Mami, ¿de dònde vienen los bebès?
Por Gabriela Martín*
Llegan en cualquier momento, en el colectivo atestado o adelante del jefe de papá. Para los chicos son preguntas completamente naturales. Y con naturalidad hay que contestarlas
¿Recuerdas cómo reaccionaron tus padres ante tus preguntas acerca del sexo, esas mismas preguntas que ahora te hacen sentir incómoda cuando provienen de tus pequeños?
Tal vez te respondieron que eras demasiado chiquita para saber. Quizá la respuesta llegó por medio de tus compañeros de colegio, seguramente distorsionada. Lo que muchas veces aprendimos es que de eso no se podía hablar en casa y que demostrar curiosidad acerca de los temas sexuales traía más problemas que soluciones.
La actitud negativa conduce a asociar la sexualidad con loo sucio, lo vergonzoso y la culpa. El sexo no es sólo la unión genital; implica también la capacidad de dar y recibir amor.
Las primeras dudas
Si tu hijo siente curiosidad, normal y razonable, preguntará a las personas de mayor confianza, o sea a sus padres. Si la versión que le das es falsa, tarde o temprano lo descubrirá: sentirá enojo y desencanto. Y no tendrás más remedio que reconocer lo negativo del engaño. En ese momento será mucho más difícil recuperar la confianza de tu hijo preguntas que ahora te hacen sentir incómoda cuando provienen de tus pequeños.
¿En qué momento conviene dar la información sexual? A los 2 años los chicos se acercan al tema. Lo más adecuado es brindarles la información cuando preguntan, sin anticipar ni dilatar la respuesta. A partir de los 3 años, ya pueden comprender explicaciones sencillas. Los ejemplos de la vida diaria te pueden servir como punto de partida (un nuevo embarazo, el nacimiento de un primo, un programa de televisión). Trata de despertar su curiosidad y escucharlos para saber hasta dónde debes llegar con tu explicación.
Muchas veces los padres abundan en detalles que el niño todavía no está en condiciones de incorporar. Responde las preguntas a medida que van surgiendo. Recuerda que todos los chicos son distintos. Cada uno formulará las preguntas de acuerdo con su personalidad. Déjate llevar por tu intuición y por tu sentido común al responderle. Y no te exijas no cometer errores.
Entre los 2 y los 3 años, la etapa de los por qué, la curiosidad se ramifica en todas direcciones y las preguntas acerca de la sexualidad comenzarán tan pronto como el pequeño perciba el trato entre sus padres, las diferencias entre su cuerpo, el de los mayores y el de sus compañeros de sexo opuesto.
La primera pregunta surge de la observación de los propios genitales: “¿Cómo se llama esto?”, preguntará tu hijo. Puedes responderle: "Esto se llama pene y lo tienen los nenes como vos y tu papá, qué 1ambién es un varón". Para las nenas, la explicación es similar: debe llamar vagina a sus genitales y no decirle “colita de adelante”, para que desde el primer momento, no confunda estas dos partes del cuerpo.
Los niños suelen afligirse con respecto a las diferencias naturales entre nenas y varones. Si un nene de menos de 3 años ve a una nena desnuda puede asombrarse de que ella no tenga un pene como el suyo: "¿Dónde está tu pene?", tal vez pregunte. Si no recibe una respuesta satisfactoria de inmediato puede llegar a la conclusión de que la nena tenía pene y lo perdió. Y se puede angustiar pensando: “Esto podría ocurrirme también a mí”. La misma situación puede plantearse con las nenas cuando comprenden que los varones son diferentes: “¿Por qué no tengo pene?”
No esperes que te pregunten como si fueran adultos. No van a ser muy claros es posible que hagan preguntas relacionadas con lo que les interesa o insinuaciones. Siempre resulta dañino hacerlos callar, avergonzarlos o negarse a contestar. Esas actitudes de tu parte podrían darles la idea de que se encuentran en terreno peligroso.
No es necesario que tus respuestas sean solemnes. Lo mejor es hacer que el miedo y las dudas se manifiesten en forma abierta. Intenta aclarar que las nenas y las mujeres están constituidas de manera diferente que los niños y los hombres, y que así debe ser. Un pequeño capta mejor la idea a través de ejemplos: “Juan es como papá y el tío Carlos” y “María es como mamá y la prima Susana”.
