Las niñas están creciendo más rápido que lo que solían hacerlo
¿Por qué las chicas se desarrollan tan rápido?
Por Mairi Macleod 


La paternidad jamás fue fácil, pero por estos días parece ser más compleja que nunca. Los padres se preocupan por que sus hijos hagan el ejercicio suficiente, que coman sano o que no dediquen demasiado tiempo a los juegos de computadora; en definitiva, se preocupan por cómo darles a sus pequeños príncipes y princesas una sólida base intelectual y buena salud. 

Pero, como si todo eso no fuera suficiente, ahora tienen algo más con qué mortificarse: la velocidad con que maduran los chicos depende, en parte, de cómo es la relación entre sus padres. Cada vez más evidencia demuestra que en el desarrollo sexual de las niñas influye el entorno familiar y, en especial, el rol del padre. 

Las niñas están creciendo más rápido que lo que solían hacerlo. En las sociedades occidentales, la edad promedio de la menarca - la primera menstruación - descendió en los últimos 150 años de alrededor de los 17 a los 12 o 13 años. Los varones también se están desarrollando antes, pero su paso a la pubertad es mucho más difícil de medir. 

Madurar más precozmente no se trata simplemente de perder la niñez; de hecho, puede tener consecuencias graves en la salud. Cuanto más joven es una niña al llegar a la pubertad, mayor es la probabilidad de que desarrolle depresión o cáncer de mama, consuma drogas, tenga relaciones sexuales riesgosas o un embarazo adolescente y no esté conforme con la imagen de su cuerpo. 

Pero, por ejemplo, ¿por qué las niñas de países con altos estándares de nutrición y atención médica llegan a la pubertad a edades tan diferentes? Y, todavía más extraño, ¿por qué las niñas que crecen alejadas de sus padres biológicos tienden a madurar antes? 

En 1991, científicos dirigidos por el psicólogo Jay Belsky, de la Universidad de Londres, observaron que las niñas expuestas a mucha tensión familiar maduran más rápidamente. Explicaron que si una niña crece en un entorno socialmente difícil y, por lo tanto, no puede esperar demasiada contención futura, estará mejor si adopta una estrategia reproductiva acelerada, que incluya un comienzo temprano de la pubertad y la menarca, el inicio precoz de la actividad sexual y un embarazo adolescente. 

En cambio, el organismo de una niña que crece en un entorno más estable y contenedor adoptará una estrategia reproductiva de largo plazo, que incluya una pubertad y un comienzo de su actividad sexual tardíos y lazos de pareja más estables. 

Distintos estudios sobre la relación entre la historia familiar y la estrategia reproductiva femenina revelaron que la tensión familiar puede acelerar el comienzo de la menarca alrededor de 4 a 6 meses. Esto puede parecer poco, pero una pubertad levemente más temprana puede traducirse en una caída drástica de la edad a la que una niña puede quedar embarazada. 

Lleva un tiempo luego de la menarca llegar a la fertilidad completa porque las mujeres no comienzan a ovular inmediatamente, pero un estudio hecho más de 20 años atrás en niñas finlandesas encontró que la ovulación sucedía mucho más velozmente cuando maduraban antes. En el 50% de las participantes, el tiempo entre la menarca y el momento en que el ciclo incluía la ovulación era de un año si la menarca había sido antes de los 12 años, comparado con los 4,5 años si la primera menstruación había sido a los 13 o después. 

"Pequeños cambios en el desarrollo de una niña pueden producir grandes cambios en su fertilidad y en su desempeño social -afirma Belsky-, y pueden también afectar las oportunidades de concebir durante su vida." 

Hoy, la tensión familiar puede acelerar el desarrollo sexual, pero la idea de que los padres tienen un papel central en la maduración de sus hijas es reciente. En 1999 y 2003, un equipo dirigido por Bruce Ellis, de la Universidad de Arizona, informó de descubrimientos realizados en estudios en los Estados Unidos y Nueva Zelanda sobre 762 chicas a las que siguieron entre los 5 años y la madurez sexual. 

Según los resultados publicados en las revistas Periódico de psicología social y de la personalidad y Desarrollo infantil, las hijas de hogares en los que el padre biológico estaba presente tendían a llegar a la pubertad y a tener su primer encuentro sexual a una edad más tardía. Influía también cuán cercana y afectiva era la relación padre-hija. 

En cambio, la ausencia del padre biológico o los problemas entre los padres aceleraba la llegada de la pubertad, la actividad sexual y el primer embarazo de las hijas. Las chicas que vivían sin sus padres desde pequeñas eran por lo menos dos veces más propensas a llegar a la pubertad a los 12 o 13 años, y lo eran siete veces más a tener un embarazo adolescente. Esto aumentaba con la presencia de un padrastro: cuanto más prolongada era la convivencia de una nena con el padrastro o el novio de su madre, más probabilidades existían de que se acelerara su paso a la pubertad. 

En 2006, los investigadores Robert Matchock, de la Universidad de Pensilvania, y Elizabeth Susman, de la Universidad de Penn, publicaron los resultados de un estudio sobre 2000 estudiantes universitarias estadounidenses. Como Ellis, observaron que la ausencia del padre biológico adelanta la menarca, así como también la convivencia con medios hermanos y hermanos políticos. Argumentaron que las feromonas son la clave. "Los padres biológicos envían señales químicas inhibidoras a sus hijas -asegura Matchock-. Ante la falta de esas señales, las chicas maduran sexualmente antes." 

Pero ¿qué conclusiones pueden sacar los padres de todo esto? Lo cierto es que resulta imposible predecir cómo influirá su comportamiento y la relación de pareja en el desarrollo sexual de sus hijos. De todas maneras, Belsky opina que existe una moraleja para los padres: las nenas sexualmente maduras a una edad temprana enfrentan ciertas conductas de riesgo que sus padres pueden ayudar a evitar. 

"Las chicas no se meten en problemas solas -asegura-. Si sus hijas están madurando rápido, deben estar especialmente atentos cuando atraen la atención de chicos más grandes." Aunque puede sonar como un consejo obvio, con el entorno familiar actual es muy probable que tenga más sentido ahora que nunca antes. 

Por Mairi Macleod 
De New Scientist 
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