¿Donde esta la madre de los hijos del pastor?
Por Esther de Borrás


“¡Mamá!, ¿papá viene a dormir a casa?” Esta fue la pregunta que una niña de cinco años, hija de un pastor, le hacía a su madre. Sin lugar a dudas, aquella niña estaba resaltando la ausencia del padre del hogar.
No vamos a criticar a aquella familia, pero sí que vemos reflejado en esta pregunta lo que ocurre en muchos hogares de pastor: el padre está tan absorto en el programa de trabajo de la iglesia, que muchas veces los hijos sufren al verse privados de su compañía. Efectivamente, el pastor debe ocuparse de la iglesia y ello le lleva a que muchas veces tenga que llegar tarde al hogar, Es ahí donde la esposa del pastor tiene que suplir, a menudo, la falta del padre y hacer que los hijos noten su ausencia lo menos posible. Pero alguien preguntará si la esposa del pastor no debe estar también dedicada a la iglesia, ya que los miembros esperan que ella trabaje como un líder más de la misma.

El título de este capítulo es: ¿Dónde está la madre de los hijos del pastor? y creo que es un título muy significativo y que requiere un poco de estudio por nuestra parte.

Muchas veces hemos oído de hijos de pastores que, cuando son mayores, no quieren saber nada de la iglesia. Están cansados de tener que asistir siempre a todos los cultos, o de ver que sus padres están completamente volcados en la iglesia y no les prestan la atención que ellos quisieran y, cuando pueden hacer oír su voz, se niegan a seguir el camino que sus padres les han trazado. ¿Por qué ocurre esto? No creo que pueda ofrecer todas las respuestas que tiene esta pregunta; pero sí me atrevería a decir que, muchas veces, la reacción contra la iglesia la tiene un hijo que ha notado la falta de sus padres, por causa del mucho tiempo que éstos han invertido en la misma en menoscabo de él.
En este capítulo vamos a considerar el papel que la esposa del pastor tiene como madre, ya que hay hijos que, aun teniéndola, muchas veces se sienten como sí no la tuvieran, debido a que ésta pasa la mayor parte de su tiempo fuera de la casa; y esto no es bueno para ellos.

Por ejemplo, la madre que está fuera de su casa cuando sus hijos vuelven de la escuela, a menos que sea por algo muy importante, está descuidando su obligación. Recuerdo que mi hija pequeña cuando salía para ir a la escuela siempre me preguntaba: "Mamá, ¿estarás en casa cuando vuelva?" Generalmente, yo siempre estaba en casa; no obstante, ella quería asegurarse de que cuando volviera me encontraría allí. Sabido es la gran dependencia que los hijos pequeños tienen de su madre. El hecho de saber que ella está en casa les hace felices y les da seguridad.

¿Existen justificaciones para estar ausente del hogar? ¿No será más importante ir a ver a aquella ancianita, o a la madre enferma que, con toda seguridad, agradecerá la visita? A esto yo respondería que se debe cuidar primero a los propios que a los extraños. La caridad bien entendida empieza por uno mismo; y si la esposa del pastor se preocupa de los demás en perjuicio de los suyos está invirtiendo los términos. ¿De qué sirve ir a ayudar a los niños del barrio marginado, si para hacer ese trabajo deja de cuidar a los suyos? Nadie puede sustituir a una madre y, en tanto los niños son pequeños, no debe sentir una obligación mayor que la de cuidar de los suyos. La responsabilidad de madre es superior a cualquier otra actividad y obligación que se pueda adquirir. ¿Dónde debe estar la madre de los hijos del pastor? Primeramente, cumpliendo su deber como madre, cual es el de atender y educar a sus hijos en el temor del Señor para, así, hacer de ellos hombres y mujeres útiles a la sociedad y a la iglesia el día de mañana. Dios ha dado padres a los hijos para que les quieran y les eduquen y, como leemos en Proverbios, les instruyan en la carrera para que cuando fueren viejos no se aparten de ella (Pr. 22:6).

Recuerdo el comentario de un pastor quien, refiriéndose a su esposa, decía: "Si mi mujer se muriera, ustedes la echarían de menos, pero en mi casa nadie lo notaría". Aquella mujer no había entendido cuál era su obligación como esposa de pastor, ya que la mayor parte del tiempo lo empleaba con la gente de afuera.
A veces, el querer dedicar tiempo a otras actividades hace que los hijos del pastor carezcan del cuidado y atención que necesitan y esto no es un buen testimonio para los demás.

Hay muchas horas durante el día, mientras los hijos están fuera, para poder atender alguna actividad, o hacer alguna visita; pero cuando los hijos llegan a casa, especialmente mientras son pequeños, la madre debe atender primero a su familia. La madre que fracasa en su hogar, como madre, ha fracasado en el área más importante de su vida, pues nada tiene tanta importancia para una mujer como el cuidado y la educación de sus hijos.

