Adolescentes e Internet:
El arma de doble filo
Por Amy Harmon/The New York Times
Amparados en el anonimato de la Red y lejos de la mirada de los adultos, muchos adolescentes se permiten ser más agresivos e irrespetuosos con sus pares que en las relaciones cara a cara. Preocupados, los expertos analizan el fenómeno
En una escuela de Birmingham, Estados Unidos, la pelea empezó cuando algunas chicas de octavo grado robaron una cartuchera llena de maquillaje que pertenecía a una nueva compañera, Amanda Marcuson, y ésta denunció el robo.
Pero el asunto no acabó allí. En cuanto Amanda llegó a su casa, los mensajes empezaron a aparecer en la pantalla de su computadora. La acusaban de ser delatora y mentirosa. "¡Pero me robaron mis cosas!", respondió de inmediato Amanda, consternada. La respuesta fue: "Perra malvada", seguida de una serie de epítetos cada vez más groseros.
Esa noche, la madre de Amanda la arrancó por la fuerza de la computadora para que fuera a un partido de básquet con su familia. Pero el bombardeo de insultos electrónicos no se interrumpió. Como en muchos casos de adolescentes, los mensajes de Internet de Amanda también fueron automáticamente reenviados a su teléfono celular, y cuando terminó el partido la chica ya había recibido 50... el límite de la capacidad de recepción del celular.
"Parece que la gente puede decir cosas mucho peores on line que cara a cara", dijo Amanda, de 14 años. Y agregó que sus compañeras jamás le habían dicho una palabra personalmente.
Cibermatones
El episodio refleja apenas uno de los muchos aspectos en los que la tecnología incide sobre la vida social de los adolescentes y que puede amplificar la típica crueldad adolescente. Las disputas ya no están confinadas al ámbito de la escuela ni al horario diurno, y los "cibermatones" pueden proseguir sus peleas desde sus propios dormitorios. Herramientas como los mensajes electrónicos y el chat permiten que los ataques sean menos evidentes para los adultos y más humillantes y públicos, ya que los chismes, acusaciones y fotos embarazosas circulan entre un amplio público de pares simplemente con un par de clics.
La tecnología, que permite a sus usuarios herir sin verse forzados a ver el efecto de su acción, parece incitar a un nivel más profundo de maldad. Los psicólogos dicen que, en Internet, la distancia entre el agresor y la víctima está llevando a un grado de brutalidad -con frecuencia no intencional- sin precedente, especialmente cuando se combina con el descontrol impulsivo y la falta de empatía típicos de los adolescentes. "Todo el tiempo hablamos de proteger a los chicos en Internet, de los adultos y de las malas personas", explicó Parry Aftab, director ejecutivo de WiredSafety.org., un grupo sin fines de lucro que ha concentrado últimamente las llamadas de padres y funcionarios escolares preocupados por las agresiones electrónicas. "Nos olvidamos de que a veces también debemos proteger a los chicos de los otros chicos."
Agresiones explícitas
Para muchos adolescentes, las agresiones on line se han convertido en parte de la vida cotidiana. Pero las escuelas, que tienden a concentrarse en los problemas que surgen dentro de ellas, y los padres, que tienden a suponer que sus hijos saben más que ellos en todo lo referido a las computadoras, las han pasado por alto.
Sólo hace poco tiempo el tema de la agresión en Internet se ha vuelto tan evidente que los adultos han empezado a prestarle atención.
Susan Yurcotav, psicóloga escolar de Ohio, ha trabajado durante años con un amplio espectro de agresiones adolescentes, incluidos la agresión física y el acoso sexual. Este verano, dijo, está elaborando nuevos métodos para enfrentar la agresión electrónica.
"Todos los días muchos chicos llegan a la escuela perturbados por lo que ocurrió en Internet la noche anterior", dijo Yuratovac. "Estábamos on line anoche y alguien dijo que yo era gorda"; "me preguntaron por qué uso los mismos jeans todos los días"; "me dijeron que uso ropa barata", son algunos de los mensajes que reciben.
Recientemente, Yuratovac intervino cuando una chica de 12 años le mostró un mensaje en el que un chico de su clase le había escrito: "Mi hermano dice que tienes muy buenas tetas". Los chicos hacen comentarios sexuales mucho más explícitos on line que personalmente, dicen los consejeros.
"No creo que la chica tenga miedo de que el muchacho vaya a acosarla, pero sí creo que se siente muy incómoda -analizó Susan Yuratovac-. Saben que es algo malo, riesgoso y perverso. Les hace daño. Es la clase de situación por la que alguien puede quedar resentido durante mucho tiempo."
