¿Vale la pena casarse?
Por Pablo Deiros


Para muchos el matrimonio es una verdadera desgracia, porque consideran que les quita libertad individual. 
Según otros, la vida matrimonial supone riesgos que pueden frustrar la felicidad personal y traer dolores insufribles. 
Hay quienes consideran la vida de pareja como muy compleja, sólo cargada de responsabilidades y deberes, 
y con no muchos placeres y beneficios. 
¿Están en lo cierto quienes así piensan? 
¿Es la vida de casado tan mala y poco atractiva como la pintan los chistes populares? 
En otras palabras, ¿vale la pena casarse?

E1 matrimonio es una de las opciones de vida más comunes de la existencia humana. Casi puede decirse que una de las más importantes reglas que gobiernan la vida terrenal es la de casarse. De hecho, el matrimonio es el cimiento de la vida social, y en términos religiosos solemos hablar del "santo estado del matrimonio". No son muchas las cosas de la vida cotidiana a las que les otorguemos tan distinguido calificativo. Con ello señalamos que tenemos nos al matrimonio en una muy alta estima. Y lo hacemos con toda razón, ya que de él se genera la familia, que es la célula fundamental de la sociedad.

El matrimonio existe desde mucho antes de la fundación de pueblos y Estados. Abraham fue escogido del seno de una familia. Jesús bendijo la boda de una joven pareja y el hogar que fundaban. La historia del matrimonio es la historia de la humanidad misma, ya que nació con ella. En el acto mismo de la creación Dios dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza... Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos" (Génesis 1.26-28).

En definitiva, el matrimonio es una triple responsabilidad. Por un lado, somos responsables ante la humanidad. Dios, en su sublime propósito, lo planeó así y así ordenó que la expansión de la humanidad esté ligada a la familia a través de los lazos matrimoniales. Nuestra vida se debe a que un hombre y una mujer se unieron en matrimonio. Además, somos responsables ante el reino de Dios. El Señor desea ser protagonista y no mero espectador en la fundación del hogar y en su desarrollo.

El “Hogar, dulce hogar” es aquel en el que 
Jesucristo es un huésped permanente.

Una pareja cristiana puede ser un instrumento de valor incalculable para el progreso del reino de Dios. El matrimonio de Aquila y Priscila fue clave en la expansión de la fe cristiana en Roma, Corinto y Éfeso (Hechos 18.2-26; Romanos 16:3; 1º Corintios 16.19; 2º Timoteo 4.19). Pero también el matrimonio es una responsabilidad hacia la persona que amamos. El varón llega a su humanidad más plena en el encuentro con su esposa, y la esposa se completa como mujer en su encuentro con el esposo. La humanidad perfecta consiste en un hombre y una mujer unidos por toda la vida. Es en el matrimonio donde se conjuga el ideal de humanidad diseñado por Dios.

No caben dudas de que el matrimonio es lo mejor que puede ocurrirle a un ser humano. Pero queda pendiente la pregunta, ¿con quién? Uno puede estar de acuerdo con que el matrimonio es el ideal para todo ser humano. Sin embargo, la elección de la compañera o compañero no es algo tan fácil.

Adán se encontraba desamparado y falto de una compañía vital, hasta que apareció Eva. Dios la sacó de debajo de su corazón, y "desde entonces ese lugar quedó vacío y no se lo puede llenar con ninguna otra cosa". Por lo tanto, es natural que un corazón busque a otro corazón. De todas las felicidades terrenales, la mayor es cuando se encuentran dos que se aman.

Lamentablemente, para muchos seres humanos sólo importa 
que el varón "tenga pantalones" y que ella sea bonita.

Los que así piensan segarán aquello que han sembrado y recogerán lo que buscan. Un hombre que hacía cierto tiempo que se había casado, dijo a su amigo: "Cuando me casé con mi esposa, la amaba tanto que casi me la como... y ahora me arrepiento de no haberlo hecho". Es muy triste cuando alguien se casa con una persona con la que sólo comparte cosas superficiales y efímeras.

