Por
Abigail Mirón ([1])
“Su
esposo tiene plena confianza en ella”( Pr. 31:11)
Si estamos casadas con un hombre que por su trabajo viaja mucho, una de las tareas más difíciles es ser la autoridad de la casa un día y estar bajo autoridad al día siguiente.
Cuando mi esposo salía de viaje, yo quería que mi hijo comprendiera que, aunque yo era la que pasaba más tiempo con él, la autoridad de su papá estaba presente en momentos felices o de correcciones, diciendo: “A papá no le gustaría. . .” o “Qué feliz estaría papá si . . .”.
El desafío venía cuando llegaba el momento de devolver las riendas a Jaime después de su regreso a casa. Joel había aprendido a responder solamente a mí durante la ausencia de su padre, Mi desafío era devolver esa autoridad. Era un alivio mandar a Joel a preguntar a su padre si el podía mirar televisión o invitar a un amiguito a casa, con una frase como: “Pregúntale a papá”, sabiendo que a Jaime le encantaría decirle sí a esos pedidos y quizás unirse a él en la diversión.
Muchos niños no saben cómo tratar el cambio de autoridad. Cada vez que Jaime viajaba, yo sabía que tendría que corregir a mi hijo por alguna travesura en las próximas 24 horas.
Pronto me di cuenta de que esto ya era una costumbre. En cuanto despegaba el avión empezaba a decir a mi hijo: “Tu padre y yo hemos decidido que hoy . . .”, seguido de algo que a Joel le gustaba, como por ejemplo: “. . .de camino a casa paremos para tomar un helado”o “Papá me dijo que puedes invitar a un amigo esta noche para comer”.
Esto reforzaba la autoridad de Jaime y su participación aun estando ausente.
Joel se dio cuenta que no había lugar para:
“Bueno, papá no está acá entonces yo puedo . . “. Esto también afirmaba
en Joel principios de la Escritura: “Mi hijo guarda las enseñanzas de su
padre” ( Prov. 6:20).
Compartir y conocerse.
Cuando Jaime estaba en casa, él y Joel necesitaban pasar tiempo juntos. Entonces en algunas ocasiones, yo buscaba una excusa para no ir con ellos. Ellos también tomaron la costumbre de salir juntos el Sábado en la mañana por varias horas. Nuestro hijo apreciaba mucho estos momentos juntos que le proporcionaban a Jaime el tiempo ideal para compartir con Joel los preceptos de Dios: “Y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte y cuando te levantes” ( Dt. 6:7) .
Pero también aprendí que las ausencias de Jaime me daban una oportunidad muy especial de pasar tiempo con Joel. Algunas noches, nos vestíamos formales para irnos a comer ( no siempre a McDonalds). Nos daba la oportunidad no sólo de gozarnos de un buen lugar sino también de abrir la puerta para nuevas oportunidades de enseñanzas.
Cuidando el futuro
Después de 30 años viajando con un equipo evangelístico, el ministerio de mi esposo ha crecido y él viaja más que nunca. Nuestro hijo, ahora de 26 años, y su maravillosa y fiel esposa aman y sirven al Señor.
Vemos con gozo que, aunque separados por su ministerio, hemos podido superar esos tiempos de soledad y ahora incluso nos regocijamos al ver el resultado en nuestras vidas. Ahora estoy libre para viajar con Jaime un poco más. Sin embargo, fueron esos primeros años los que me enseñaron cómo cuidar mi corazón y someter mi voluntad para experimentar la gracia de Dios en todas las circunstancias.
Abigail Mirón
[1] Abigail Mirón es Consejera bíblica y el presente texto fue extraído del periódico cristiano “El Puente” Edición 199 Año XVI Enero de 2002.