La perspectiva divina
Por Rubén O. Flores


Cnt 7:1 ¡Cuán hermosos son tus pies en sandalias, Oh hija de príncipe! Las curvas de tus caderas son como joyas, Obra de manos de artífice. 
Cnt 7:2 Tu ombligo, como una taza redonda Que nunca le falta vino mezclado; Tu vientre como montón de trigo Cercado de lirios. 
Cnt 7:3 Tus dos pechos, como dos crías, Mellizas de una gacela. 
Cnt 7:4 Tu cuello, como torre de marfil, Tus ojos, como los estanques en Hesbón Junto a la Puerta de Bat Rabim; Tu nariz, como la torre del Líbano Que mira hacia Damasco. 
Cnt 7:5 Tu cabeza se eleva como el Monte Carmelo, Y la cabellera suelta de tu cabeza es como hilos de púrpura; El rey se ha cautivado de tus trenzas. 
Cnt 7:6 ¡Qué hermosa y qué encantadora eres, Amor mío , con todos tus encantos! 
Cnt 7:7 Tu estatura es semejante a la palmera, Y tus pechos, a sus racimos. 
Cnt 7:8 Yo dije: 'Subiré a la palmera, Tomaré sus frutos.' ¡Sean tus pechos como racimos de la vid, El perfume de tu aliento como manzanas. (Cantares 7:6-8) 

Es evidente que, ante la lectura de estos pasajes que describen la relación entre esposos, no podemos menos que lamentarnos de que las relaciones actuales hayan cambiado tanto a través del tiempo. Y lo hayan hecho de tal modo que la perspectiva divina del amor entre el hombre y la mujer se ha desvirtuado totalmente. La pureza ha sido saturada por la mundanalidad, la promiscuidad y la auto gratificación egoísta. La riqueza y reciprocidad amorosa que escribe el autor del Cantar de Cantares ha sido pervertida detrás de la práctica del amor libre tal como fue ampliamente difundida en los círculos anárquicos europeos del siglo XIX. 

Como escribiera Francesco Alberoni unos 25 años atrás: “En múltiples ocasiones, a lo largo de la historia, aparece el tema de la promiscuidad: como promiscuidad originaria, que antecede a la organización social y familiar, o bien como promiscuidad utópica, como superación definitiva de la exclusividad y de la posesividad del individuo. Durante la década de los sesenta la promiscuidad fue el ideal más o menos manifiesto de la revolución sexual, [. . .] en sus fantasías, los hombres desean hacer el amor con muchas mujeres y sin demasiadas complicaciones sentimentales. En el concepto corriente, la promiscuidad es un desarrollo, un exceso, un desborde de este tipo de deseo masculino. En realidad, la promiscuidad es siempre un producto colectivo, la manifestación de la preeminencia de la comunidad sobre el individuo y la pareja.
Lo podemos observar abiertamente en la orgía. En la orgía, son abolidos por un tiempo los vínculos del amor y de la exclusividad interpersonal. Todos están a disposición de todos. Cesa la posibilidad de expresar una preferencia erótica, un rechazo. Si bien todos pueden obtener el sí de todos, también deben decir siempre que si. Sólo de este modo se puede concretar el comunismo erótico: «cada individuo da sobre la base de sus necesidades». La orgia sólo es posible porque se suprimen temporariamente todas nuestras idiosincrasias, nuestras preferencias, nuestros afectos, nuestros celos, nuestro disgusto. (Y agregaría, nuestras inhibiciones)
En el mundo del erotismo también está presente lo negativo, la repugnancia. El final de la atracción erótica (cuando finaliza y es consumado el acto sexual pervertido) se convierte en repugnancia. La repugnancia es tan inmediata como la atracción y como ella se acrecienta. No se puede comparar, en modo alguno, con la amistad-enemistad. Se puede escribir un libro sobre la amistad sin hablar de la enemistad. Pero no se puede escribir un libro sobre el erotismo sin comentar o describir la repugnancia”. (1)