Uno de los principales conflictos en la elección de alguien con quien compartir el amor, tiene que ver con la fe. Unirse en pareja con una persona que no comparte la fe de uno, es invitar al desastre anticipadamente. La Biblia es clara en señalar: "No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?" (2º Corintios 6.14). El cristiano está orientado a las cosas superiores y de arriba, no a las de la tierra. Si su pareja no lo siente y piensa así seguramente habrá conflicto. Una vez alguien puso debajo de una gallina clueca tres clases distintas
Uno de los principales conflictos en la elección de alguien con quien compartir el amor, tiene que ver con la fe. Unirse en pareja con una persona que no comparte la fe de uno, es invitar al desastre anticipadamente. La Biblia es clara en señalar: "No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?" (20 Corintios 6.14). El cristiano está orientado a las cosas superiores y de arriba, no a las de la tierra. Si su pareja no lo siente y piensa así seguramente habrá conflicto. Una vez alguien puso debajo de una gallina clueca tres clases distintas de huevos: de gallina, de pato y de cóndor. Cuando nacieron, la gallina los llevó a caminar. Los pollitos se pusieron a escarbar la tierra, los patitos corrieron hacía la laguna y los pichones de cóndores fijaron su mirada hacia arriba y en cuanto pudieron se echaron a volar.

El cristiano debe unirse en matrimonio con aquellos que tienen su mirada puesta hacia arriba, 
donde está Cristo, y no conformarse con escarbar las basuras de la tierra (Colosenses 3: 1-3).

¿ES OBLIGATORIO CASARSE?

A la luz de lo dicho hasta aquí, alguien podría tener la impresión de que la única manera de ser feliz y normal es casarse. Sin embargo, en términos cristianos la soltería no es un castigo del cielo ni una aberración de la naturaleza. Por el contrario, la Biblia pondera el celibato, cuando es expresión de la voluntad divina. Dios quiso que algunos de sus siervos fuesen célibes y le sirviesen en ese estado. Sí bien la Biblia recomienda el estado matrimonial, no por ello deja de hacer
Un consideración positiva del celibato y la virginidad.
El diccionario define el celibato como el "estado de soltero". Si en el capítulo 1 de Génesis está expresado el propósito original de Dios para el ser humano que creó a su imagen, es claro que la humanidad plena consiste en un hombre y mujer, complementándose el uno al otro en una relación de amor. El ser humano fue creado por amor, en el amor y para el amor. Por eso, Dios hizo al humano hombre y mujer, y les ordenó que llegaran a ser "una sola carne". El celibato y la virginidad no son, pues parte del propósito original de Dios, sino circunstancias que, como muchas otras, forman parte de la "vanidad" a que quedó sujeta la creación como consecuencia de la caída (Romanos 8:18-23). La soltería es una limitación de la existencia humana. En el estado de soltería se vive parcialmente la humanidad, ya que hay muchas experiencias, profundamente humanas que no se viven. El estado de soltero es una de las "aflicciones del tiempo presente" (Romanos 8.18).

NO SE EXALTA LA SOLTERÍA

Por eso, los judíos del Antiguo Testamento, que no estaban afectados por el pensamiento griego posterior, que consideraba todo lo material o físico como malo por definición, no podían concebir la vida célibe. Para ellos, lo normal y corriente era el matrimonio. El ideal de hombre o mujer es siempre alguien que vive en pareja y tiene hijos. No se ve en el Antiguo Testamento el más mínimo rasgo de exaltación del estado de soltero. En realidad, el celibato y la virginidad son considerados como una desgracia, si se prologan más allá de la edad casamentera.

Al llegar al Nuevo Testamento nos encontramos con Jesús, quien fue célibe. Sin embargo, el celibato de Jesús fue muy especial. Jesús no se quedó soltero porque no tuviera un alto concepto del matrimonio o porque no estuviera capacitado y maduro para ello. Jesús escogió el celibato por causa de la misión que tenía que cumplir y de la que era plenamente consciente. Él mismo había dicho que algunos se habían hecho eunucos por causa de reino de los cielos, queriendo indicar con esto que se habían quedado solteros (Mateo 19:12).

El ideal superior de cumplir con la voluntad del Padre hasta las últimas consecuencias, fue la gran motivación que tuvo Jesús para renunciar a la posibilidad matrimonial. Esta renuncia fue parte de sus sacrificios por amor a los pecadores. Él se privó de una casa (Mateo 8.20) y de una esposa e hijos, porque Jesús había venido para algo todavía mucho más noble: “Dar su vida en rescate por muchos" (Marcos 10:45).

