"No olvides limpiar el patio trasero”
Por Rubén O. Flores


Juan (nombre supuesto) entró a mi oficina y se sentó “con cara de no haber sido. . .”. Rosa le había descubierto en una de las mentiras más comunes del hombre, Juan había salido con otra mujer y no sabía cómo encubrir el hecho. Su matrimonio parecía intachable, el frente de su casa era hermoso, pero se habían olvidado de “limpiar el patio trasero”
La historia de Juan es como la de muchos que se criaron a la antigua, en un hogar piadoso en donde el padre y la madre, aunque discutían bastante, se amaban y estaban educados de tal modo que para ellos la palabra separación era inexistente, divorcio menos. Por supuesto que el caso de Juan y Rosa es el de miles que accionan de la misma manera. Sin embargo, el que haya miles o millones de casos iguales en el mundo no es un pretexto para continuar haciéndolo.
Hace tiempo tuve una pequeña discusión con una persona sobre la mentira. Ella me aseguraba: -- ¡No se puede vivir sin mentir!—mi respuesta fue que, desde que conocimos mi esposa y yo al Señor hemos aprendido a no mentir y lo pudimos hacer basándonos siempre en que una mentira, por mas interesada o piadosa que sea, no deja de ser una mentira. Ahora, ¿Por qué los chicos y los grandes mienten? Si buscamos en nuestras concordancias bíblicas encontramos muchas citas sobre la mentira y aquellos que mienten, pero uno de los pasajes que impactaron mi vida desde hace muchos años es aquel que dice: 

5Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. 6Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; 7pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. 8Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. 9Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 10Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. (1 Juan 1:5-10)

La mentira tiene la particularidad de permitir a las personas jugar con la realidad. Gorge C. Scott, hace muchos años uno de los actores más populares, comentaba que se había hecho actor para escapar de su propia personalidad. Él decía que a través de la representación lograba completar su personalidad. Agregaba que todo el coraje que le podía faltar personalmente, lo sentía como actor. 
La mentira, como en el caso de Juan, disfraza una realidad deshonesta. Él sabe que hizo mal pero no le agrada enfrentarse a la verdad porque ésta le hace ver como la persona que no es. La mentira manipula al otro haciéndole creer una realidad que no existe, una máscara que disfraza un acto desfavorable que jugaría en contra de quien la utiliza. 
Por otra parte habría que diferenciar al mentiroso consuetudinario de aquel que ocasionalmente utiliza la mentira para tapar una acción o una circunstancia cualquiera. Pongamos como ejemplo la conducta reprochable de las publicidades engañosas, las promesas incumplidas de los políticos, la evasión de impuestos o el ocultamiento de substancias nocivas en algunos alimentos. La mentira es un acto de deshonestidad.
Pablo Sheetz escribió: “La deshonestidad inconsciente es más común y a la vez más peligrosa, sin embargo, la gente decente la practica y la perdona. La motivación es profunda, y la persona no se da cuenta del todo de lo que está haciendo. ( ) No hablo del adulterio de Juan ni qué lo provocó, tampoco de sus excusas, porque cualquiera que le escucha puede terminar compartiendo su punto de vista en cuanto a que Rosa no fue la esposa que él esperaba y por eso llegó a relacionarse con otra mujer. Lo que quiero expresar es que la mentira, en sí misma, es la acción deshonesta de una persona que pretende ser mejor de lo que es o que profesa una serie de valores que en realidad no practica. En realidad la mentira y el ocultamiento del accionar de Juan, al descubrirse la verdad, le han hecho deshonesto delante de su esposa.
Sheetz agrega:
“La señora K. siempre se disculpará ante sus visitas por el desorden en que se encuentra su casa. Esto lo hace para crear la impresión de que generalmente está ordenada. Jorge M. se convierte en una persona más agresiva cuando entra a su negocio. Su trabajo de vendedor requiere esta imagen, pero Jorge realmente no es así y detesta la situación que se lo exige [. . . .] a la gran mayoría de la gente decente no se le ocurriría mentir o siquiera robar una moneda, pero sin embargo vive la mayor parte del tiempo detrás de sus máscaras de personalidad. Todos tiene un alto sentido moral y muchos son devotos de su religión. Practican la falsedad a menudo, pero ¿mentir? ¡Nunca! A la vez que no son conscientes de hacer nada malo, en su fuero interior saben que existe un grave conflicto.”

En el tiempo del apóstol Juan los falsos maestros no solo negaban que el pecado quebraba la relación con Dios y que ellos tenían una naturaleza no pecaminosa, sino que, sin importar lo que hicieran, no cometían pecado. Esta es una mentira que pasa por alto una verdad fundamental: todos somos pecadores por naturaleza y por obra. Al convertirnos, son perdonados todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros. Más aun después de llegar a ser cristianos, todavía pecamos y debemos confesar. Esa clase de confesión no es ganar la aceptación de Dios sino quitar la barrera de comunión que nuestro pecado ha puesto entre nosotros y Él. Sin embargo, es difícil para muchos admitir sus faltas y negligencia, aun delante de Dios. Requiere humildad y sinceridad reconocer nuestras debilidades, y la mayoría de nosotros pretende en cambio ser fuerte. No debemos temer revelar nuestros pecados a Dios; Él ya los conoce. Él no nos apartará, no importa lo que hagamos. Por el contrario, apartará nuestro pecado y nos atraerá hacia sí. ( )

Quiero terminar esta reflexión con algunas impresiones respecto a la figura del diablo. Mucha gente se justifica, o justifica su debilidad, echándole la culpa a Satanás. Si bien es cierto que la influencia del diablo en el mundo es incuestionable, (recordemos que Jesús dijo que el diablo se disfraza como ángel de luz), su campo de acción es mucho más espiritual e imperceptible para muchos de lo que parece. Las caídas morales, sea la de Juan o cualquier otra, no siempre tienen que ver con la intervención directa del diablo. El problema es el estado espiritual en el que se encuentra la persona. 
Juan y Rosa no solo se reencontraron sino que en medio de la confusión que se generó en el matrimonio a causa del adulterio de Juan encontraron a Dios. Mas tarde, el programa de “Encuentros Matrimoniales”, les mostró herramientas que ellos podían utilizar para mejorar su relación y así recomenzar una nueva vida. Sin embargo, aunque el frente del hogar parecía perfecto, hubo necesidad de un gran esfuerzo, debieron pagar el precio de “limpiar el patio trasero”.

rubenflores@encuentroconcristo.com.ar