Un hábito que trae desgracia
La mentira (Primera parte)
Por Rubén O. Flores
Sobre un trabajo de Victor Ingrassia para el diario La Nación


"Los labios mentirosos son abominación a Jehová;
Pero los que hacen verdad son su contentamiento." 
(Proverbios 12:22)

Según el psiquiatra Eduardo Grande, jefe de la División de Salud Mental del Hospital General de Agudos Teodoro Alvarez. (Ciudad de Buenos Aires) "la mentira compulsiva es difícil de manejar terapéuticamente porque se oculta tras otras conductas, como la compulsión por el juego o las adicciones". "La compulsión es la base de todo tipo de trastorno obsesivo y la mentira repetitiva está relacionada con problemas en personalidades inflexibles y de conducta rígida".
El problema es que para cubrir una mentira el mentiroso está obligado a sostener lo que afirmó con otras muchas mentiras y así la rueda se hace interminable lo cual trae finalmente su propio descreimiento y hasta en algunos casos, desgracia para él y para quienes le rodean, sean familiares, amigos, etc. 
Recuerdo que cuando yo era muy niño, unos 4 añitos, una de mis tías tenía un piano en una de las salas de la casa de mi abuelo, (su padre). A mi me gustaba jugar con el taburete que servía de asiento porque se sostenía con una especie de tornillo muy grueso con el que se levantaba y bajaba de acuerdo a la altura del pianista. Yo lo hacía girar para arriba y para abajo y esto me divertía muchísimo pero terminaba con las manos sucias de grasa. Cuando mi madre preguntaba dónde había estado yo escondía mis manos. Hoy me doy cuenta que ya, a esa tierna edad, había aprendido a mentir.
Según estadísticas de 2005 del Servicio de Salud Mental del hospital, el 92% de los pacientes miente sobre el consumo de sustancias; el 25%, sobre el consumo de alcohol, y el 58%, sobre el juego patológico (ludopatía).
¿Cuando ingresamos en el complejo trabajo de ocultar una mentira? Como me ha ocurrido a mi a los cuatro años, prácticamente todas las personas comienzan a mentir desde tierna edad. El problema radica en que aquello que una vez fue un asunto de risa en la niñez, se convierte en una patología cuando repetitivamente faltamos a la verdad en forma compulsiva tal como dijo el doctor Grande. 
A continuación transcribimos literalmente un artículo del periodista Victor Ingrassia extraído del Diario La Nación: 

Faltar a la verdad en forma repetitiva es un problema patológico que suele comenzar durante la niñez

Una marca de la niñez 

Aunque la personalidad del mentiroso compulsivo se manifiesta en la juventud o la adultez, los especialistas señalan que es durante la niñez cuando comienza a construirse. 

Para el doctor Daniel Alberto Vidal, de la Asociación Argentina de Psiquiatría, mentir de chico "es una creación imaginativa espontánea común en los primeros años de vida, que forma parte del desarrollo psicoevolutivo normal". Como ejemplos señaló el mentir en los primeros diálogos con juguetes o mascotas y en los relatos de la vida cotidiana, que suelen adornar con situaciones y personajes imaginados. 

"La conducta del mentiroso compulsivo tiene su raíz en los vínculos más primarios; es decir, aquellos que lo han formado como sujeto. En la niñez se forma su personalidad según la educación y el contexto en el que se vive. Está en constante asimetría con los adultos, por lo que se vale de mentiras inocentes para intentar igualarse", explicó la psicóloga Miriam Mazover, directora del Centro Dos. 

Ahora, según la experta, el hecho de que los padres repriman las mentiras de su hijo le impide a éste generar una marca que lo caracterice y le suele dejar un trauma que se dará a conocer en la adultez. "Comienza a operar un mecanismo en la mente que quedó enquistado en la infancia, sin elaborar. Así, la mentira repetitiva toma el lugar del recuerdo fallido y surge en forma inconsciente", agregó Mazover. 

Trastornos de la conducta 

Según Vidal, existen cuatro tipos de manifestación de la mentira: la hecha en forma esporádica (todos alguna vez mentimos), la evolutiva (de niño), la que se dice como producto de un padecimiento sintomático (para obtener atención gracias a la creación de un falso personaje) y la efectuada como conducta repetitiva. Esta es la mitomanía, en la que se vive para y por la mentira. 

"El mitómano utiliza la mentira como conducta de vida, falseando la verdad respecto de hechos, cosas y personas con el objeto de hacer un daño", destacó Vidal, psiquiatra del Departamento de Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UBA. (Universidad de Buenos Aires-Argentina)

Para Mazover, existen tres tipos de personalidad donde se asienta esa conducta obsesiva: la psicótica (producto de un delirio), la perversa (la mentira es un instrumento para falsear hechos y dichos) y la neurótica (el otro aparece como alguien que lo tiene todo y se necesita de la mentira para llamar su atención). 

