Ahora que estás de novio
Por Pablo Deiros*
El ponerse de novio tiene efectos notables en la vida de lo que participan de la experiencia. Muchas cosas cambian. Hay nuevas responsabilidades, horarios intereses, limitaciones y asuntos en qué pensar. Sobre todo, el noviazgo es un período de exploración. Es un tiempo para la observación de las actitudes del otro. Para prestar atención a su proceder en la escuela, en la calle, en el hogar, en la iglesia, en el trabajo y en sus diversiones. Es necesario escuchar sus palabras, y ponderar sus ideas y ambiciones personales.
Un muchacho o una muchacha sabia se fijará si su enamorado demuestra interés en el trabajo que desempeña o en el estudio que realiza. Verá si se dedica con alma a lo que emprende. Prestará atención si en el hogar honra
A sus padres y trata con respeto a sus hermanos y hermanas. Observará si en la iglesia se interesa por las cosas espirituales y honra a Cristo. Evaluará estas cualidades, que son muy importantes para que más tarde haya un matrimonio feliz.
El matrimonio no es lugar para hacer experimentaciones o ensayos
El noviazgo es la época ideal para hacer estas consideraciones. Al respecto, es importante recordar las palabras de alguien que demostró mucha sabiduría y discernimiento: “Dios nos puso el corazón sobre el estómago y la cabeza sobre el corazón, para que no olvidemos que nuestro sentimientos debe estar por sobre nuestros apetitos y la razón sobre nuestros sentimientos”.
En la Biblia tenemos el ejemplo de alguien que colocó las inclinaciones de su corazón por sobre las de la razón y de sus deberes para con Dios y su patria: Sansón (Jueces 14:3). Su fin fue terrible. Por otro lado, tenemos la historia de Abraham, que estuvo dispuesto a lacerar su corazón para ofrecer a su hijo en el altar de la fe (Gén. 22).
Por eso, si en tu vida surge un conflicto entre la razón y tus propias emociones, entre la pasión y la fe, escoge la razón, que es eterna, y la fe que es sublime. Quizá tengas que sufrir un poco, pero tendrás la conciencia tranquila, con la aprobación de Dios, y serás de bendición a otros.
Además, es importante tener cuidado con la amnesia que suele afectar a quienes están de novios. No hay que olvidar que se tienen padres y hermanos, a quienes se debe amar y quienes nos necesitan. , así como nosotros a ellos. No es necesario alterar la vida familia obligándolos a vivir de acuerdo con la nueva condición del enamorado.. El novio no se debe olvidar que su novia también tiene una familia. Por muy bien que lo hayan recibido, debe comportarse de tal modo que nunca lo lamenten. Será necesario respetar sus costumbres y nunca imponer las propias, por más que parezcan mejores.
Habrá que tener cuidado especial de no olvidar a los amigos. Muchos enamorados se ponen tontos, no se acuerdan más de nadie. Esto no es justo. Hay deberes, muchos deberes para con el prójimo, que no deben descuidarse. De igual modo, no debe olvidarse del trabajo y el estudio. El mundo no se detiene porque alguien se haya enamorado ni se puede vivir eternamente en la ensoñación.
Sobre todo, es muy importante no olvidarse de la iglesia.
Muchas parejas cometen el gravísimo error de usar el tiempo
que le pertenece al Señor para estar juntos como novios.
En definitiva, ahora que está de novios comienza una etapa importante en la vida de dos personas que se aman. Nuevas y mayores responsabilidades requerirán de ellos una dependencia más estrecha del Señor. Dispondrán de los recursos de siempre para reconocer Su voluntad, como son la oración, la lectura de la Biblia. Pero ahora con una nueva posibilidad: la de hacerlo juntos. Una práctica devocional común no sólo enriquecerá la vida personal de cada uno, sino que fortalecerá los lazos afectivos que los unen, y formará hábitos de valor para el futuro. Ahora que está de novios, como cuando no lo estaban y como siempre, el Señor deberá ser el centro de sus vidas y el foco de su amor.
CRÉDITOS BIBLIOGRÁFICOS
Tomado de “Los Elegidos” Vol. 16, págs, 29-31. Editado por El Puente. (Del libro de Pablo Deiros “El amor es cosa seria”).