo de parentesco? Vínculo de consanguinidad no es, salvo en los casos en que hayan nacido hijos de alguno de estas uniones matrimoniales, con lo cual esos hijos o hijo, pasarían a tener sí, un "vínculo de consanguinidad" con el hombre, ¿entonces? ¿Lo llamaríamos vínculo de afinidad? Un vínculo de afinidad es cuando el hombre que se casa tiene con esa mujer un vínculo de atracción o adecuación de caracteres, gustos, opiniones, etc. ¿Podríamos llamarlo un vínculo convencional? En esta clase de vínculo se define una relación de parentesco "socio legal" en la que el hombre es legal, ceremonial, o religiosamente vinculado a una cadena de parentesco con la mujer con la que se une matrimonialmente. 

Si bien son varias las situaciones que se complementan para que un matrimonio llegue a estas instancias, la idea desde siempre fue que una pareja debía "vivir felices hasta que la muerte los separe". Al menos eso fue lo que mi abuela y mi madre me enseñaron. Aceptar que un matrimonio se acabó es una de las primeras etapas difíciles por las que hay que pasar. Pero, ¿realmente se acabó? 
Toda gran historia de amor tiene sus altas y bajas y enfrentarse a la desilusión de aceptar que tal vez no hay una "segunda vuelta" tiene su viso de tragedia, sobre todo cuando uno o ambos cónyuges no quieren "dar el brazo a torcer" para encontrar una solución al problema de convivencia y prefieren quedarse solos por un tiempo para recomenzar una nueva etapa. 

Hemos atendido el caso de una esposa con depresión post-separación que preguntaba: "no entiendo, no comprendo qué ha pasado. ¿Cómo puede ser? Siempre tuve un buen mantenimiento del hogar, he sido una buena madre, creí haber sido una buena esposa. ¿En qué me equivoqué? 
En realidad, para que un matrimonio llegue a la separación y luego al divorcio hay no sólo uno sino dos culpables. Como dijo alguien alguna vez, "Si uno de los dos tiene un 5% de culpa y el otro un 95% ambos son culpables por más vueltas que le demos al asunto". 

La ley de Dios dice que el hombre debe dejar a sus padres y unirse a la mujer que elija como compañera para toda la vida, pero como todas las reglas, a ésta también le hemos encontrado sus excepciones. Lo normal es que el hombre se case con la mujer que Dios preparó para él. El asunto es saber cuál es ésa mujer para cumplir el pensamiento de nuestro Creador que dijo en su Palabra: ".. . .no es bueno que el hombre esté solo". 

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