Opiniones autorizadas
Por Jim Conway *


“ME SIENTO COMO UNA MÁQUINA DISTRIBUIDORA DE ALIMENTOS”. . .escribe Jim Conway, describiendo su propia crisis de la mediana edad en medio de un pastorado exitoso. “Alguien aprieta un botón, y sale un sermón. Alguien aprieta otro botón, y sale un artículo para una revista. La familia aprieta botones, y salen dólares y compromisos que involucran tiempo. La comunidad aprieta otros botones, y yo aparezco en reuniones, firmo peticiones y tomo posiciones”.

Es de mucho ánimo saber que un número creciente de especialistas en el área de desarrollo del adulto han comenzado a explorar los problemas de los hombres en la mediana. En la década de 1970 aparecieron muchos artículos en revistas y periódicos, comenzando a explicar que hay un problema real y que todos los hombres en la mediana edad necesitan ayuda.

¿Cuándo llega la crisis?

Los expertos no están de acuerdo en cuanto a qué años deben ser identificados como la mediana edad, o cuando es más probable que la crisis tome lugar. Kenn Rogers dice que sus estudios muestran que la crisis aparece entre los treinta y los treinta y nueve años. Carl Jung ubica el pico del trauma de la mediana edad entre los treinta y cinco y los cuarenta. Joel y Lois Davitz dicen que ocurre entre los cuarenta y los cincuenta, siendo la edad pico los cuarenta y cinco. Bárbara Fried también ubica la crisis después de los cuarenta. En 1968 Lee Stockford presentó los hallazgos basados en tres estudios que involucraban a más de 2100 hombres y mujeres. Su investigación indicaba que el ochenta por ciento de los ejecutivos entre los treinta y cuatro y los cuarenta y dos años habían sido golpeados por esta crisis. El Dr. Daniel Levinson, investigador de la Universidad de Yale, que ha estado involucrado en un estudio extenso del varón en la mediana edad, ubica a la misma en la década entre los treinta y cinco y los cuarenta y cinco años. Gail Sheehy, en el libro Passages (Pasajes) es un eco del criterio de Levinson. Otros, sin embargo, ubican la reevaluación de la mediana edad pasados los cincuenta años.

En un sentido real, la crisis de la mediana edad no es tanto un asunto de la edad cronológica del hombre como de su estado mental. El tipo de metas que ha elegido y cómo él ha manejado los problemas previos de desarrollo, le ayudarán a determinar si él llegará temprano o tarde a la crisis de la mediana edad. 

¿Hay una menopausia masculina?

Hay gente que ha sugerido que, dado que los hombres experimentan emociones similares de auto-compasión, melancolía, infelicidad, depresión e irritabilidad que siente una mujer cuando está en la menopausia, quizá hay algún cambio hormonal en los hombres: una menopausia masculina. La evidencia que tenemos dice que no. No hay cambios biológicos comunes en el hombre que produzcan este cambio emocional. Sin embargo, si nosotros estamos hablando acerca de "menopausia masculina" como un "punto de cambio", entonces de acuerdo a Daniel Levinson tal cosa realmente sucede.

Sin embargo, los hombres están tan seguros de que ellos no van a experimentar el cambio biológico drástico de la vida que tienen un falso sentido de seguridad, no advirtiendo que vendrá una crisis junto con un trastorno biológico.

Segunda Infancia

El hombre que no está esperando que le suceda algo cuando va transcurriendo la vida, se asombra al descubrir que en la mediana edad comienza a actuar en cierta manera como un adolescente. Se descubre a sí mismo actuando en la misma manera osada en que lo hace su hijo adolescente.

El tema prevaleciente de la crisis de la mediana edad es la reafirmación. El se hace preguntas acerca de los valores, quién es él, qué es lo que quiere, cuál es su trabajo, qué es lo que está logrando. Se pregunta en cuanto a su matrimonio, trabajo, amistades, compromisos sociales, y acerca de sí mismo. Estas mismas clases de preguntas que su hijo adolescente se está haciendo: "¿Quién soy? ¿Quién seré? ¿Cuáles serán mis valores? ¿Cuál será mi trabajo? ¿Quiénes serán mis amigos? ¿Con quién me casaré? ¿Qué parte tendrá Dios en mi vida?"

Tres fuerzas principales

La crisis de la mediana edad no es causada por un problema simple, que puede ser resuelto con una respuesta simplista. No va a desaparecer con dos aspirinas y una buena noche de descanso. Ni se va a ir por decirle al hombre que lea más su Biblia, que crea en Dios y que deje de preocuparse.

