¿Alguien me puede ayudar?
Por Dr. D. James Kennedy
(Primera parte)
Rara vez contesto el teléfono, pero me encontraba solo en el edificio, antes de las horas de oficina, preparando el sermón para el siguiente domingo, y tuve que hacerlo. La cinta magnetofónica que recibe los mensajes comenzó a sonar: "Lo sentimos, no hay nadie en la oficina.. ." En ese momento, por alguna razón, decidí interrumpir el mensaje y recibir la llamada.
La voz de la mujer sonaba exageradamente aguda, probablemente a causa de la ansiedad.
- Doctor Kennedy, nuestra hija Susana está viviendo en una playa de Fort Lauderdale. Mi esposo y yo lo vemos a usted por televisión todos los domingos y siempre nos hemos sentido inspirados con sus mensajes. Hemos estado preocupados por Susana. Habíamos pensado que no podríamos hacer nada por ella. Luego recordamos que su iglesia está en Fort Lauderdale. Pensamos que, bueno, tal vez... ¿Pudiera alguien ayudarla?
La voz de la madre se había entrecortado varias veces mientras daba la explicación. En ese momento comenzó a sollozar.
En el Departamento de Consejería de la Iglesia Presbiteriana de Coral Ridge, Fort Lauderdale, Florida, y en mi ministerio de radio y televisión recibimos muchas llamadas como ésta de Katie de Triner. Nuestros consejeros también contestan centenares de cartas provenientes de padres que necesitan consuelo, porque sus hijos se han ido del hogar o tienen un estilo de vida desenfrenado.
- Entiendo la preocupación por su hija, Katie. Trataremos de ayudarla. Recuerde que Dios se preocupa por Susana. Usted y yo tenernos que orar para que el Señor use esta dificultad en la vida de Susana para ayudarla a que reconozca que su única esperanza está en El. Trate de no dejarse dominar por el pánico y continúe encomendando su hija al cuidado de El.
- En realidad, doctor Kennedy, confío en Dios, y he orado por Susana. Pero el problema es más grave que el solo hecho de haberse ido de la casa. Ha estado consumiendo cocaína durante más de dos años. Hace apenas cinco meses ella entró en un programa de rehabilitación para drogadictos. Teníamos la esperanza de que volvería a sentirse bien. Pero cuando fue dada de alta, nos anunció: "Me voy a Florida no se preocupen por mí. Me las arreglaré sola." Anoche nos llamó para decimos que se encontraba bien. "He estado durmiendo en la playa nos dijo-, hasta que encuentre un lugar donde vivir" -Tenemos mucho temor de lo que pueda sucederle. Sin embargo, ¿qué podemos hacer si ella rechaza nuestra ayuda? ¿Pudiera usted ponerse en contacto con ella y ver si acepta ayuda de usted o de la iglesia?
Por la experiencia de los muchos años que he dedicado a la consejería, sabía que nunca hay respuestas fáciles para preguntas como las de Katie de Triner. En ese momento yo necesitaba algo de información decisiva sobre la trayectoria de la vida de Susana, si iba a ofrecer alguna ayuda.
- ¿Tiene Susana alguna fe o preparación religiosa que pueda facilitar la comunicación entre ella y nuestros consejeros?
- Nosotros siempre hemos asistido a la iglesia – dijo Katie -- Mi esposo y yo tenemos otros cinco hijos, todos los cuales son cristianos. Pero Susana nunca tuvo una convicción profunda. Tan Pronto como llegó a la adolescencia comenzó a vagar con una pandilla. Luego comenzó a consumir drogas. Ella continuó en la casa después que terminó la educación secundaria, pero le fue difícil mantener un trabajo regular. Gastaba la mayor parte de su dinero en narcóticos y bebidas alcohólicas. Susana ha sido formada en la fe cristiana, pero nunca la ha aplicado a su vida.
Katie de Triner y su esposo se parecen a millares de padres en todo el mundo cuyos hijos viven de un modo destructivo y contrario a la ética. Estos padres se sienten culpables y frustrados. Están preocupados y ansiosos, con frecuencia hasta el punto de la desesperación. A menudo estas emociones naturales les impiden buscar ayuda para aprender la manera de atraer a sus hijos pródigos.
He aconsejado tanto a padres como a hijos pródigos durante los veintiocho años en que me he desempeñado como pastor principal de la Iglesia Presbiteriana de Coral Ridge. Algunas veces un consejero puede intervenir en el proceso de rebeldía y ayudar tanto al hijo como a los padres. En otras oportunidades parece que nuestros esfuerzos tienen poco resultado. Susana Triner, la hija de Katie, equivocadamente había pensado que el tiempo de invierno en Florida era como el tiempo de verano en el nordeste; por tanto, no le preocupó el hecho de dormir en la playa o vivir sin comodidades por algún tiempo. Ella pensaba que esto la ayudaría a ser más ingeniosa y aun a realizarse más como persona independiente.
Sin embargo, aun en Florida hace frío durante el invierno; la temperatura puede descender hasta unos cinco grados centígrados durante la noche. Susana buscaba desesperadamente abrigo. Sus "amigos" callejeros le habían robado la maleta, la cual contenía todos sus objetos de uso Personal y el dinero que tenía guardado.