No vamos a decir qué es más importante, si el hogar o la iglesia. Dios es el autor tanto de la familia como de la iglesia y, por lo tanto, ambas instituciones son de gran importancia. En el Salmo 127:3 leemos: "Herencia de Jehová son los hijos”. . . y si Dios nos ha dado una herencia, es para que la cuidemos y la granjeemos. Como madres debemos prestar la atención suficiente para que nuestros hijos sean lo mejor que sus facultades les permiten ser.

La iglesia puede servir como válvula de escape por la que se huya de las tareas del hogar, utilizando aquélla como una excusa o pretexto para no cumplir con la labor más anónima y callada, pero efectiva, de esposa y madre. Quizá pueda parecer extraño lo que voy a decir, pero hemos sabido de personas que han utilizado la iglesia como evasión, porque no han podido soportar el hecho de estar en casa. Esto les ha hecho parecer más consagradas que otras mujeres que no se han volcado tanto a la iglesia; pero cuando miramos sus hogares y vemos lo que en ellos hay, así como la formación que sus hijos tienen, nos damos cuenta de que en ese aspecto han fracasado rotundamente. Napoleón decía que la mano que rige al mundo es la mano que mece la cuna, dando así a entender la gran importancia de la madre.

La casa del pastor debe ser ejemplo en todos los sentidos: en limpieza, orden, educación, etc., y todo ello requiere tiempo y esfuerzo. ¡Alguien lo tiene que hacer! Todos sabemos que los sueldos de los pastores no son los más altos y, por consiguiente, es difícil que se encuentre a alguien que pueda ayudar a la esposa del pastor para que ella disponga de más tiempo y lo pueda, así, dedicar a la iglesia. Los hijos necesitan a una madre que cuide de ellos. Necesitan un hogar en el que no falte nunca un plato de comida caliente. No sea que, porque aquélla ha estado ausente y no ha tenido tiempo de cocinar, cuando llega la hora de la comida ésta se soluciona con un bocadillo. Recuerdo que en el Seminario aprendí algo que me ha ayudado mucho a lo largo de mi vida corno esposa de pastor: "Es mejor enseñar a diez, que hacer el trabajo de diez." Si hay algo que solamente la esposa del pastor puede hacer, es bueno que enseñe a alguien más a que lo haga; en primer lugar, para tener colaboración; y, en segundo lugar, para que cuando ella se vaya a otro sitio alguien pueda suplirla.

Una actividad desmesurada en la iglesia puede estar tratando de encubrir un fracaso en el buen funcionamiento del hogar, guardando solamente las apariencias para los de afuera, pero que, sin embargo, son perfectamente visibles para los que están dentro. Recuerdo el hogar de un pastor cuya esposa estaba todo el día en la calle visitando y haciendo cultos en las casas; pero, cuando su esposo llegaba al hogar tenía que ir al supermercado más cercano a comprar algo de comida porque su esposa no estaba en casa. No nos sorprendió cuando aquel hogar se deshizo, siendo motivo de mal testimonio para los creyentes más débiles.

Ante la disyuntiva de qué debe ocupar el primer lugar, si la iglesia o la familia, yo diría que la esposa del pastor es un miembro más de la iglesia y como a tal se la debe considerar, no esperando que esté dedicada plenamente a la iglesia, cosa que ya hace el esposo. No obstante, la esposa del pastor, sin descuidar a los suyos, puede y debe ayudar como otro miembro activo dentro de sus posibilidades.

Cuando mi padre estaba de pastor, al principio de su ministerio, en una pequeña ciudad, había allí una mujer muy activa que materialmente obligaba a mi madre a que asistiera a todos los cultos. Una noche de invierno, en el culto de oración, mi madre estaba con todas sus niñas en la iglesia. Una de nosotras se puso a llorar y mí madre salió al jardín de la iglesia, para que su hija no molestase con su llanto a los demás creyentes. A la semana siguiente, mi madre decidió quedarse en casa con sus hijas y no ir por la noche al culto de oración. Al ser interrogado mi padre por aquella señora "tan fiel" a la iglesia, y que decía que era un mal testimonio para los demás el que la esposa del pastor no estuviera en el culto, mi padre le contestó: "¿Y cómo quiere usted que yo predique cuando sé que mi esposa y mi hija están enfriándose en el jardín de la iglesia?" (En aquellos tiempos el templo no disponía de ninguna dependencia, excepto el lugar donde se celebraban los cultos.)

Ahora bien, la actitud de la esposa del pastor respecto a la iglesia es muy importante tanto para el esposo como para los hijos. Estos tienen que ver que su madre ama a la iglesia y que hace todo lo que puede por ella. Aristóteles acostumbraba decir que en el término medio está la virtud. No se va a dedicar a una cosa (el hogar) en exclusividad, sin participar en el programa del la iglesia, pues se corre el riesgo de hacer que los hijos no amen debidamente la obra del Señor. La sinceridad y la acción positiva de la madre son de una importancia capital en el funcionamiento del hogar pastoral. Además, como debido al trabajo el esposo no está, muchas veces, en el hogar (especialmente cuando los niños son pequeños y se acuestan y se levantan a horas diferentes de los padres), la esposa del pastor debe ser la consejera espiritual de sus hijos, dirigiendo el culto familiar, etc., pues, como madre debe procurar que sus hijos crezcan física, moral y espiritualmente.

