TENER SEXO Y HACER EL AMOR
Por Dra. Victoria Alfaro *


El sexo es sólo una parte del ejercicio de la sexualidad humana, la cual representa una gran dimensión. Sexo es instintivo; sexualidad humana es cultura, aprendizaje. La gente en general cree que tener sexo es simplemente tener una relacional coital, es decir una experiencia penetrativa. Y además la relaciona exclusivamente con genitalidad. 

La sexualidad humana es muchísimo más abarcativa. Y si deseamos hacer el amor esto es ocuparnos del otro, procurar que todos los sentido estén presentes en el encuentro íntimo: la mirada, la caricia, los olores, el gusto de un beso o del cuerpo del otro, escuchar el sonido o los silencios que se presentaran en el transcurso de las diferentes fases por las que transcurre un individuo en un intercambio sexual. 
Hacer el amor es transitar el viaje de placer para llegar a un gozo total, con emoción amorosa y erótica. 

El erotismo está referido a todo lo que tiene que ver con lo sensual y sensorial en una interconexión sexual, sumado a la excitación que provoca el estímulo de todos los sentidos a la que se adosan la risa, el humor, la alegría, o sea con el agregado del componente lúdico (juego) que deberá, en lo posible, estar siempre presente.

Helen Kaplan definió el sexo como fricción y fantasía. Esto es sexo. Pero hacer el amor es interconectarnos con el otro de manera afectuosa, emotiva, amorosa, respetuosa, íntima, ofreciéndole a nuestra pareja todo lo que nosotros deseamos también recibir, de la mejor y más sublime manera posible.

“EL SEXO NO ES UNA COPULA MECANICA”

Algunas personas tienen debilidad por el sexo rápido; otras, por un sexo pausado.

Como en tantas otras cuestiones de la vida, existen también diferentes formas de tener buen sexo. Se pueden ejercitar en algunas ocasiones como sexo erótico, en otras como sexo sensual, como sexo íntimo o como sexo atrevido. Cada uno elegirá la mejor manera de llevarlo a cabo de acuerdo a las circunstancias, a su conocimiento sexual, a las implicancias de sus prejuicios o mandatos, a la cultura dentro de la cual lo esté ejerciendo como descarga, pasatiempo, inspiración, para reanimar una vida sexual aburrida o como una “excusa” de una disfunción sexual reinante. 

Por cierto, si tenemos en cuenta lo que nos describe la psicología evolutiva y la antropología, el ser humano ha sido diseñado para tener “sexo contrareloj”. Esto está ligado a que hace varios siglos, si no se ejercía la resolución de un sexo rápido, se corría el riesgo de ser devorado por las fieras del bosque o de la selva.

Un ritmo sexual estrepitoso provoca una mayor aceleración del flujo sanguíneo y estimula cierta neuroquímica. Obviamente, un sexo express puede convertirse en el episodio más ardoroso jamás vivido, como también en un acto absolutamente indiferente.

Tener sexo lento o armonioso o sexo “a fuego ardiente” dependerá de los niveles de calidad erógena que esto provoque y, por ende, cuándo y de qué forma facilite y favorezca el ascenso hacia un clímax delicioso.

Lo importante es que el encuentro sexual realizado de una u otra manera no quede convertido en una cópula mecánica por el obsesivo mandato orgásmico de una civilización que hace, por estos tiempos del reloj, un culto.

Sin embargo los sexólogos podemos decir, por la biología que marca a los humanos, que hay tres palabras esenciales a tener en cuenta: Suficiente estimulación previa. El cortejo sosegado es fundamental para todo encuentro sexual, ya que favorece grandemente el armado de una buena plataforma orgásmica y el fluir de una química dinámica.

La calidad íntima atravesada por las delicias del toque, de las fantasías y de la puesta en marcha de todos los sentidos, pondrá al cuerpo en movimiento para el despertar de la más auténtica emoción erógena, para la más inacabable sexualidad que une.



CRÉDITOS BIBLIOGRÁFICOS
*Doctora Victoria Alfaro. Médica sexóloga. 
Usado con permiso