LOS LADRILLOS QUE CONSTRUYEN UN MATRIMONIO(1)
Por Charles R. Swindoll  ( [1])

             A la pequeña Susi, de cuatro años de edad, le acaban de contar por primera vez en su vida la historia de Blanca Nieves. Apenas podía esperar la hora de llegar a su casa de regreso del jardín de infantes para contársela a su mamá. Esa tarde, con los ojos iluminados por el entusiasmo, le relató a su mamá el cuento de hadas. Después de narrar cómo el Príncipe Azul  había llegado en su caballo blanco y había despertado a Blanca Nieves con un beso, Susi preguntó en voz alta:

---¿Y sabes entonces, qué pasó?

---Sí ---dijo su mamá ---, vivieron felices para siempre.

---No --- respondió Susi frunciendo las cejas ---,. . . se casaron.

            Con su inocencia infantil, esa pequeña niña de cuatro años de edad dijo una gran verdad sin darse cuenta. Casarse y vivir felices para siempre no son necesariamente sinónimos.

            Si no te convences, mira las estadísticas. “La familia americana” era una de las secciones centrales en un periódico nacional hace un tiempo. Era esclarecedora, informativa . . . y deprimente. Especialmente el horrible dato que revelaba el creciente porcentaje de divorcios. Presta atención. En 1960, había 25 divorcios de cada 100 casamientos en los Estados Unidos. En 1975, el índice subió a 48 divorcios de cada 100. El artículo afirmaba que con el índice actual de crecimiento, habría 63 divorcios cada cien casamientos en 1990. Por si no tienes la calculadora a mano, eso significa un crecimiento de 150%  en cada generación. ¿Felices para siempre? No tanto.

            Estamos descubriendo que un factor primordial en este creciente problema es el hecho de que las parejas se han apartado del plan original de Dios. Se ha distorsionado el modelo o bien se lo ha ignorado totalmente. El cimiento que él había planeado no se ha colocado correctamente. Por ello no sorprende que el edificio no haya soportado la prueba del tiempo. Las reparaciones son caras y llevan tiempo . . . pero ésa es la única forma. Y a medida que va terminado el proceso de restauración, la esperanza y el ánimo van renaciendo.

            ¿Recuerdas lo que dice Proverbios 24:3-4?

             “Con sabiduría se edificará la casa,  Y con prudencia se afirmará; Y con ciencia se llenarán las cámaras
            De todo bien preciado y agradable"

             Un matrimonio se puede reconstruir con “sabiduría”. Puede afirmarse con “prudencia”. Puede llenarse de cosas indestructibles que ninguna calamidad puede arrebatar y ningún ladrón puede robar. Eso requiere “conocimiento”.

Quiero  continuar recordándote esos tres ingredientes, para que no vayas a pensar que construir tu hogar es una simple propuesta de ladrillos y mezcla. Un espíritu sensible, y que responda con discernimiento, una actitud positiva y sensible, un corazón educable y dispuesto, son elementos básicos para un matrimonio. Conserva todos esos elementos a mano, no lo olvides.

También hay algunos materiales prácticos que Dios ha dispuesto en su plan. En las cartas de Pedro y de Pablo en el Nuevo Testamento se nos habla de esos materiales. (Cuando preparando este capítulo y advertí que íbamos a recibir consejos de Pedro y de Pablo tenía ganas de titularlo “Pedro, Pablo y el matrimonio”.) En Efesios 5, Pablo nos da el modelo para la estructura global, la superestructura. En 1 Pedro 3, Pedro especifica cuáles son los ladrillos y la mezcla para unirlos.

Una estructura que proporciona soporte

Nadie puede decir que ha completado un estudio bíblico sobre el matrimonio si no ha considerado los versículos de Efesios 5:22-33. En ellos, Pablo habla primero a las esposas ( versos 22-24) y luego a los esposos ( versos 25-33). En ambas secciones primero se enuncia un papel básico y luego se da una analogía para enfatizar la importancia del papel.

Esposas

Pablo escribe:

            “Las casadas estés sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo”

             No hace falta ser un erudito en griego para darse cuenta que Pablo está dando una orden; Las casadas estén sujetas a sus propios maridos. . .”, y luego una comparación: “. . .como al Señor”. Para las esposas, el papel esencial es el de sumisión, y la analogía es “como al Señor”. Así como la esposa cristiana respondería al Señor, así debe responder a su esposo.

 Esposos

             Pablo agrega:

            “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella.

             Aquí tampoco resulta complicado. El papel básico del esposo es amar . . . y la analogía es “. . .como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”. 

            Ambos papeles tienen un modelo peculiar y ambos tienen analogías en Jesucristo. La esposa piadosa pregunta: Señor, ¿cómo puedo mostrar mi amor hacia ti en el papel que me has dado para llevar a cabo? “ Dios contesta: “Mi querida hija, muéstralo en la sumisión de tu corazón hacia tu esposo”. El esposo piadoso pregunta: “Señor: ¿cómo puedo ser el tipo de esposo que tú quieres que sea?  Y Dios responde: “Hijo mío, el amor ilimitado hacia tu esposa le muestra al mundo y me muestra a mí la clase de amor que sientes por mí”.

             Dos preguntas

             Escondidas entre los pliegues de estos versículos quedan dos preguntas, implícitas pero profundas, que todo cónyuge debe formularse. La esposa debe aceptar el papel y preguntarse: “¿Amo suficientemente a mi esposo como para vivir para él?” Igualmente importante es que el esposo acepte su papel y se pregunte: “Amo suficientemente a mi esposa como para morir por ella? “  Son preguntas penetrantes. Pero colocan la cuestión en la perspectiva correcta

            El mundo hoy en día no habla acerca de que el esposo ame a su esposa lo suficiente para morir por ella. Menciona esta idea en cualquier charla televisada y prepárate para escuchar el abucheo tanto del periodista como de la audiencia. Y si quieres despertarlos, desliza la palabra “sumisión” ---sumisión de la esposa, naturalmente. De inmediato se te considerará como un  raro ignorante que cree en cámaras de tortura y que promueve la idea de encadenar a las mujeres a la cocina. ¡Qué idea¡  Quiero decir, ¿a qué persona racional hoy en día se le ocurriría que un hombre aplaste a una mujer bajo sus talones . . . o la arrincone en una esquina, confinándola a cambiar pañales, lavar platos, hacer las compras y lavar los pisos?

             Es extraño pero cada vez que se menciona el tema de la sumisión, invariablemente, individuos airados y mal informados la asocian con eso. Cada vez que lo escucho me doy cuenta de que la persona simplemente no entiende la enseñanza bíblica sobre la sumisión. Cuando se la coloca en el contexto adecuado ( sabiduría, comprensión, conocimiento) , se acrecienta el valor de la esposa y su vida se ve enriquecida por un esposo que la ama profundamente.  En ese contexto hay una plenitud y una libertad que rara vez se experimentan en otro lugar de la tierra.

             Sí, soy realista y me doy cuenta de que siempre habrá quienes se aprovechen de sus papeles, Esposos que fustigan el látigo porque están “a cargo” . . .esposas que manipulan y manejan a su esposo, usando “técnicas de presión” que aprendieron de sus madres o de otras mujeres. Todo esto produce una increíble presión dentro del hogar.       


[1] “Dile que si al amor”  Charles R. Swindoll. Cap. 3 pp 38 a 42. Editorial Betania 1985.