El obrero cristiano y su relación consigo mismo
por Milton Pope*


El obrero del Señor tiene que decidirse a ganar la victoria en su propia vida. 
Necesitamos tener una imagen correcta de nosotros mismos por ser hijos de Dios y por saber que lo somos.
Soy yo, Señor, quien necesita la oración; no es mi hermano ni mi hermana, ni mi madre ni mi padre (ni siquiera mis enemigos) soy yo, Señor, quien necesita la oración.”

Estas son palabras de un spiritual de los negros norteamericanos, que contiene más verdad bíblica de la que podamos sospechar. 
El obrero del Señor tiene que decidirse a ganar la victoria en su propia vida. Hoy, los psicólogos hablan del valor de tener una buena imagen de sí mismo, pero la Biblia nos señala cuál es la imagen que nos corresponde. Según Romanos 8:15 hemos recibido el Espíritu de adopción por el que clamamos "Abba, Padre. En el libro de Juan podemos leer que Dios nos da la potestad de ser hechos sus hijos (1:12). Si somos de Cristo, somos hijos por nacimiento y por adopción. Necesitamos tener una imagen correcta de nosotros mismos por ser hijos de Dios y por saber que lo somos.

El apóstol Pablo exhortó a Timoteo, su hijo espiritual, diciéndole: "Ten cuidado de ti mismo" (1 Timoteo 4:16). En esa misma carta le habló fuertemente a su discípulo, usando frases tales como: "Esto manda y enseña”, "Ninguno, tenga en poco tu juventud", "Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza”, "Ocúpate en la lectura, la exhortación, la enseña, "No descuides el don que hay en ti”, y vuelve a repetir "Ocúpate en estas cosas, permanece en ellas" (1 Timoteo 4:11-16). En vista del énfasis que presenta cada uno de estos versículos, podemos deducir que Timoteo tenía la tendencia a ser negligente, despreocupado y descuidado.

Si de acuerdo a la Biblia practicamos la disciplina propia, por el hecho de ser hijos y ser ejemplos, habremos ganado la mayor parte de la batalla.

Primero:

La Escritura enfatiza la importancia de ser ejemplo en palabra. ¡Cómo necesitamos obreros con palabras edificantes, correctas y veraces!

Segundo:

Ejemplo en conducta. ¿Cómo me trato o a mismo? ¿Cómo trato a mi prójimo? La manera de actuar cuando estoy solo determina en gran medida mi conducta en público.

Tercero:

Ejemplo en amor. ¿Cómo me amo a mí mismo? ¿Excluyo a los demás o amo a mi prójimo como me amo a mí mismo? Como Cristo ama a la Iglesia, así debo armar yo.

Cuarto:

Ejemplo en espíritu. ¿Cuáles son mis actitudes? ¿Cómo es la atmósfera que proyecto? Las personas que están conmigo ¿sienten la presencia de Cristo en mi vida?

Quinto:

Ejemplo en fe. Pablo lo resume cuando señala "Sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Timoteo 1:12).

Sexto:

Ejemplo en pureza. Esta exhortación incluye la pureza de pensamientos. “Cual es su pensamiento en su corazón, tal es él" (Proverbios 23:7). Puros en nuestros pensamientos, en nuestras relaciones y en nuestras acciones. La lectura diaria en nuestro hogar es fundamental para mantenernos puros. Otra vez Pablo nos llama a ocuparnos en la lectura, en la exhortación y en la enseñanza.

Dios le ha dado un don o más a cada cristiano, y lo ha hecho principalmente para bendecir a los demás y para la edificación del Cuerpo de Cristo. Dios nos exhorta a no descuidarlo. ¡Cuántas bendiciones potenciales no han sido disfrutadas por el Cuerpo de Cristo debido a nuestro descuido!

Me gustaría compartir un pensamiento en cuanto a dos palabras: negligencia y descuido.
La negligencia es como ignorar, no elegir, no actuar, pero el descuido tiene que ver con el carácter. El descuido es como no tener cura. Se refiere al sentimiento. Cuando uno es descuidado, no ama como debiera. Y Pablo señala algo interesante: “Ten cuidado de ti mismo" Nacimos y crecimos egocéntricamente, practicando esa filosofía que aprendimos de bebés: "Lo que bebé quiere, bebé recibe... o hace escándalo".
Sin embargo, cuando conocemos a Cristo, él demanda ser el centro de nuestra vida. Por algo Pablo declaró: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.”Quizás haya quienes nunca vean a Cristo si no lo ven en mí. Tal vez yo sea el único ejemplo que algunos puedan tener.

Si queremos dormir tranquilos, satisfechos y sentirnos realizados en la voluntad de Dios, es imprescindible saber quiénes somos, conocer a quién pertenecemos, reconocer nuestras debilidades, y corregir nuestros errores. De nosotros depende en gran medida la salvación de muchos.

Por esto, "soy yo, soy yo, Señor, quien necesita la oración."

· Créditos Bibliográficos:
· Milton Pope. Tomado de la revista “Continente Nuevo”. Nº 24 pág. 7-9. Editada por Asociación Evangelística Luís Palau, Guatemala 1992.