Por su parte, el Dr. Bruce B. Barton en su excelente comentario sobre Cantares escribe: 

“Saturado de historias de aventuras amorosas, citas secretas y romances extramaritales, el mensaje que comunican los medios actuales es que la inmoralidad significa libertad, la perversión es natural y el compromiso es anticuado. La sexualidad, que Dios creó y declaró buena en el Edén, la han deformado y explotado, y ha llegado a ser una actividad apremiante, ilícita, casual y autogratificante. El amor se ha convertido en lujuria, el dar en obtener y el compromiso perdurable en «ningún lazo que nos ligue». En realidad, la relación sexual, la unión física y emocional de un hombre y una mujer, debe ser un medio santo de celebrar el amor, procrear y experimentar el placer, protegidos por el compromiso del matrimonio. Dios piensa que las relaciones sexuales son importantes y las Escrituras contienen numerosos principios relacionados con la expresión sexual y advertencias contra la violación de dichos principios. Las relaciones sexuales siempre se mencionan en el contexto de una relación amorosa entre esposo y esposa. Tal vez el pasaje bíblico más importante en cuanto a esto sea Cantar de los cantares, la historia íntima de un hombre y una mujer, su amor, noviazgo y matrimonio”.(2)

Como dice el Dr. Barton; “A lo largo del diálogo, las relaciones sexuales y el matrimonio se colocan en su debida perspectiva divina”.
Sin embargo no podemos menos que sorprendernos ante la diferencia de pensamiento entre un tiempo y otro, Salomón, autor de Cantares, el hombre adorador de Dios y Salomón, el hombre obsesionado por las mujeres, las relaciones sexuales y el placer, a quien Dios tuvo que amonestar después.
¿Qué podemos pensar ante semejante cambio más que en nosotros mismos? Me gusta enseñar permanentemente el pasaje que escribió el apóstol San Pablo en su carta a los romanos capítulo 12 versos 1 y 2: 

“Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto”. (Versión LBLA) 

Creo pertinente pensar en los hombres de la Biblia, nuestros favoritos, valientes que se enfrentaron y conquistaron pueblos tras pueblos a fin de poseer la tierra que se les había prometido, y sin embargo vencidos y conquistados por sus propias tentaciones. 

¿Podemos nosotros atrevernos, siquiera en una mínima parte, a criticarlos? Nada de lo que ocurra en nuestro proceso de madurez está dispuesto al azar. Por el contrario, cada pensamiento y cada acción que surja del mismo, no desaparecerá sin dejar huellas. 
La vida sexual emotiva, amorosa y erótica de las mujeres y de los hombres de estos y los próximos años tendrá su resultado igual que lo tuvieron los hechos licenciosos de la Europa monárquica en la antigüedad. Pero eso no nos inhibe de esforzarnos en mantenernos firmes ante las acechanzas del enemigo que, por cierto, no ceja de andar a nuestro derredor tratando de hacernos caer. 

1Pe 5:6 Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que El os exalte a su debido tiempo, 
1Pe 5:7 echando toda vuestra ansiedad sobre El, porque El tiene cuidado de vosotros. 
1Pe 5:8 Sed de espíritu sobrio, estad alerta. Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar. 
1Pe 5:9 Pero resistidle firmes en la fe, sabiendo que las mismas experiencias de sufrimiento se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. 
1Pe 5:10 Y después de que hayáis sufrido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia, que os llamó a su gloria eterna en Cristo, El mismo os perfeccionará, 
afirmará, fortalecerá y establecerá. 
1Pe 5:11 A El sea el dominio por los siglos de los siglos. Amén. 

(1 Pedro 5:6-11)
(Versión Biblia de las Américas) 

CRÉDITOS BIBLIOGRÁFICOS

(1) Francesco Alberoni: “El Erotismo”, Editorial Orinter Colombiana S.A para Círculo de Lectores, S.A. por cortesía de Editorial Gedisa S.A. Colombia 1986
(2) Barton B. Bruce: Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.