La esposa tiene la palabra
Por Luis Palau *


Se le preguntó al famoso predicador británico, Jorge Whitefield, si cierto caballero era o no cristiano de verdad. “No lo sé”, respondió, “no le he preguntado a su esposa.”
Una cosa es la máscara que se usa con el público, y otra muy diferente puede ser la realidad en la intimidad del hogar, aun en el hogar de un líder cristiano. A veces los que ministramos la Palabra del Señor nos afanamos tanto por la obra y la iglesia, que descuidamos nuestra esposa y nuestro hogar. Nos haría bien hacer un repaso y aplicación personal de lo que hemos enseñado a otros.
Cristo es nuestro ejemplo de lo que debe ser un verdadero esposo, un esposo ideal, un esposo que trae felicidad al hogar, que trae eterna gratitud de parte de la esposa y de los hijos que Dios les de. La Biblia dice, “Maridos, amad a vuestras mujeres así como Cristo amé a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella” (Ef 5:25).
Hoy en día nos olvidamos que no hace muchos siglos la humanidad tenía unas actitudes increíbles hacia la mujer. El mundo pagano romano trataba a la mujer prácticamente como a una esclava. Lo que ha elevado la posición de la mujer, la dignidad de la mujer, la santidad del matrimonio, la alegría y la pureza en el hogar ha sido ni más ni menos que la presencia y la influencia de nuestro Señor Jesucristo. Como seguidores suyos, y predicadores de su Palabra, tenemos que asegurar que nuestro trato con la esposa sea todo lo que él manda.
Cuando decimos que el esposo ame a su esposa, creo que debemos usar la palabra “ternura”. Hermano, ¿eres tierno con tu esposa? No únicamente cuando quieres sacar algo de ella, o cuando la buscas en el terreno sexual. Debe ser una ternura que siempre se perpetúa; una ternura que se demuestra en el hogar en todo momento, una ternura que se practica en las malas y no sólo en las buenas, una ternura que sea evidente en el hogar, en la iglesia y en la calle.
En el mismo capítulo, la Biblia dice, “Someteos unos a otros en el temor de Dios” (Ef 5.21). Es en el hogar en donde tanto el hombre como la mujer encuentran ocasión y oportunidad para aprender a someterse.

La posición del esposo

Pero la sumisión es difícil. Muchos se dicen, “¿Yo someterme? ¡Que se someta mi mujer, pero yo no!” Estoy refiriéndome al esposo en el hogar cristiano. Demasiados hombres creen que es la mujer quien debe someterse, pero jamás se les ocurre que deben hacerlo ellos también. Esto lo encontramos muy particularmente en nuestra América Latina, con sus conceptos peculiares acerca del varón, y con ese defecto latinoamericano: el llamado “machismo”. Y tenemos que confesarlo, ese machismo existe también en muchos líderes evangélicos.
Ahora. ¿Cuál es la posición del esposo en la familia verdaderamente cristiana?
“EI marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia” (Ef 5.23). ¿Qué quiere decir esto? ¿Que puede ser un dictador? ¿Quiere decir que el marido tiene derechos superiores a su mujer? ¿Que ella tiene que ser la esclava de la casa, mientras él vaga por el mundo haciendo lo que se le ocurre? ¿Que su ministerio es tan importante que ella debe aguantar con toda paciencia sus largos viajes o sus innumerables horas fuera del hogar?
¡De ninguna manera! Cuando la Biblia dice que el marido es “cabeza”, lo que quiere decir es que el marido es responsable.

Tomar las decisiones

Hermano, tu como yo, somos responsables, en primer lugar, de tomar las decisiones importantes. A nadie le gusta cargar con la responsabilidad de las decisiones de la familia. Pero según la Biblia, es el marido el responsable de tomar las decisiones de mayor importancia.
Por supuesto, debes escuchar las ideas de tu esposa e hijos, pero la responsabilidad de decir “sí” o “no” descansa sobre tus hombros. La Biblia te concede la autoridad, pero juntamente con la autoridad va la responsabilidad. A veces la decisión nuestra sale mal, y allí es cuando tenemos que taparnos la boca, sacar una sonrisa y aprender una lección para que la próxima sea mejor.

