El tiempo que vives ...
Por Raúl Llusá* (Primera parte)
El tiempo que vives es tiempo de promesas, es tiempo de proyectos,
tiempo de crecer; sabe que ser feliz requiere poner fuerza: preciso es tener algo en lo que creer.
Los años de la adolescencia
Eres adolescente. Y ciertamente que te habrás encontrado, a veces, con aquellos que sólo ven, en la adolescencia, la falta de madurez: "Ya ven -dicen-, -hasta el nombre de la edad lo expresa! Son adolescentes porque adolecen, carecen de madurez y seriedad.
Si bien es cierto que ustedes, por estar creciendo, aún no han alcanzado la madurez a la que están llamados; y siendo verdad también que la etapa que vives es una etapa en la que todavía debes aprender una cantidad de cosas, la adolescencia es sin embargo una etapa maravillosa de la vida. Para empezar, diremos que los que hablan como mencionábamos antes se equivocan en la etimología, ya que el término no alude a "carecer de algo" sino que proviene de palabra latina que significa crecer, aumentar, tomar vigor.
Y aunque los chicos y las chicas que atraviesan esta edad aún deben madurar en la constancia, la responsabilidad, el compromiso y la experiencia del mundo real, la adolescencia es la edad de la frescura, la confianza, los ideales, el optimismo, la afectividad, la fuerza y las ganas de vivir.
La adolescencia es un tiempo colmado de felicidad, aunque de ninguna manera significa esto que no se presenten densos nubarrones de vez en cuando.
Es la época indicada para ir acumulando sueños y proyectos, que luego, en el curso de la vida, irán transformándose, a través de nuestro esfuerzo, en realidades fecundas.
Es la mañana de la vida; un comenzar pleno de sol.
Es un ámbito infinito de encuentro y relacionamiento.
Es época de ritos llenos de significado; de intimidades que se cruzan en amistades sin tibieza.
De horizontes ilimitados. De caminos desconocidos. De futuro ineludible y entusiasmante.
Allí estás, estrenando tu juventud,
Pero... ¿Qué nos acontece en la adolescencia? ¿Qué sucede con el joven y la joven cuando adviene esta etapa de la vida?
Vamos a verlo sucintamente.
Tiempo de cambios, despliegue y crecimiento
Habrás escuchado muchas veces describir la edad que se da en llamar "adolescencia". Y seguramente has advertido que hay quienes, refiriéndose a la misma etapa de la vida, la llaman "pubertad", mientras que otros designan de aquella forma a los primeros años de la adolescencia. Si bien esto último no está mal, es cada vez más frecuente que se denomine pubertad a la eclosión de cambios físicos que advienen cuando una persona sale de la niñez; mientras que llamamos adolescencia a los consecuentes cambios psíquicos. Así, mientras que la pubertad depende de procesos orgánicos, la adolescencia está más relacionada con una dimensión global de la persona, que abarca lo orgánico pero que a la vez lo trasciende, ya que influyen en el proceso la propia historia de vida, factores psicológicos y condicionantes sociales tales como estímulos de los adultos y de los otros jóvenes; de los medios de comunicación, etc.
Es por ello, que sí bien la pubertad es un fenómeno universal, la adolescencia en cambio difiere en cuanto a su duración; tiempo de inicio y terminación; problemática y características según se manifieste en un medio rural o urbano; en distintos países; en una cultura o en otra diferente.
Lo que vamos a analizar en las páginas que siguen es la adolescencia según se vive de manera típica en nuestras ciudades y pueblos latinoamericanos.
Adolescencia y cambios corporales
La pubertad-adolescencia es un tiempo en el que la característica fundamental es el cambio constante y continuado. El púber-adolescente experimenta transformaciones crecientes y acontece en él lo que en toda realidad, es cambio, es inestable.
Estas mudanzas comienzan con las manifestaciones físicas de la madurez sexual. Afectan al tamaño corporal, a las pautas fisiológicas y al comportamiento del organismo. Existe en la base del cerebro una glándula, llamada pituitaria, que tiene mucho que ver en este proceso, produciendo distintas hormonas, que son complejos químicos orgánicos que viajan por el cuerpo a través del torrente sanguíneo, proporcionando distintas órdenes de despliegue, crecimiento y
nuevas modalidades de funcionamiento a otras glándulas, órganos y sistemas.