Tres fuerzas principales convergen en el hombre en este tiempo de su vida. Primero, toman lugar algunos cambios biológicos. El está perdiendo vigor físico y tono muscular, el peso de su cuerpo se está elevando y está perdiendo su cabello. La muerte llega a ser repentinamente una realidad.
Segundo, su esquema biológico –su ego, su auto-imagen- es afectado. El comienza a verse a sí mismo como menos que un hombre, por que su criterio de auto-estima proviene de su fortaleza física. Puede ser que él está teniendo dificultades o insatisfacciones en el trabajo, y dado que muchos hombres alimentan la fortaleza de su ego por lo que logran, esto también puede dañar su auto-estima. Puede pensar que ya no es el hombre que era antes. Puede ver que no va a alcanzar todas sus metas o, quizá, él las ha alcanzado y dice: “¿Y ahora que?”
La tercer área importante de su vida que es afectada es su vida social. En tonos muy claros el mundo le dice que no hay vida significativa después de los cuarenta, y que no podrá tener un nuevo trabajo después de los cuarenta y cinco o cincuenta. Los avisos comerciales de la televisión continúan afirmando que la juventud es buena y la ancianidad es mala. Dado que se siente rechazado por la sociedad, comienza a reevaluar su vida en las áreas sociales – las relaciones con su esposa, sus hijos, su carrera, sus colegas, sus amigos, el mundo a su alrededor, y Dios.

La crisis es inevitable.

Por ahora el cuadro puede parecer tan negro y lúgubre, que nuestro héroe está gritando: "¿Se puede saber cómo puedo salir de esto? Paren la calesita y déjenme salir". 0, "Dios, ¿se puede saber por qué nos hiciste así, de modo que esta clase de presiones fueran nuestra suerte en la vida?"

Entre los sociólogos, psicólogos, psiquiatras y otros profesionales, está creciendo la opinión de que todos los hombres pasan a través de esta crisis hasta cierto grado, y que cada uno

saldrá de la misma, sea con una visión positiva para el futuro o con a imagen abatida marcada por la desesperación. Es una crisis de desarrollo natural y, al mismo tiempo, es inevitable.

El escape a la crisis de desarrollo de la mediana edad es probablemente semejante al del niño escapando a la adolescencia. Un adolescente puede evitar el enfrentarse a esta fase del desarrollo, pero tarde o temprano debe responder a aquellas preguntas acerca de quién es él y qué es lo que quiere hacer en la vida. El hombre en la mediana edad puede suprimir la reafirmación de su vida, pero eventualmente deberá encararla.

Antes de la crisis de la mediana edad, es posible que piense acerca de usted mismo como siendo joven. Después que usted ha pasado exitosamente por los problemas de desarrollo de la mediana edad, será capaz de aceptar confortablemente que ya no es joven, pero que tiene una contribución valiosa para hacer que no la tienen los jóvenes.

Un tiempo peligroso para otros

Cuando el adolescente pasa por tal evaluación, sus giros emotivos, direcciones alternativas y valores cambiantes no afectan realmente a mucha gente, aparte de su familia inmediata. Puede decidir abandonar la escuela, entrar en experiencias de sexo o drogas poner a Dios en un estante por un tiempo, y puede convertirse en antisociable, irritable y deprimido. Sus padres, porque son mayores, un poco más seguros y comprensivos de aquello por lo cual el adolescente está pasando, pueden permanecer objetivos, fríos y calmos en la mayoría de las situaciones. Se dan cuenta que es una fase pasajera, y que pronto el joven nacerá a la temprana madurez.

Sin embargo, el hombre en la crisis de la mediana edad que comienza a hacer las mismas cosas que su hijo adolescente, causa grandes estragos en su familia, su trabajo y su comunidad. Por ejemplo, si él inicia una aventura extramatrimonial, muchas cosas en el futuro dependerán de lo que pase con aquella aventura. El no es más un adolescente tratando de aprender un poco más en cuanto al sexo. Ahora es un hombre con esposa e hijos, los cuales dependen de su estabilidad. Quizá es también un hombre con diversas posiciones en la comunidad en varias comisiones y juntas. Es un hombre cuyo trabajo o futuro político puede ser afectado por la aventura sexual.

El hombre en la crisis de la mediana edad tiene más experiencia social, poder y libertad que el adolescente. Por tales razones, su hostilidad o rebelión puede ser sumamente peligrosa en cualquier otra persona relacionada con él.