Según Mazover, la mentira compulsiva no es un motivo de consulta, pero sí subyace como un problema en el 35% de los pacientes tratados en el Centro Dos. 

Cómo prevenir 

Una forma de evitar que la mentira se transforme en una obsesión en la adultez es "no castigar a los chicos cuando dicen una mentira menor, ya que es propio de la imaginación infantil y forma parte de su maduración", explicó Vidal, para quien los padres deben explicar las diferencias entre fantasía y realidad. 

Destacó, además, que el adulto que padece este trastorno en forma histriónica debe recurrir a terapia. 

Pero para poder prevenir, es necesario detectar la conducta a tiempo. En este sentido, dos universidades estadounidenses difundieron en 2005 trabajos experimentales que sugieren que las mentiras podrían detectarse con un estudio de rutina. En uno, científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pennsylvania compararon imágenes obtenidas con resonancia magnética funcional del cerebro de sujetos cuando mentían y cuando decían la verdad. Según los resultados publicados en Nature, determinaron que las mentiras se pueden detectar con un 99% de precisión. 

En el segundo estudio, expertos de la Universidad de California del Sur hallaron que el cerebro de los mentirosos compulsivos posee diferencias estructurales respecto de quienes dicen la verdad: en el lóbulo frontal tienen más sustancia blanca que materia gris. 
Hemos visto que es una marca de la niñez, también que es un trastorno de conducta y finalmente, que hay posibilidades de una terapia.
Ahora, ¿que dice Dios en su Palabra con respecto a la mentira? 
En primer lugar encontramos que la mentira es un engendro diabólico, el mismísimo Señor Jesús lo declara en este pasaje: " 44Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira". (Juan 8:44).
Vemos cuánta razón tiene la psicóloga Miriam Mazover, directora del Centro Dos cuando dice que el trastorno viene de la niñez. Según el teólogo Warren Wiersbe, "La Biblia habla de cuatro diferentes clases de "hijos espirituales". Pero el primero es que por naturaleza nacemos como hijos de ira" (Ef 2.3). Si antes de recibir a Cristo somos "hijos de ira", debemos aceptar entonces que éramos, tal y como dijo Jesús, " . . .hijos de nuestro padre el diablo" . De manera que realmente el espíritu de mentira está ya a nuestra muy pronta edad presto a hacernos mentirosos.
En el pasaje de Juan 8:44 "Las actitudes y acciones de estos líderes claramente los identifica como seguidores de Satanás. Es posible que no hayan tenido conciencia de esto, pero su desprecio por la verdad, sus mentiras y sus intenciones homicidas indicaban cuánto control tenía el diablo sobre ellos. Eran sus herramientas para llevar a cabo sus planes; hablaban el mismo idioma de mentiras. Satanás sigue usando a las personas para obstruir la obra de Dios (Génesis 4.8; Romanos 5.12; 1 Juan 3.12)" .( ) 
¿Podemos decir que nos identificamos realmente con Cristo y no con el padre de mentira, Satanás?
Podríamos decir también que nunca mentimos pero ¿No mentimos cuando prometemos llegar a una hora y llegamos a otra? o ¿Cuándo en nuestras carteleras dice que comenzamos nuestras reuniones de adoración o evangelización a las 19.hs y lo hacemos a las 19.30hs.? ¡Bueno!-nos excusamos, ¡es horario evangélico! 
¿Qué diremos al Señor cuando llegue la hora y nos pregunte por qué mentimos aquella vez que un pastor amigo nos preguntó por la membresía de nuestra congregación y le dijimos 200 cuando en realidad éramos 150? Claro, estábamos contando no sólo a los niños, sino a los que todavía no habían hecho profesión de fe, a los no bautizados y hasta a las visitas que venían una vez al año.
¿Y aquellas veces que dijimos que íbamos a orar por alguna necesidad especial en nuestro culto matinal y luego no lo hicimos porque nos olvidamos? Con respecto a esto he aprendido a hacerlo en el mismo momento en que me lo pidan, sea a través de un e-mail o esté donde esté porque estoy seguro que muchas veces no lo he hecho por olvido. 
Sí, ciertamente, tal como está pensando, ¿No exageramos muchas veces por no quedar mal delante de nuestros hermanos y consiervos? Deberíamos estudiar claramente si la exageración no llega a ser una mentira también. 
Permítame terminar con aquel pasaje del libro de Levítico que dice: 
11No hurtaréis, y no engañaréis ni mentiréis el uno al otro. 12Y no juraréis falsamente por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios. Yo Jehová. ( )
Créditos para la parte copiada:
Por Víctor Ingrassia
De la Redacción de LA NACION (Argentina)