Corno sé que muchas esposas de pastor, especialmente al principio de su ministerio, quieren hacer mucho en la iglesia puesto que los miembros piensan que ella, por ser quien es, debe estar muy involucrada en el trabajo de la misma, quisiera, al finalizar, sugerir algunas cosas que conviene hacer y otras que conviene evitar.

Conviene evitar el tener muchos cargos que van a requerir un gran esfuerzo, en menoscabo de la presencia de la madre en el hogar, especialmente mientras los hijos son pequeños. Evita también, el excesivo protagonismo, cosa que algunas personas resienten.

Igualmente, conviene evitar educar a los hijos como si fueran niños "especiales", cuando en realidad no lo son. El hecho de ser los hijos del pastor no les hace diferentes de los demás, la madre que quiere educar a los hijos como si ellos también fueran “pastorcitos”, corre el riesgo de hacer de ellos unos hipócritas, que exteriorizan lo que no sienten, por temor al que dirán. Cuando mis hijos eran pequeños yo les enseñaba ciertas cosas que no se podían hacer "porque eran mis hijos" porque su padre era el pastor. Ya es suficiente con la presión que los miembros ponen sobre los hijos del pastor, para que sus padres la aumenten todavía más. Recuerdo el caso de un pastor que educaba tan "píamente a sus hijos que los domingos, cuando iban a la iglesia, no se podían reír porque era domingo y se tenía que mantener reverencia porque era el día del Señor. Hoy, dos de aquellos niños, ya mayores, están apartados completamente de la iglesia.

Es poco aconsejable hablar de los problemas de la iglesia delante de los hijos, especialmente cuando hay personas involucradas y existe gran carga de emoción en ello. No obstante, problema es de otra índole, como en el caso de personas enfermas, o que pasan por problemas sociales (necesitados, etc.), sí es bueno orar con los hijos por la solución de tales problemas, en el culto familiar. Conviene procurar que las faltas de los miembros de la iglesia no sean conocidas por los hijos del pastor. Esto vale tanto para cuando los hijos son jovencitos, como para cuando son adultos. Los hijos, que sólo ven a los miembros en la iglesia, generalmente, tienen un buen concepto de ellos, y si los padres les hacen algún comentario negativo, éste les puede perjudicar y hacer creer que tales personas son hipócritas. Los problemas personales de los miembros de la iglesia no deben formar parte de la conversación en la casa pastoral, aun cuando los hijos sean mayores. Los miembros de la iglesia se confían a su pastor, o a su esposa, esperando que éstos guarden sus confidencias. Nosotros debemos honrar tal confianza.

En cuanto a lo que se debería hacer, es bueno recordar que la forma como la esposa del pastor eduque a sus hijos puede ser un estímulo para que otras madres puedan educar a sus hijos. Generalmente, la disciplina que hay en la casa pastoral hace que los hijos lleguen a alcanzar las metas que se proponen más fácilmente que otros jóvenes. Educando bien a los propios hijos se puede contribuir a la formación de otros jóvenes. Pero, ¿cómo puede hacerse esto si los hijos del pastor son todo lo opuesto de lo que hemos estado diciendo? Se dice que la gente no irá a mirar los armarios de tu casa, pero sí observará a tus hijos, pues ellos reflejan lo que tú les has enseñado. (En la mayoría de los casos es así; aunque a veces hay excepciones, como en toda regla.)
Como esposa de pastor, yo he procurado que mis hijos fueran siempre fieles en su asistencia a la iglesia. Pero, cuando fueron mayores, no les forcé a asistir si algún domingo, por razón de tener exámenes muy difíciles al día siguiente, me decían que no podían ir en esa ocasión. Yo les decía lo que creía que era más importante, es decir, que el domingo es el día del Señor; pero les dejaba en libertad de hacer lo que ellos creían que debían hacer. Generalmente, cuando esto acontecía, asistían a un culto solamente. Hoy, gracias a Dios, mis dos hijos están en la iglesia, no “forzados”, sino contentos.

CRÉDITOS BIBLIGRÁFICOS
La autora es una simpática española nacida en Valencia.
Es Licenciada en Filosofía y Letras y cursó estudios teológicos en el Seminario Bautista en Ruschilkon, Suiza.
Colabora activamente con la obra femenil convencional. Es conferenciante y autora de numerosos artículos.
Actualmente se desempeña como Profesora de Inglés en el Seminario Bautista de España.
Está casada con el pastor José Borrás, ex-sacerdote católico. Tienen dos hijos.