LOS LADRILLOS QUE CONSTRUYEN UN MATRIMONIO(2)

Por Charles R. Swindoll  ( [1])

 

LADRILLOS QUE EDIFICAN

 

            En los primeros versículo de 1 Pedro 3, hay sugerencias prácticas para la esposa      ( vers. 1- 6), para el esposo (vers. 7) y un  breve consejo general ( vers. 8-9)

 

            Tómate tiempo para leer los nueve versículos lenta y reflexivamente.

 

Ladrillos para las esposas

 

            Estoy seguro de que algunas de las esposas están pensando:

- “Por supuesto, a mí me encantaría vivir así siempre que tuviera el esposo adecuado”-. Pero estos versículos se han escrito especialmente para la esposa que tiene el mal tipo de esposo. Si ésa es tu situación, estos cuatro ladrillos se han moldeado exactamente para ti.

 

El ladrillo llamado “conducta”

 

            En primer lugar, Dios habla sobre tu conducta . La escena que pinta Pedro es familiar. Esposos intratables, respuestas ásperas, temperamentos irritables. Pero aunque es un hombre difícil de soportar, ¡no es ciego¡ No puede ignorar la conducta casta de su esposa. Eso es lo que en última instancia lo “conquista”. No se logra pinchando notitas en su almohada ni dando disimulados codazos en la iglesia. El “observa” tu conducta.

Este es un término interesante. Es la palabra griega que se utiliza para indicar una observación cuidadosa, una mirada próxima, como los espectadores del deporte cuando miran en la televisión la repetición instantánea de una jugada en cámara lenta. Eso me recuerda lo que ocurrió una vez durante un campeonato hace varios años.

Yo soy un verdadero fanático del fútbol americano, y he logrado contagiar a nuestro hijo mayor, Curt. El y yo seguimos los juegos con la misma actitud fanática, especialmente cuando juega nuestro equipo favorito, los Dallas Cowboys.

            A lo largo de la temporada ( y para algunas esposas resulta realmente larga), habíamos seguido la evolución del torneo. Los Cowboys y los Rams se estaban “matando” para lograr la clasificación . El árbitro sancionó una falta y justo cuando iban a repetir la jugada en cámara lenta, Cynthia enchufó la aspiradora y empezó a pasarla en la sala donde estábamos sentados. ¡No lo podía creer¡ Curt y yo estábamos sentado en el borde de nuestras sillas, analizando lo que se había cobrado. . . y entra Doña Limpialotodo.

-         ¿Qué es lo que estás haciendo, Cynthia? – le grité.

-         ¡Estoy limpiado la cancha¡- me contestó sin levantar la vista.

No me malentiendan. A ella le gusta el fútbol también . . .pero después de más de cuatro meses, el lugar comienza a asemejarse a las desordenadas gradas del estadio.

 

           

La actitud de mi hijo y la mía es lo que puede aplicarse al segundo versículo. No estábamos mirando la repetición de la jugada en forma casual. Estábamos concentrados, absortos, prestándole toda nuestra atención. Eso es lo que a la larga hacen los esposos cuando sus esposas se comportan en forma “casta y respetuosa” de una manera constante. Es lo que un hombre llamó “la predicación silenciosa de una vida agradable”. [2]

 

El ladrillo denominado “aspecto personal”

 

            El segundo ladrillo que contribuye a que la construcción de un matrimonio sea sólida es la apariencia de la esposa.

 

                 Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de

                 Oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible      

                 ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de

                Dios.

 

            Nos concentraremos en el punto principal de este pasaje. La intención de Pedro es clara. Se advierte en cuanto a no exagerar la nota,  remendando la fachada exterior, si en el interior hay carencias lamentables. No desplaces todo el énfasis a lo externo . . . pero, por otro lado, esto no significa que  no debiera haber nada en lo externo que valga la pena mirar.

He escuchado a predicadores que han desvariado sobre estos versículos. “Peinados ostentosos” – no, no deben trenzarse el cabello, dicen. “Adornos de oro” – no usen adornos, insisten. Eso es carnal. Pero el versículo menciona “ataviarse”. Qué cosa curiosa. Nunca escuché a un predicador fomentar el nudismo. Pero con esa misma lógica se llega a eso.