De este modo, cuando comienza el proceso --momento para el que no podemos precisar una edad exacta, ya que se sitúa entre los 10 y los 12 años en las niñas y entre los 11 y los 13 años en los varones-- el cuerpo cambia. Acontece un crecimiento asimétrico en grosor y estatura. (a veces las piernas crecen desproporciona-damente con relación al torso); aumenta el tamaño de los órganos genitales en los varones, y parecen los caracteres sexuales secundarios en ambos sexos: en las jóvenes los senos aumentan de tamaño, aflora el vello pubial y axilar y las caderas engrosan por acumulación de grasa. En los varones, se despliega el fortalecimiento óseo y el desarrollo de la musculatura; el tono de la voz se vuelve grave por el crecimiento de la laringe y de las cuerdas vocales, y surge el vello pubial, axilar, facial y del cuerpo en general.
Algunas consecuencias
Este cuerpo nuevo y cambiante enfrenta a los adolescentes a distintas situaciones. Tanto chicas como chicos añoran inconscientemente el cuerpo de la niñez, que desaparece en forma apresurada, y deben aprender a convivir con un nuevo cuerpo, que a veces les resulta ajeno y extraño. Por ello pasan mucho tiempo frente al espejo, explorando los cambios que advierten en sí mismos; sufriendo con la aparición del acné; disfrutando de las cosas que evidencian su crecimiento, y familiarizándose, en suma, con su nuevo aspecto.
En oportunidades, parecen conducirse con torpeza frente a estímulos o impulsos repentinos. Es algo así como una "falta de costumbre" de gobernar un cuerpo que aún no les resulta del todo familiar.
Sin embargo, la coordinación y la capacidad motoras son muy buenas en esta edad, y el adolescente aprende con facilidad y rapidez a manejarse con destreza en las más diversas disciplinas que requieren de la coordinación de maniobras físicas.
Los cambios psíquicos
Mientras tanto, se producen también numerosos y profundos cambios en el ámbito psíquico. Todas las anteriores etapas de la evolución psicosexual se recapitulan, y se reconstruyen los desarrollos tempranos e incompletos.
La temática central que atravesará toda la adolescencia es un planteo de identidad, que puede resumirse en las siguientes preguntas: ¿Quién soy?
¿Cuál es mi lugar en el mundo? ¿Cuál es mi identidad sexuada?
En efecto, aparece una tensión, en el adolescente, hacia un "yo soy" futuro. El joven se plantea, inconscientemente, la descubierta y construcción de su propia personalidad. Ha dejado y quiere definitivamente dejar de ser el niño que nada decide por sí, ni siquiera la ropa que ha de ponerse, para pasar a ser el muchacho o la chica con ansias de tomar sus propias decisiones siempre y en todo. Antiguamente medía la realidad con los ojos de sus padres; valoraba lo que valoraban sus padres y el resto de los adultos significativos de su mundo. Ahora quiere valorar por sí mismo. Quiere ser él, y no una extensión de sus padres.
Esto lo enfrenta, indudablemente, a una serie de conflictos, internos y externos. En lo interno debe enfrentarse a la sensación de pérdida de los padres que conocía. En efecto, ahora le resultan extraños, distintos. En realidad, es posible que los padres no hayan cambiado demasiado (aunque es indudable que el crecimiento de los hijos motiva cambios actitudinales en los progenitores). El que sí ha mudado es el adolescente, que sin embargo proyecta en sus padres todo el peso de este cambio. Y por ello surgen los conflictos externos. Las órdenes paternas son cuestionadas; los límites que se le imponen son resistidos; a veces hasta las opiniones adultas son vividas como una amenaza hacia la creciente autonomía. Realimentando el conflicto, los padres reaccionan frente a esta persona cambiante e inestable, que hasta hace poco tiempo era obediente y comprensiva y que se ha vuelto de pronto contestataria y rebelde.
