La dificultad de relacionarme con mi pareja
Por Rubén O. Flores
«Entonces envió Absalón mensajeros por todas las tribus de Israel, diciendo: Cuando oigáis el sonido de la trompeta diréis: Absalón reina en Hebrón» (2 Samuel 15.10)
Una vez más nos encontramos con la sabiduría de la Palabra de Dios al mostrarnos el carácter de las personas y darnos ejemplo de cuáles son los resultados provenientes de nuestras malas relaciones con los demás.
El caso de Absalón, el hijo del rey David es uno de estos ejemplos. ¿Tenía David predilección por Absalón al verlo tan parecido a él? La mayoría de las personas que conocen a nuestro hijo Daniel, dicen que tiene el mismo carácter que yo y el mismo cuerpo. Sus acciones son muy parecidas a las mismas a la misma edad. Es que muchas veces nuestros hijos son un reflejo de nuestros propios errores. Gracias a Dios en mi caso no existe predilección por alguno de nuestros hijos pero, ¿no es cierto que muchas madres cometen este error? Y si no, lea la historia de la madre de Jacob y Esaú.
Absalón fue una persona egocéntrica, alejado de los controles de Dios, sin intención de buscar el perdón y encarrilarse.
El egocentrismo está arraigado desde el mismo huerto del Edén en el alma huma y lamentablemente aquellos que tenemos algunos años de pastorado lo vemos persistente aún en los cristianos. Tenemos que reconocer que el egocentrismo está arraigado en nuestra manera de relacionarnos con los demás. Es cierto que tal vez existen heridas pasadas que nos llevan a defendernos ante cualquier posibilidad de ataque, pero también es verdad que en muchos casos vemos un ataque donde no lo hay, inferimos constantemente y “sentimos” cualquier frase como que está dirigida a nosotros.
Dice el doctor Larry Crabb: “¿Cómo podemos vencer el egocentrismo que nos quita el gozo y a su vez la bendición a nuestra pareja? ¿Qué se requiere para que lleguemos a ser personas con un creciente interés hacia los demás de tal manera que nuestros compañeros puedan notarlo? Probablemente el primer paso es enfrentar honestamente lo que sucede en nosotros cuando nos relacionamos con otros, y pensar en lo que está sucediendo bajo la superficie de nuestras relaciones personales”. ¿Es posible relacionarnos bien los unos con los otros? Cada persona que conozco tiene algo que a mí no me gusta. Y en algún momento en nuestra vida nos damos cuenta que nadie tiene tanto interés en nosotros como quisiéramos que tuvieran.
El caso de Absalón no es el único ni lo será porque nosotros, al igual que aquellos a quienes criticamos pecamos alguna vez de egocéntricos sin que lleguemos a reconocerlo, por ejemplo, la esposa del Editorial de este mes.
Esta semana hemos compartido una cena con una pareja de amigos muy queridos. Ellos son líderes muy listos en el servicio de su congregación, no hay ninguna duda que se aman profundamente y a sus hijos, sin embargo nos damos cuenta que existen actitudes que molestan y pueden ser futuras piedras en el crecimiento de su matrimonio. Vivian, ha engordado de manera exagerada, ya no es una simpática “gordita”, sus posibles 130 kilos están molestando a Jorge, (ambos nombres ficticios), él lo demuestra soltando de vez en cuando alguna frase hiriente referente al cuidado personal de su esposa. ¿Podríamos decir que Vivian es una persona que piensa en sí misma y no en su matrimonio? ¿No será, en realidad, que ella está llamando la atención de su esposo, y quien sabe si hasta de su familia, al dejarse estar en su aspecto? ¿Qué es lo que le hace falta a Miriam? Esa noche la cena estaba por comenzar y el resto de los invitados al llegar. Tuve unos minutos de oportunidad para preguntar a nuestros amigos cómo estaba su matrimonio. Ella dijo que bien, él hizo un gesto dubitativo, la miró fijamente y después asintió con cara sería lo que decía su esposa. Como tenía poco tiempo dije directamente: “Me parece que no es tan real ese “bien” como lo están expresando”. Ambos se miraron y ella salió apresuradamente a recibir al resto de los invitados. Creo que no hace falta investigar más para entender que realmente hay problemas. (Deberemos tener otra charla al respecto).
Por desgracia no es este el único caso que conocemos, parejas que nos han consultado por otros problemas llegan a comprender que la realidad del asunto que les trajo esta relacionado muchas veces con la “conformidad” que uno de los cónyuges ha incorporado al no aceptar la personalidad del otro y lo demuestra de diferentes maneras tratando de “llamar la atención” de quienes le rodean.
No voy a hacer aquí un estudio psicológico de la situación, sólo expreso los problemas que se originan cuando la relación de pareja no funciona como corresponde. El egocentrismo es un pecado a los ojos de Dios y no tiene solución a menos que lo expongamos delante del Señor.
Si crees que tu cónyuge tiene dificultad para relacionarse contigo debes orar de la misma manera que Job oró por sus amigos y Dios quitó su aflicción, mira este pasaje: “Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos” (Job 42:10) Si eres como Miriam no te encierres en ti misma y acepta que existe un problema, compártelo con tu esposo y juntos, en el amor de Dios, busquen un consejero, pastor, sacerdote o profesional que les ayude. Si estás en el lugar de Jorge y te has dado cuenta que tu esposa ha descuidado su arreglo, fíjate qué es lo que puede estar faltando en tu relación con ella. Tal vez, al igual que Miriam y tantas otras esposas no sabe cómo reclamar tu atención y de manera inconsciente lo hace así porque no sabe otra forma.
Dios bendiga a ambos y puedan continuar con su matrimonio de manera coherente.
Rubén O. Flores