LA POSTURA DE PABLO

Este ideal de entrega por causa del reino es el que alentó también al apóstol Pablo. Parece que este siervo de Dios era soltero, aunque es más probable que fuese viudo, ya que conocía bastante a fondo los problemas de la pareja (2º Corintios 7:7-8). Sus conceptos acerca del celibato y la virginidad son bien radicales y deben ser entendidos a la luz de las particulares circunstancias que vivía el apóstol cuando los expuso.

Aparentemente, cuando escribió la Corintios 7, Pablo consideraba la virginidad y el celibato como estados de vida mejores que el matrimonio (lº Corintios 7:1- 7, 8, 24, 40). Sin embargo, sus palabras tienen que ser interpretadas tomando en cuenta que estaba escribiendo para contestar ciertas preguntas específicas, que nosotros no conocemos. Si pudiéramos conocer estas preguntas, quizá entenderíamos mejor las respuestas que Pablo dio, y que no siempre resultan claras. Además, Pablo escribía para llenar las necesidades de una situación específica. La ciudad de Corinto era la más permisiva de todo el Imperio Romano. La degeneración sexual no respetaba los estados civiles. Pablo presiona con altos ideales, porque las circunstancias así lo exigían. Una razón muy importante para sus consejos es también que Pablo aparentemente esperaba un inmediato retorno de Cristo (1º Corintios 7:26-29), ¿Para qué cargarse del peso de una familia, cuando en breve retornaría el Señor? Mejor era usar todo el tiempo disponible para la extensión de su reino.

No obstante, a pesar de lo que resulta de una leída rápida de este controvertido capítulo 7 de 1º Corintios, parece ser que Pablo más bien defendía el estado matrimonial, antes que condenarlo. Hay en este capítulo varias expresiones que así lo indicarían: "Cada uno debe tener su propia esposa, y cada mujer su propio esposo" (v. 2, VP); "si no pueden controlar su naturaleza, que se casen, pues más vale casarse que consumirse de pasión" (v. 9, VP); "si se casa con su prometida, hace bien" (v. 38. V.P.) Por lo demás, Pablo consideraba la continencia y el celibato como un don divino especial (1º Corintios 7:7).

¿Quiere Dios que el hombre y la mujer permanezcan solteros? En términos de su voluntad original, no. En tal caso, el Señor se compromete a otorgar el don necesario, a fin de que el celibato o la virginidad no se transformen en un motivo de aflicción, sino de gloria y bendición.

¿Quiere Dios que el hombre y la mujer permanezcan solteros? En términos de su voluntad original, no.

Es posible que Dios permita que alguien esté soltero 
o soltera a fin de que cumpla con algún propósito suyo.

En tal caso, el Señor se compromete a otorgar el don necesario, a otorgar el don necesario, a fin de que el celibato o la virginidad no se transformen en un motivo de aflicción, sino de gloria y bendición.


LOS PROBLEMAS DE ESTAR SOLO

El matrimonio tiene sus problemas, pero la soltería también tiene los suyos. Quien piensa que permaneciendo soltero se ahorra dolores y penas, está equivocado.
El dicho popular que dice: “Más vale estar solo que mal acompañado”, expresa una verdad de valor relativo. La soledad no es buena para ninguna condición, a menos que, como se afirmó, se la voluntad de Dios para con un ser humano. Dios, en su sabiduría lo declaró solemnemente: “No es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18) Y él sabe por qué lo dice. Por eso Proverbios 18:22 señala que “el que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová” El ser humano fue creado por Dios para formar pareja y tener hijos.

La felicidad máxima sólo puede alcanzarse cuando, 
en cumplimiento de la voluntad original de Dios, 
un hombre y una mujer logran armonizar 
sus ideales y sentimientos,
y formalizan su unión a través del matrimonio.

CRÉDITOS BIBLIOGRÁFICOS

Pablo Deiros, “El amor es cosa seria”. Tomado de: “Los Elegidos” págs, 23-28, Vol. 26. Editado por El Puente. Impreso en Argentina