Escuchen señoras: Este pasaje no está hablando mal de los cosméticos o atacando la actitud de conservarse físicamente atractivas, simplemente la está estimulando a  conservar el equilibrio. Recuerden, no sólo externamente. ¡Algunas esposas necesitan toda la ayuda que puedan recibir¡  Como dice el adagio: “Si la casa necesita pintura,  píntala”. Es un buen consejo para las esposas también. Es una vergüenza que algunas no hayan aprendido la importancia de mantenerse atractivas. Durante todo el día sus esposos se vinculan con mujeres fantásticas, bien vestidas y atractivas; pero, ¿Qué encuentran cuando entran a la cocina de regreso a su casa?

 

            ¿Cuál es la diferencia?  La importancia de la apariencia externa. Un hombre no conserva el interés en una esposa que huele a detergente. O que pasa todo el día de aquí para allá en la casa, con un aspecto semejante al de una cama distendida. Por cierto hay que tener pureza interior . . . pero no te detengas cuando llegues a lo exterior. No hay ninguna razón en el mundo por la cual una mujer cristiana no puede mostrase atractiva. ¡Cueste lo que cueste, hazlo¡ Tu aspecto exterior es un aspecto importante para reconstruir tu matrimonio.

 

           

 

El ladrillo denominado “actitud”

 

            Hay un tercer factor: La actitud.  Vuelve a leer los versículos 3 y 4.

                  La frase “sino el interno, el del corazón” es la descripción neotestamentaria de la actitud de la esposa. ¿Y cuál es la característica que Dios considera importante en tu actitud?.  Menciona específicamente “ . . .el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible . . .”. ¡ Qué hermosa expresión¡ Dios considera que el espíritu afable y apacible es imperecedero.  Y agrega “. . . que es de grande estima delante de Dios”. La expresión “grande estima” es también traducida como “preciosa” y es el mismo término que usó 3anteriormente Pedro al referirse a una “fe” imperecedera ( 1:7)  y a la “sangre” preciosa de nuestro Señor Jesucristo ( 1:19). Esposas, la actitud de ustedes es realmente importante. No puede ser eliminada ni desestimada ni destruida.

 

            “Yo no soy afable ni apacible, Dios no me hizo así”, dirán algunas de ustedes al leer esto. Como ocurre con la sumisión que se mencionó antes en este capítulo, muchas personas interpretan mal esta actitud. No se alude aquí a ser débil o un felpudo femenino. En realidad, estos términos hablan de fortaleza de carácter, de gran autocontrol, de una persona con serena elegancia y dignidad.

 

            Uno de los versículos favoritos de mi esposa está escondido en el último capítulo de Proverbios. Está en el contexto del pasaje que describe a la “mujer virtuosa” (ver. 10). Después de afirmar que no hay muchas mujeres así, y de describir su eficiencia, la confianza que le dispensa su esposo y el respeto que gana de otros, el autor deja caer este comentario adicional:

 

                  Fuerza y honor son su vestidura;

                 Y se ríe de lo por venir (31:25).

 

            Es la descripción de una belleza muy peculiar. Esta mujer está vestida por dentro con fortaleza de carácter y confiabilidad. No es superficial ni ruidosa ni vulgar. Tiene clase, como diríamos.

            Decir que es “afable y apacible” es otra manera de decir que es “tranquila y tiene autocontrol”. ¿Suena eso a debilidad?  Las personas que tienen control de sí mismas y no caen presa del pánico o de la ira son sorprendentemente fuertes. No es extraño que el escritor de proverbios 31 haya preguntado:

           

                 Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?

 

            Cuando Pedro usa la palabra “afable”, está pensando en la genuina humildad, la de una persona que no se enfrenta a Dios ni a los demás. Indica la ausencia de luchas y disputas. “Apacible” indica “una tranquilidad que surge del interior, que no causa perturbación a otros”.[3] Esta clase de esposa no está alterada por dentro ni nerviosa por fuera.