Entumecida y hambrienta, Susana decidió entrar en una casa desocupada para protegerse. Su sueño fue interrumpido por la luz de la linterna de un policía. Fue arrestada y acusada de violar una propiedad privada y de robo. Uno de nuestros consejeros juveniles la localizó finalmente en la cárcel de Fort Lauderdale. El dedicó tiempo a hablar con ella en su celda y luego explicó su situación a las autoridades locales. Sin embargo, cuando Susana quedó en libertad, volvió a la calle, a las drogas y a una vida desenfrenada.
Las numerosas veces que yo había tenido que dar a padres como los Triner estas descorazonadoras noticias, me hicieron comprender la necesidad de un libro que ofrezca ayuda práctica y bíblica a los padres desconsolados cuyos hijos se han apartado de la fe y de los valores éticos de sus padres. Parece que muy poco se ha hecho para proporcionar recursos útiles que enseñen a los padres a tratar con eficiencia a sus hijos y a hacer frente al trastorno emocional que causa el estilo de vida de ellos.
Una carta que recibí de un amigo y compañero en el ministerio añadió fuerza a mi decisión.
-Jim, nuestros dos hijos se han alejado del Señor. Aunque soy un ministro y aunque mi esposa y yo tratamos sinceramente de criarlos en el temor y la amonestación del Señor, ellos han rechazado la fe cristiana ortodoxa.
Mientras mi esposa y yo nos enfrentábamos a esta realidad, me convencí de que tenía que haber otros en nuestra congregación que sufrían los mismos problemas, pero les daba miedo hablar estas cosas por temor a la vergüenza o a la crítica. Después de mucha oración, mi esposa y yo compartimos nuestro sufrimiento personal con la congregación y fijamos tiempo para orar y discutir esto con otros padres.
La respuesta fue abrumadora. Este ministro y su esposa descubrieron que muchos de los padres albergaban tremendos sentimientos de culpa, y que equivocadamente se enfrentaban solos a este problema. Pronto el pastor y su esposa establecieron un grupo para padres dentro de la iglesia con el objeto de hacer frente a las necesidades emocionales y espirituales de los padres en su comunidad.
Hace poco otro amigo me contó lo que sabía acerca de varios hogares de obreros dedicados totalmente al servicio cristiano, en los cuales dos o más de los hijos habían rechazado la fe. Como una reacción en cadena, estos padres piadosos sabían que sus adolescentes se levantaban contra ellos y contra sus valores. Tales problemas no son raros en nuestra sociedad y en la iglesia.
¿Tiene usted un hijo pródigo?
Pródigo es el que malgasta su fortuna. En este libro emplearé tal palabra en un sentido más amplío. El hijo pródigo de la parábola de Jesús y los millones de hijos pródigos que habitan nuestro mundo no sólo están gastando sus recursos económicos sino también su vida. Han abandonado los valores éticos de hogares piadosos para adoptar creencias antibíblicas, valores mundanos y estilos de vida perjudiciales. Estos hijos son pródigos, si no abandonan el hogar, o si algún día lo abandonan, como la hija de Katie de Triner.
Los hijos adultos también pueden ser pródigos. Francisco, un adulto de mediana edad, vive con sus padres porque está desempleado, aunque su padre continúa utilizando los contactos que tiene para conseguirle empleo. El padre de Francisco repetidamente le ha prestado a su hijo grandes sumas de dinero para que ponga en marcha prometedoras aventuras de negocios, las cuales siempre han resultado amargas.
-- No se debe a que él no haya tratado de hacerlas marchar - les asegura la madre de Francisco a miembros de la familia.
El padre de Francisco es más realista. El sabe que Francisco tiene un problema y con frecuencia se pregunta: ¿En que le hemos fallado? Sin embargo, se niega admitir que su hijo tiene el problema de las bebidas alcohólicas y que es inestable. Francisco nunca ha buscado ayuda profesional. Por causa de su sentimiento de culpa, el padre de Francisco continúa prestándole dinero. Tiene miedo de que, si lo echa de la casa y lo obliga a que se sostenga por sí mismo, se suicidará. Aunque Francisco es un adulto, es un hijo pródigo.
Francisco y Susana son pródigos, pero sólo son dos de los millares de hijos que han abandonado la fe de su padres para adoptar estilos de vida destructivos. Mucho comprendemos que este es un problema común en nuestra sociedad, porque conocemos hijos pródigos dentro del círculo inmediato de nuestros familiares y amigos.
Las aterradoras estadísticas relacionadas con el abuso de la bebidas alcohólicas y las drogas, con los niños que nacen de madres solteras, y el porcentaje de suicidios entre lo adolescentes indican el creciente número de hijos pródigos que surgen en todas partes.
NOTA DEL SITIO:
¿Es este su problema? ¿Conoce a alguien en estas condiciones? Lea lo que el pastor James Kennedy tiene que decir al respecto en el libro de su autoría.
CREDITOS BIBLIOGRÁFICOS:
Dr. D. James Kennedy. “Su hijo pródigo”. Cap. 1 Págs. 11-14. Editorial Vida, 1990.