Algo le pasó a su reloj

Algo anda mal con el reloj para el hombre en la crisis de la mediana edad. En efecto, en muchas ocasiones parece totalmente desorientado en cuanto al tiempo. A menudo generalizamos acerca de la gente en diferentes edades. Se piensa, por ejemplo, que la juventud mira hacia el futuro, ignorando el pasado. Por otro lado, los abuelos miran hacia atrás. El hombre en la mitad de la vida parece estar más interesado con el ahora. Cuando mira hacia el futuro, ve la ancianidad arrastrándose hacia él y la inevitabilidad de la muerte. Siente la finalización del trabajo, productividad, influencia, impacto y de la vida misma. Cuando mira hacia el pasado, sólo ve una larga lista de metas y sueños que no se han cumplido, y que nunca podrán ser cumplidos, de modo que él quiere desesperadamente vivir ahora la vida.

Sin embargo, hay otro problema. A menudo él está tan preocupado con sus fracasos pasados y con sus temores futuros que es incapaz de gozar el ahora. Aún cuando siente una urgencia por hacer algo antes que sea demasiado tarde, fracasa en gozar la vida tal como se presenta. No goza de su esposa, ni de su familia, ni de su trabajo, ni de Dios, ni de la naturaleza y la creación.

Realidad o fantasía

La presión del tiempo que corre trae las realidades de la vida a un choque brutal con las fantasías que el hombre ha soñado desde joven, o desde la temprana madurez. "Algún día" iba a ser el rey de esto o aquello; "algún día" iba a ser un millonario, un héroe deportivo, un actor o poeta o cantante o escritor; "algún día" iba a ser un gran amante. "Algún día" iba a - como dice a menudo mi hija mayor - "rico y famoso". Pero repentinamente el ahora está sobre él. Ha llegado a la mediana edad - y comienza a darse cuenta que el futuro está aquí, que todo lo que va a lograr debe suceder ahora. Tiene que acontecer a los cuarenta, o a más tardar a los cuarenta y cinco.

Sus sueños y fantasías de la temprana madurez son confrontados con la realidad de que tiene un trabajo, pero que nunca va a ser jefe o presidente. Tiene una casa en los suburbios, pero nunca será realmente un millonario. Puede mirar partidos todos los domingos por televisión, pero nunca llegará a ser un astro deportivo. Puede haber alcanzado la cúspide de su trabajo y logrado sus metas, pero aún no es tan feliz como pensaba que iba a ser. Llega por primera vez a encarar las realidades de su vida, y compararlas a las fantasías que le han motivado en los veinte años pasados.

El doctor Ernest van den Haag, psicoanalista y psicólogo, "la crisis consiste en el choque entre sus fantasías y la realidad. Usted comienza a tener un concepto más realista de usted mismo". El doctor van den Haag continúa diciendo que la diferencia entre la crisis de la adolescencia y de la mediana edad es que el adolescente no ha probado su habilidad, y está mirando el futuro con optimismo, para ver cumplidas sus fantasías. Cuando usted ha alcanzado la mediana edad, si es realista, verá las limitaciones de su carrera. Y eso es algo que para la mayoría de la gente es bastante difícil de sobrelleva.

Esta misma comparación entre los sueños y los logros alcanzados en la vida es la que produce que los hombres en la crisis de la mediana edad experimenten depresión. Sólo cuando el hombre encarar exitosamente la realidad de quién es él y lo que puede hacer, será capaz de moverse libremente a la etapa siguiente en la vida.

Búsqueda de una respuesta espiritual

Yo he observado a muchos hombres en la crisis de la mediana edad que no sólo han afectado sus trabajos y sus relaciones con la esposa y los hijos, sino que también han llegado al punto de culpar a Dios por lo que les está sucediendo. Carl Jung descubrió que la raíz de la enfermedad mental entre todos sus pacientes de más de treinta y cinco años era una pérdida de amarras espirituales. Es tremendo que un hombre, que ha sido un líder en la iglesia y que ha provisto estabilidad espiritual para jóvenes y ancianos, tan repentinamente, debido a la culpa, enojo, depresión y confusión, tire a Dios por la borda. Desalojar a Dios sólo incrementará su sentido de inestabilidad.

"En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación. El solamente es mi roca y mi salvación; es mi refugio; no resbalaré mucho" (Salmo 62:1-2).

CRÉDITOS BIBLIOGRÁFICOS
Jim Conway. “Los Hombres en su Crisis de Media Vida”, cap. 2, págs. 22-28. 
Casa Bautista de Publicaciones 1982. El Paso, Texas. Impreso en U.S.A.