Antes de concluir con este tercer “ladrillo”referido al carácter, quiero agregar que si bien lleva muy poco tiempo el arreglo externo (por importante que sea), el cultivo del ornamento “interno, el del corazón”, es un proceso que lleva toda la vida.

 

Esto me quedó grabado de una manera inolvidable en ocasión de viajar por una de las autopistas del  sur de California hace un tiempo. Delante de mi circulaba un matrimonio que aparentemente viajaba hacia su lugar de trabajo. Mientras él conducía, ¡ella se vestía¡ No exagero. Se había subido al automóvil con todo lo que tenía que ponerse . . . y trabajó laboriosamente colocándoselo durante el viaje de veinticinco minutos. Desde las pestañas postizas y los aretes hasta las medias y los zapatos. Si, en veinticinco minutos una mujer puede hacer un milagro de la piel para afuera . . . pero, ¿ y “lo interno”? Ah, esa es una tarea de toda la vida.

 

El ladrillo llamado “respuesta”

 

            Hemos considerado hasta aquí tres ladrillos: la conducta, el aspecto personal y la actitud. Necesitamos uno más para completar el esquema de la esposa: la respuesta. Los versículos 5 y 6 constituyen la base:

           

                   Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que

                   esperaban en Dios estando sujetas a sus maridos: como Sara obedecía a

                  Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si

                  hacéis el bien sin temer ninguna amenaza.

 

            Para que no se les crispen los nervios por lo que dice sobre Sara (“obedecía”), conviene notar que el verbo significa “prestar cuidadosa atención” a alguien. Tiene la connotación de atender a las necesidades de otro. Entre líneas, se expresa una actitud positiva y colaboradora.

            Esposas, por favor, escuchen con atención. Si ustedes son del tipo activo, seguramente tienen la tendencia de correr por todos lados, atendiendo las necesidades de la gente en todas partes. Su tiempo está reclamado por clubes, clases y cursos. Y a menos que se cuiden absorberán su tiempo. Si no todo, al menos, la mayor parte del mismo. Hasta las actividades de la iglesia ocuparán casi todo el tiempo del que se disponga. Algunas de ustedes se han preocupado mucho más  por satisfacer las necesidades de otros fuera del hogar que las de aquel individuo que debiera ser para ustedes el más importante, dentro del hogar.

            No puedo imaginarme a Sara dejando una nota como esta prendida en su tienda para que Abraham la encontrara al regresar del trabajo, arrastrando los pies, muerto de cansancio y peligrosamente hambriento:

 

             Querido:

                           El guiso de cordero está en el horno de piedra. Voy al estudio de la Torah con las señoras de Betel. Llevo el carruaje chico.

Volveré tarde. No te preocupes. No te olvides de darle a Ismael las hiervas para la tos cuando baje el sol. Y baña a Isaac.

                                                       Sara.

P.D. No te olvides de serrar bien la carpa cuando te acuestes. Se está levantando una tormenta de arena.

 

            Algunas de ustedes pensarán: Si comienzo a ser obediente como me sugiere, mi esposo se aprovechará. Me explotará. Si le doy la mano me tomará el codo”. Lea nuevamente la última parte del versículo 6,.

                       

                        . . . si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.

 

            Ahí está la promesa. Dios honrará la obediencia amable y paciente de ustedes, señoras. Tranquilícense. Él no permitirá que su cónyuge atropelle su  gentil obediencia. Es un ladrillo, no olviden. Es sólido y fuerte. Si alguien patea un ladrillo se lastima a sí mismo.

           La próxima hablaremos de los ladrillos para los esposos.

Dios te bendiga y guarde.

            Marta y Rubén Flores

 

           

 



[1] “Dile que si al amor”  Charles R. Swindoll. Cap. 3 pp 43 a 49. Editorial Betania 1985.

[2]  William Barclay, “The Letters of James and Peter”, en Daily Study Bible Study.

Edumburgh: The Saint Andrew Press, 1976, pág. 219.

[3] W.E. Vine, An Expository Dicitionary of New Testament Words, 4 vols.  Old Tappan,

New Jersey: Fleming H. Revell Company, 1949, 3:242.