Para que los padres mediten y los niños escuchen
Una realidad
Por Richard Wurbmbrand
"Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas" (Cantares 2:15)
Muy a menudo no tomamos en serio el tratar con atención los pecados de nuestros niños, pues pensamos que aun son pequeños. Pero los pecados pequeños pueden envenenar la vida de un niño. Por otra parte, los niños que se han arrepentido de sus pecados y han sido purificados por la sangre de Cristo, son capaces de hacer cosas grandes para Él.
En una escuela de un pueblo en Hungría comunista, había niños que conocían los que es luchar contra sus pecados pequeños y, por lo tanto llegaron a tener una gran fe.
Una maestra nueva arribó - una atea militante - cuyo objetivo era quitar toda religión de los corazones de esos niños.
Un día llamó a Angelita - una niña muy piadosa y le preguntó:
¿Qué haces si tus padres te llaman?
- Voy inmediatamente - contestó la niña.
¿Qué pasa si tus padres llaman a otra persona?
- Ellos también vendrán -
Bueno - dijo la maestra - tanto tú como ellos vendrán porque realmente existen. Pero supongamos que tus padres llamaran a tus abuelos, lo que ya han fallecido. ¿Ellos vendrían?
- Por supuesto que no - contestó la niña.
¿Y si ellos llamaran a Caperucita Roja o a Blancanieves, vendrían?
- Por supuesto que no porque ambas son algo imaginario -
Ven niños - dijo la maestro en tono triunfal, sólo seres vivientes que existen en realidad, pueden responder a un llamado. Si alguno no viene cuando lo llamamos, entonces no está vivo, ¿No es cierto?
La maestra mandó a Angelita a que saliera de la clase y le pidió que se quedara junto a la puerta. Entonces le dijo a los otros niños: ¡"llámenla!"
Los niños gritaron: ¡Angelita! ¡Angelita! Ésta inmediatamente entró a la clase.
Ahora está todo claro - afirmó la maestra - Todos han recibido la enseñanza de que Jesús existe, que vive y que Él los escucha cuando le hablan. ¿Es verdad esto?
- Sí, contestaron a una.
Ahora hagamos un experimento. Angelita entró a la clase cuando la llamamos. Entonces, todos, cuando yo diga tres, griten lo más fuerte posible: "¡Ven Señor Jesús; ven, Señor Jesús"! Uno, dos, tres. . . ¡comiencen a llamarlo!
Nadie se atrevió a gritar. La profesora se rió.
Allí tienen la prueba. No se atrevieron a llamar porque saben que él no vendrá. No puede venir porque es una fantasía así como lo es Caperucita Roja o Blancanieves.
Entonces algo inesperado pasó. Angelita se dio vuelta, miró a sus compañeros de clase y dijo:
- Sí, ¡Llamemos todos juntos a Jesús! Todos juntos: ¡Ven, Señor Jesús!
Lo que siguió, según lo contado por los niños, fue que vieron la puerta abrirse y una gran luz resplandecer, e inundado por aquella luz había parado un niño muy hermoso sonriendo. Y a su vez escucharon el grito desgarrador de la profesora, diciendo: ¡Él ha venido! ¡Él ha venido! Huyó de la clase dando un portazo y fue internada en un asilo porque se volvió loca.
Los niños fueron interrogados rigurosamente por los pastores. La narración contada por cada uno de ellos coincidía perfectamente entre ellas. Esto es una historia verídica.
Los niños pueden hacer grandes cosas para Dios si abandonan sus pecados.
Créditos:
Extraído por la revista Rhema del libro "El canto más Dulce".