Débiles lazos de amor, un mal de la época
Por Valeria Shapira


Varones y mujeres viven hoy más aislados y ambos sufren por eso, pero son ellas las que más se quejan: “Ya no hay hombres”

·  Se comparten ciertas cuestiones, pero abunda la soledad

·  Sin embargo, es una época de paradojas: también hay jóvenes que optan por relaciones estables

 

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Débiles lazos de amor, un mal de la época

 

Preparan la jugada, y al borde del gol, corren el arco y dicen: No juego más. Algunos por falta de tiempo, otros de ganas, sin descartar a los que declaran no haberse enterado de que estaban jugando en el área chica.

 

Entonces, ellas se quejan: Son unos histéricos. Huyen al compromiso. Ya no hay hombres. Y todo ocurre en este joven siglo en el que por ahora nadie sabe bien si son ellos o ellas los que quieren –o deberían, o tienen que– tomar las riendas y patear la pelota.

 

Calma, señoras (y señores), calma: “No diría que faltan hombres, sino que éstos fallan –afirma el licenciado Luis Tudanca, psicoanalista, miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL)–. Que un hombre falle no es lo mismo que la ausencia de hombre. Después están los gustos: qué soporta cada uno (y cada una), y qué no. Ahora, ¿culpar la enorme dispersión de relaciones fugaces y sin el más mínimo compromiso a la histeria masculina? No, eso no”.

 

Histéricos

 

¿Cómo dijo? “Que existe la histeria masculina, aunque con algunos rasgos diferentes que los que caracterizan a la histeria femenina. Que las mujeres nunca han dejado de relacionarse con hombres histéricos y que, sin embargo, el problema de la sociedad contemporánea no reside allí. Está más relacionado con la decadencia de la función del padre (su autoridad, su presencia, su decir no) y la disolución de la familia, por mencionar dos de los signos más evidentes de nuestra contemporaneidad.”

Así las cosas, el punto es cómo esto ha repercutido en hombres y mujeres para dejarlos, a veces, aferrados a ese pesimismo de la peor calaña en el que todos (ellas y ellos) terminan denunciando falta de stock.

Estar con alguien


“Hay hombres y mujeres solitarios, y eso es algo más que solos y solas. Un verdadero síntoma contemporáneo es el desanudamiento de los lazos de amor, cada vez más progresivo. También hay una pobreza del deseo generalizada, que se lleva muy bien con la depresión tan en boga en nuestra época –opina el psicoanalista–. Se proveen formas de gozar que excluyen la necesidad de estar con alguien.”

Formas que, entre otras, abarcan el uso exagerado del chateo o el email (las personas dialogan...alejadas), o la posibilidad de comprar en el supermercado empleando la computadora, sin salir de la casa, y –por ende– sin vincularse con los otros.

Entonces, “hay hombres y mujeres entregados a un goce autista difícil de conmover, replegados sobre sí mismos, sin mucho interés de relacionarse con el semejante más que bajo ciertos estilos de goce compartidos”, agrega Tudanca. Es el caso de los grupos cerrados, que comparten determinado gusto (por ejemplo, las drogas) y eluden crear lazos sociales más amplios.

¿Será pretencioso, en estos tiempos, preguntarse cómo se hace para ser medianamente feliz? “Freud decía que para que un hombre fuera medianamente feliz debía vencer el respeto a la mujer que situaba en la proximidad de cualquier mujer con la madre o la hermana.”

¿Y la mujer? ¿Respeta hoy al hombre? “¡Por supuesto! El problema es que cada vez le cuesta más sacarlo de la computadora, del trabajo (si lo tiene). O, en otra dirección, de las múltiples formas de droga que ofrece el capitalismo actual, ¡para que estén con ellas! –afirma Tudanca–. Y eso en el mejor de los casos, esos en que ella esté interesada en estar con él al menos para quejarse (No me prestas atención; no me dijiste que la fiesta era informal y estaba mal vestida, etc.), porque a estas alturas también está prefiriendo el trabajo o la computadora...”

Vale la pena aclararlo: el “toco y me voy” (agregado de la página: <argentinismo que significa la falta de  estabilidad de una persona en una lugar o en una situación determinada> )  no es lo único que existe por estos días. “Es difícil generalizar. Se podría decir también todo lo contrario: se nota un retorno, en la juventud, a noviazgos largos de bastante compromiso, mientras al mismo tiempo está esa dispersión enorme de relaciones fugaces (de curtir y ya, como se dice ahora), (“curtir” <palabra que en Argentina se usa para definir una relación sexual fugaz y sin compromiso>) sin el más mínimo compromiso. Pero están las dos, y seguramente hay más. Es una época de grandes paradojas que no sabemos en qué va a terminar.”

Por el momento, cuando ellos o ellas denuncian: Histeria, están vislumbrando “las enormes dificultades que hay hoy en día en la asunción de cualquier tipo de compromiso y en lo que cada compromiso que se asume implica”, afirma Tudanca.

El valor del sujeto

 

Mientras tanto, en tiempos de confusión y paradojas, el terreno es más que fértil para los que siembran soluciones mágicas contra el mal de amores. (Llámenos, tenemos pastillitas y cirugías para que usted se vuelva la persona ideal para el sexo opuesto.). Y también para los que tiran pelotazos en contra (Esta época es así, nos tocó en suerte).

Se la dejan picando a los que se niegan a aceptar aquello de No haya nada que hacer, y rescatan el valor de la subjetividad: “Como psicoanalista, no puedo más que hacer un llamado a la mayor responsabilidad que se conoce: la que cada uno tiene consigo mismo –dice Tudanca–. Allí donde quede un resto de vergüenza, una debilidad en el deseo, una pregunta sobre el amor, el mayor compromiso que se puede pedir es querer abrir una pregunta sobre eso”.

Por Valeria Shapira
De la Redacción de LA NACION