Es que los adolescentes, experimentan una profunda tensión hacia el crecimiento y la autonomía. Y debido a un mecanismo psíquico también inconsciente, adquieren la certeza de que ya están en condiciones de tomar todo tipo de decisiones por sí mismos, lo cual es verdad sólo hasta cierto punto, ya que si bien es cierto que su creciente despliegue psicofísico los autoriza a comenzar a tomar algunas decisiones, hay otras -las más comprometidas; las que tienen que ver con la seguridad; con el correcto dimensionamiento de la realidad; con determinadas opciones de vida- que reclaman la espera de un mayor grado de responsabilidad y madurez, que se alcanza, por lo general, en la adolescencia tardía o en la adultez joven.
Es por ello que el joven, por un lado, suele experimentar frecuentes conflictos con los adultos; y por el otro se hace fuerte en su grupo de pares, los otros adolescentes, que están viviendo sus mismos procesos, sus mismos conflictos, sus mismas alegrías y sus mismas angustias.
El grupo adolescente es así una realidad de fuerza inusitada, reducto en el que pocas veces pueden ingresar quienes son de menor edad, y mucho menos los adultos. Estos últimos son vistos como una amenaza hacia la libertad a la que el grupo adolescente aspira, y a menudo se los ridiculiza, se los menosprecia, se los enfrenta. La escuela suele ser escenario de este tipo de conflicto generacional.
Este desencuentro no deja de tener justificaciones, ya que en muchas oportunidades los adultos tratan de manera equívoca y hasta contradictoria al joven adolescente, que no es, ciertamente un niño; pero tampoco es un adulto. En la infancia, el rol del niño está claramente estructurado, y el pequeño conoce y
acepta lo que puede y lo que no puede hacer. El adulto, en el otro extremo, comprende razonablemente bien su rol y se adapta a él. El adolescente, en cambio, nunca acierta a conocer con exactitud su posición. Se le dice frecuentemente, y en tono de reproche: "Ya eres grande para hacer esto, o lo otro”, pero cuando reclama conquistas concretas en el ámbito de su autonomía, se le responde: "Todavía eres muy chico para esto".
Estas aparentes contradicciones le provocan incertidumbre, perplejidad y no pocos conflictos, y lo hacen ser vacilante, hipersensible, y en ocasiones inestable e imprevisible. Además, es preciso reconocer que la sociedad adulta no acepta, o acepta a regañadientes, la integración de los adolescentes, que son, para su gusto, revoltosos e inmaduros. Y aunque a veces no falte algo de razón en esta apreciación, en muchas ocasiones los adultos no comprenden a los jóvenes, porque han "olvidado", por motivos afectivos, y en una reacción que obra como mecanismo de defensa, la propia época juvenil.
Por todo esto, el conflicto generacional, más o menos importante, forma parte de las características psíquicas de la edad, en la que los jóvenes comienzan a juzgar crítica y severamente a los adultos, con lo cual se acorta, para ellos, la distancia que los separa.
Estas cosas nos han pasado prácticamente a todos cuando llegamos a la adolescencia. Pero antes de continuar, debo decirte que es conveniente dividir a esta edad en tres etapas claramente diferenciadas, y que son: la adolescencia temprana; la adolescencia media o plena, y la adolescencia tardía. No implica esto que haya tres adolescencias. Es una sola, pero vas entrando en ella lentamente. La problemática de la edad, que es la misma, básicamente, las vas asumiendo poco a poco, y también poco a poco vas ingresando en la etapa posterior, que es la de la juventud.
(En la segunda parte que publicaremos DM, próximamente, el autor escribe sobre las tres etapas claramente diferenciadas)
CRÉDITOS BUBLIOGRÁFICOS
Autor: Llusá Raúl Francisco
Tomado del libro:
“Cuando el Amor grita tu nombre. Una guía para la vida”, 2ª ed. Cap. 1 págs. 13-21. Editado y distribuido por San Pablo, Buenos Aires, Argentina, 2006.
Usado con permiso