Hace un tiempo mi esposa Patricia y yo decidimos comprar un sillón. Juntos fuimos a la tienda, y hallamos dos que parecían ser lo que buscábamos. Ella me dijo, “¿Cuál prefieres, Luís?” Escogí uno, lo compramos, y lo llevamos a casa. Pero a los seis meses, se rompió y tuvimos que sacarlo de la casa. Yo estaba molesto, pero no pude echar la culpa a mi esposa. Pero al comprar otro sillón, ¡lo investigué bien antes de pagarlo!
Si tú, que eres marido, no quieres tomar la responsabilidad, tu esposa tiene que animarte con cariño para que lo hagas.

Por la salud espiritual de la familia

En segundo lugar, cuando la Biblia afirma que el marido es la cabeza de la mujer, quiere decir que el marido es responsable por la salud espiritual de la familia. Tu, marido, debes reunir a tu esposa y a tus hijos, abrir la Biblia, leer un pasaje, explicarlo, y luego orar juntos. Hay pastores y predicadores que leen y explican la Biblia en la iglesia y en las casas de los hermanos, pero no apartan tiempo para hacer lo mismo con su propia familia. Hermano, tú eres responsable ante Dios por la salud espiritual de tu familia.

Disciplina y comportamiento de los niños

Tercero, el esposo es cabeza de la mujer como Cristo lo es de la Iglesia, en que él es responsable por la disciplina y comportamiento de los niños. El hombre no debe dejar a su esposa las responsabilidades de corregir a sus hijos, especialmente a los varones, cuando éstos se comportan mal.
La Biblia ve este negocio como asunto de mucha importancia. El apóstol Pablo dijo que el pastor tiene que ser uno “que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad.” Después Pablo explica, “Pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?” (1 Ti 3.4, 5).
El apóstol indicó claramente que no es la esposa del pastor quien tiene que asegurar que la familia ande correctamente, sino que el pastor mismo debe primero gobernar a su familia, para que esté en condiciones de cuidar de la iglesia. Según el idioma original, gobernar significa “dirigir, conducir o manejar”. No habla de un déspota que grita órdenes, sino de uno que mantiene suficiente control como para asegurar el éxito de su cometido. Hermanos, seamos buenos “gobernadores” en nuestra propia casa. Esto nos dará carácter y autoridad en la iglesia.

Entregarse por ella

Cuarto, el esposo debe amar a su mujer como Cristo amó a la Iglesia y entregarse por ella, como Cristo se entregó a su Iglesia. La esposa es el centro del hogar, la razón de la vida para el esposo cristiano, hablando humanamente.
La mujer debe ser la reina en su castillo. Su castillo es el hogar. He visto palacios infernales, pero también he visto chozas con atmósfera celestial.
Defiéndela delante de tus hijos, tus familiares y ante otras personas. Procura que ella se sienta a gusto a tu lado, cuando salen de la casa. Da el primer lugar en la familia a tu esposa, y luego a tus hijos.
El matrimonio es una unión no sólo física, sino intelectual, de alma y de espíritu. Es una unión que el sexo nos ayuda a expresar; pero la unión es más profunda que tan sólo en lo sexual. Cristo es la fuerza unificadora. Cristo en el corazón une al marido y a la mujer para siempre. Sin él, el hogar vive una guerra civil.

Embellecer a tu esposa

Quinto, debes tratar de embellecer a tu esposa física, intelectual, social, y sobre todo, espiritualmente, ¿Recuerdas lo que dice Efesios 5:27? Cristo quiere que la Iglesia no tenga “mancha, ni arruga, ni cosa semejante.” Cristo quiere que su esposa sea bella. Yo quiero que mi esposa sea bella, y le quiero ayudar en su belleza.
Hermosear, hacerla bella, es uno de los grandes objetivos del marido que ama a su esposa. El marido que ama a su mujer procura hermosearla espiritualmente, por medio de la oración conjunta, compartiendo pensamientos bíblicos, y escuchando los pensamientos que ella comparte.
Procura, también, que tu esposa se desarrolle intelectualmente. Que lea libros y buenas revistas, o que tome algún cursillo para desarrollase intelectualmente. Dichoso el marido que tiene una esposa inteligente.
Quiere hermosearla emocionalmente, o sea que la esposa sea feliz en el hogar. Que ella sienta seguridad en tu hogar y en tu amor. Que el trato familiar sea libre de amenazas o indirectas, sino que se caracterice por palabras que respeten a la mujer. Para eso tienes que apartar tiempo para que ella pueda decirte sus preocupaciones, sus anhelos, sus sueños. Lo hacían de novios. No dejes de hacerlo ya que son casados. Llévale sorpresas y obsequios, no porque sea su cumpleaños, ni el aniversario de bodas, sino por sorpresa, por amor. Si mantienes, aún al correr los años la frescura del amor entre ti y tu esposa, ella será hermosa emocionalmente.
Pero también, debes hermosearla físicamente. Que en lo físico ella sea lo más bella posible. Quizás ella no sea una reina de belleza, pero ella quiere lucirse lo mejor posible para ti y el Señor. Somos responsables en nuestro matrimonio de que haya creatividad, que haya emoción, que haya atractivo. Se debe usar perfume, usar ropa atractiva, arreglarse correctamente. Todo esto es parte de la vida, y tu y yo haremos bien si hermoseamos así a nuestras esposas.