Armas virtuales
Claro que las herramientas son distintas de las habituales en el pasado. El nuevo arsenal adolescente incluye utilizar el apodo de otro del grupo de chat y enviar mensajes inflamados, a amigos o noviecitas, que incluyen el envío de material privado a personas que no deberían recibirlo, así como incorporar comentarios despectivos sobre condiscípulos en los periódicos web escolares, llamados blogs.
Las listas on line que consignan el puesto ocupado por las chicas de la escuela calificadas de "las más feas" o "las más aburridas" son muy comunes. Y también son frecuentes las listas de chicas -agregando números de teléfono- con las "proezas" sexuales de cada una.
Según dicen los psicólogos, los adolescentes están animados por la misma característica de Internet que ha impulsado a muchos adultos a enviar un mensaje electrónico que más tarde lamentan: la posibilidad de hacer clic en Enviar y ver cómo el mensaje desaparece y hace que todo el proceso parezca irreal.
Pero un número cada vez mayor de adolescentes está aprendiendo muy penosamente que las palabras enviadas al ciberespacio pueden tener consecuencias más severas que una conversación telefónica o una confidencia susurrada al oído. Los mensajes instantáneos se han convertido en un arma potente para la traición y el tormento de los adolescentes.
Previsiones
Muchas escuelas, mal equipadas para manejar estas nuevas situaciones, están organizando asambleas con el fin de prepararse para enfrentarlas, y los expertos en agresiones tradicionales luchan por desarrollar estrategias adecuadas.
"Es algo tan nebuloso: no ocurre en el comedor ni en el autobús escolar, y sin embargo se difunde mucho más rápido", confesó, circunspecta, Mary Worthington, coordinadora escolar de la Red de Asistencia a las Víctimas, una organización de Pennsylvania.
Una madre cuyo hijo asiste a una escuela de San Diego, al advertir el nivel de agresión que habían cobrado las amenazas entre el grupo del hijo y otro de una escuela vecina, optó por desconectar el cable de Internet de la computadora, y decidió que el chico sólo podía sostener conversaciones on line cuando ella estuviera presente. "Nunca pensé que las cosas podían llegar a este extremo", declaró.
No obstante, lo que ocurre en general es que son mayores los temores de los padres, sus preocupaciones, que las medidas que están dispuestos a tomar para enfrentar el problema. Y esto no sólo con referencia a la agresión en las relaciones, sino que, según algunas encuestas, los progenitores muestran preocupación por otros temas vinculados con el uso de la Red, como la adicción, la alta frecuencia de lenguajes visuales vertiginosos y de estímulos que podrían desembocar en una marcada impaciencia, el desarrollo de un lenguaje acotado y la intolerancia a los procesos de aprendizaje que requieren de esfuerzo, sobre todo intelectual.
De todas formas, como en el campo tecnológico hay una fuerte brecha generacional (hijos avezados en la materia y padres que apenas saben utilizar estas tecnologías), existe, según los expertos, cierto resquemor de los adultos a la hora de poner límites concretos.
Por Amy Harmon/The New York Times/LA NACION
(Traducción: Mirta Rosenberg)
Para saber más
www.wiredsafety.org
www.safeyouth.org/scripts/teens/aggression.asp
¿Y por casa?
§ De acuerdo con Sergio Balardini, licenciado en psicología, investigador y coordinador del Programa de Estudios sobre Juventud de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), al pensar el tema en términos de la Argentina es imperioso considerar el escaso acceso a la tecnología. "En nuestro país somos pocos los que, por ejemplo, tenemos banda ancha -explica Balardini-. En el caso de los adolescentes, por lo general el acceso a Internet se da en los cibercafés. Entonces, lo que más preocuparía a los adultos no es tanto la tecnología en sí, sino el lugar donde están sus hijos."
Emilio Boggiano, pediatra y presidente del Congreso de Pediatría 2004, prefiere especificar que "el rol parental debe estar centrado en poner límites. Pero es importante aceptar que los chicos se están preparando generacionalmente para un mundo en el que la cibernética tendrá cada vez mayor presencia".
La tecnología puede ser seductora, pero si no hay una personalidad propensa a la adicción, ésta no se produce. Algo similar ocurriría con la violencia. "El mundo real siempre está primero. Para que sea efectivo preocuparse por la violencia en los mundos virtuales, hay que pensar antes en la violencia concreta y cotidiana", concluye Balardini.
Diana Fernández Irusta