¿Cómo puede la familia enfrentar a la sociedad de consumo?
La familia cristiana frente a la sociedad de consumo
por Ruth Tassi de Ingledew*
¿Cuáles son las características de ser humano que promueve la sociedad de consumo?
Es el homo consumens, imagen de felicidad: el hombre ideal y exitoso.
Es el ser humano reducido a un pretexto, a un objeto a manipular, usuario y consumidor del mundo, más que su administrador y quien toma decisiones.
Es el hombre unidimensional en quien tiene preponderancia el aspecto material, pragmático y utilitarista; el que manipula cosas y personas, la técnica desprovista de valores.
Es la persona pasiva, bloqueada en su libertad y creatividad, persuadida en el orden inconsciente y afectivo más que racional, Es el hombre con identidad y autoestima prestadas: le dicen quién es, generan sus ambiciones y expectativas, le informan sobre el modo de alcanzarlas, cómo sentir que las alcanzó. Y si no lo logra, le facilitan una evasión para paliar la frustración.
Es la persona con una escala de valores subvertida, la persona que compra, que distingue a los demás por rasgos puramente externos y accesorios.
Es el hombre manipulado en sus motivaciones y auto-engañado cuando su falsa abundancia no se relaciona con la capacidad adquisitiva real del sujeto.
Es la persona con capacidad crítica reducida, que no sabe distinguir necesidades reales de las suscitadas artificialmente por productos que aluden a cosas que nada tienen que ver con ella, tales como el poder, la belleza y la felicidad.
¿Cómo puede la familia cristiana sustraerse del condicionamiento de la sociedad de consumo?
Algunas sugerencias para lograr este fin son las siguientes:
1. Practicar la gratitud como forma de vida:
Existe un sentido de descontento generalizado que hace que nos centremos muchas veces en aquellas cosas que no tenemos o nos hacen falta, desarrollando actitudes de queja y disconformidad. Es bueno dar gracias a Dios cada día por las cosas que sí tenemos, valorizarlas cuidarlas. El contentamiento es una actitud interior que no se relaciona con la falta de superación o con la ambición sino con el conocimiento de que Dios hará que contemos con los necesario para seguirnos gozando en él. La sociedad de consumo se encarga de determinar lo que nos falta, y generando quejas. Dios se encarga de recordarme que teniendo sustento y abrigo puedo tener gratitud.
2. Hacer una lista de cosas:
a) indispensables,
b) posibles,
c) innecesarias.
Procurar ante la decisión de comprar algo, preguntarnos por nuestras motivaciones. Por ejemplo, si compro esta ropa sólo porque es cómoda y me gusta; si hago una dieta con determinados productos alimenticios por cuidar mi salud o meramente por obtener una imagen corporal impuesta; si compro algún artículo personal o voy a algún lugar porque me da status o por otra necesidad; si me siento disminuido por tener productos de marcas no muy conocidas; si cuando miro a los demás estoy condicionada en lo que pienso de ellos por su aspecto exterior y lo que usan, etc. de acuerdo con su valor nutritivo o calidad más que por el modo en que están publicitados.
3. Fomentar el ahorro:
Una de las premisas de la sociedad de consumo es la de "gastar","ahora y hoy es la oportunidad". No todo dinero tiene que ser gastado compulsiva o inmediatamente. Para los niños especialmente a veces resulta buena la postergación de la satisfacción inmediata de sus deseos y ver que su dinero puede ser ahorrado e invertido mejor posteriormente. Todo lo que se vive en casa primero ayuda a crear hçabitos para enfrentar la manera de organizarse en el futuro.
4. Proponerse desarrollar una mentalidad más crítica:
Analizar las propagandas y hacer preguntas pertinentes sobre lo que se propone consumir, ya sea moda, música, novedades, etc. Evaluar, como hicimos en esta unidad, los valores que subyacen detrás de las prácticas de vida que nos son impuestos desde la sociedad de consumo. Conversar en casa.
4. Aprender a compartir:
El poseer y el acaparar son lo opuesto a lo que Jesús enseñó: si se tienen dos capas, tal vez es para poder compartir una. Tenemos muchas veces productos repetidos que no necesitamos, mientras algunas personas, incluso hermanos cristianos, no tienen ni uno de ellos. Dar con sabiduría y de acuerdo al sentir de Dios nos libera del egoísmo y el individualismo que reinan en el mundo hoy, nos ayuda a no aferrarnos desmesuradamente a las cosas y nos permite experimentar la gracia y el gozo de Servir.
* Créditos: Revista Kairós, Nº 3, págs.17-18. Edit. Fundación Kairós, Buenos Aires, 2001.