Le ayudará saber que a su madre y su padre les gusta ser como son, y que ellos lo aman tal como es. Ese también puede ser un buen momento para explicar que las nenas, cuando crecen, pueden tener bebés dentro suyo, y tener pechos para amamantarlos. Esa es una idea estimulante a los 3 ó 4 años.
De amor y bebés
Es casi seguro que la siguiente pregunta surgirá alrededor de los 3 años: “¿De dónde vienen los bebés?”. Se puede contestar, por ejemplo: “Un bebé crece en un lugar especial que está dentro de la madre y que se llama úter”. Si esto lo conforma, no es necesario decir más en ese momento.
Después querrá saber algunas cosas más: “¿Cómo llega el bebé a ese lugar?”. La pregunta puede resultar difícil para los padres que piensan que su pequeño está inquiriendo acerca de las relaciones sexuales. Pero el niño no tiene por ahora semejante idea. Imagina que las cosas llegan al estómago cuando se las come, y quizá se pregunte si el bebé también llega allí de ese modo. Decir que el bebé crece a partir de una semillita que siempre estuvo dentro de la madre puede ser una buena respuesta.
Pasarán meses antes de que quiera saber qué parte tiene el padre en esto. Algunas personas consideran que a los niños se les debe decir, en el momento en que formulan su primera pregunta, que el padre contribuye colocando también una semillita dentro de la madre. De esta forma, los varoncitos no se sienten desplazados. Sin embargo, muchos expertos coinciden en que no es necesario suministrar una visión exacta de los aspectos físicos y emocionales de una relación sexual a un chico menor de 4 años.
En ese momento se les puede decir que la semilla sale del pene y entra en el útero de la madre, donde crecerá el bebé. Tiempo después comenzará a imaginar la situación: entonces se podrá hablar de amor y de los abrazos de papá y mamá.
Con respecto a la pregunta: “¿Por dónde salen los bebés'”, una buena respuesta es: “Cuando el bebé creció bastante, sale de la panza de la mamá a través de una abertura que se llama vagina y que sirve para eso”. Es importante aclarar que no es el
orificio para la orina ni el anal.
Las preguntas de tu hijo nunca llegarán en el momento y en el lugar que esperas. Suelen surgir en el almacén o mientras conversas con una vecina embarazada. Evita el impulso de hacer callar a tu hijo: trata de contestar inmediatamente. Si no puedes, dile que contestarás su pregunta después porque es algo acerca de lo cual quieres conversar tranquilamente con él. Trata de expresarte con la mayor naturalidad. Recuerda que si bien el tema implica mucha carga psicológica para ti, para él es una cuestión de simple curiosidad.
También puede ocurrir que un niño se preocupe ante alguna evidencia de menstruación y que la interprete como una herida. Se le puede explicar que todas las mujeres tienen esta descarga todos los meses y que no proviene de ninguna lastimadura. A partir de los 4 años puede entender la finalidad de la menstruación.
Tal vez te preguntas qué ocurre con el niño que ha llegado a los 5 años y no ha inquirido nada. A veces los padres creen que su hijo es muy inocente y que nunca ha pensado en estos temas. Los expertos en psicología infantil saben que no es así. Todos los días surgen oportunidades de conversación en las que un padre atento a las preguntas indirectas puede ayudar a su hijo a plantear lo que éste desea saber.
Si los padres han respondido de manera adecuada las primeras preguntas de los chicos, a medida que crecen, éstos seguirán dirigiéndose a ellos en busca de conocimientos más precisos.
La educación sexual forma parte del aprendizaje de vivir y ayuda a ubicarse en la vida: es esencial saber de dónde venimos y hacia dónde vamos.
CRÉDITOS BIBLIOGRÁFICOS:
Tomado de la revista “Vida Feliz” Nº 10, págs. 7-9. Editada por Asociación Casa Editora Sudamericana, Buenos Aires, Octubre 1993.
Tomado a su vez de la revista especializada Mon’s.