Evitar el aburrimiento

El otro día un caballero me escribió con una pregunta que viene al caso: “¿Qué hace usted para no aburrirse de su esposa? Yo tengo diez años de casado, y francamente mi esposa me está aburriendo. ¿Tiene alguna sugerencia?”
Comparto la respuesta que el Señor me dio: Tenga cuidado, porque el aburrimiento entre los esposos es una tentación del enemigo del hogar, Satanás. Use sabiduría para evitar el aburrimiento. Le voy a dar algunas sugerencias cómo librarse del aburrimiento.

Primera sugerencia, acepte a su esposa tal como es, sin procurar cambiarla. Acéptela tal como Dios se la dio.
Segunda, sorpréndala de vez en cuando con algunas flores o algunos dulces o un paseo. Llévela a pasear, llévele un regalo, por humilde que sea. Demuéstrele que todavía usted quiere amarla y la quiere hacer feliz, como lo prometió cuando era muchacho, ¿recuerda?
Tercera, alíviela. En vez de venir a la casa todo quejoso y amargado de su trabajo, pregúntele cómo le fue a ella. Descubra algo de lo que ella piensa. 
Cuarta, sepárela. De vez en cuando, vayan solos a pasear, aparte de los niños, los parientes, los vecinos, las actividades de la iglesia, etc. Alguna noche vaya por una sola noche a algún hotel. Ahorre centavos, deje a sus hijos con algún pariente o algún amigo, y váyase solo con ella. Ya va a encontrar que el aburrimiento se va a ir.
Quinta, emocione a su esposa con amor. La Biblia dice en 1 Corintios 7, “La esposa no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido, y de la misma manera el marido no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer.” Alégrela, anímela, venga con ideas nuevas. La Biblia dice que usted tiene la responsabilidad de traerle alegría al corazón de su esposa, y el aburrimiento se irá cuando usted la ama y le demuestra ese amor.
Sexta, ¿por qué no piensa en cambiar usted un poco? Sea una persona que madura, que crece, que se desarrolla. Aprenda el arte de admitir sus faltas y de demostrar que está arrepentido, cambiando su manera de actuar. Cuando un marido le dice a su señora, “Perdóname, querida; hice mal. Por favor, dame tu perdón,” la esposa le extiende el perdón con un beso, una palabra, una actitud. ¡Qué hermoso que es eso! Pero no basta el pedir perdón. Tiene que demostrar su arrepentimiento, cambiando su manera de actuar. Si lo hace, le aseguro que el aburrimiento se va a ir, porque usted tiene toda una vida por delante para mejorar la clase de individuo que es.
Séptima, tranquilícela. Cuando hay una lucha entre usted y su esposa, en vez de echar un fósforo a la gasolina, hable palabras suaves y palabras de amor. Proverbios 15 dice, “La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor.”
Octava, pluralice su manera de hablar. En vez de decir “mi casa, mis hijos”, diga “nuestra casa, nuestros hijos”. Aprenda a trabajar y a pensar de usted y su esposa como una sola cosa. Son dos en uno.
Por último, dedíquense los dos juntos a Dios. El viejo Josué dijo en la Biblia, “Yo y mi casa serviremos a Jehová Dios.” Que en su familia haya adoración a Dios todos los días. Qué en su familia haya oración a Dios todos los días. Qué en su familia usted y su esposa se tomen de la mano y se arrodillen ante Dios. El aburrimiento va a desaparecer.
Hermano, hagamos que nuestro hogar, la relación entre esposo y esposa, sea de veras un cuadro del amor que Cristo tiene para con su Iglesia.
Si yo le preguntara a su esposa, si usted es o no cristiano de verdad, ¿qué diría ella? 


CREDITOS BIBLIOGRÁFICOS

* Doctor Luis Palau: Revista “Continente Nuevo” Nº 11. Editado por Cruzada Cultural de la Familia. Equipo Evangelístico de Luís Palau. México-Argentina