LOS LADRILLOS QUE CONSTRUYEN UN MATRIMONIO(3)
Por Charles R. Swindoll  ( [1])

LADRILLOS PARA LOS ESPOSOS

He estado lanzando algunos duros ladrillos a las esposas. Ya les advertí, señoras, que refaccionar es un trabajo duro. Pero ahora veamos que tiene Dios  para decirle al hombre de la casa. Es igualmente fuerte.

           Vosotros, maridos, igualmente vivid con ellas sabiamente, dando

            honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de

            la gracia de la vida, para que vuestras acciones no tengan  estorbo.

Primer ladrillo

Este primer ladrillo es obvio: vivir con tu esposa. “¡Por supuesto que lo hago: Vengo a casa todas las noches. Tenemos el mismo domicilio, comemos a la misma mesa, dormimos en la misma cama y hasta usamos el mismo baño”. Pero no es solo eso lo que quiere decir este versículo. El término original traducido como “vivir” significa “permanecer”, y sugiere “estar muy próximo a, estar confortable con”. La pequeña palabra “con” es un término que sugiere compañerismo estrecho, unidad profunda.

   Muchos esposos esperan que la esposa atienda el hogar. “Mi trabajo es la oficina, su trabajo es la casa. Yo gano los billetes, ella maneja las cuentas. A mí me toca el trabajo con todas sus complicaciones. A ella le pertenece el hogar con todas sus necesidades”. Quizás esa sea la forma  en que te criaron a ti, amigo, pero no era el plan que Dios originalmente diseñó para los maridos. De ninguna manera. La frase “vivid con ellas”, ubicada al comienzo de todo lo que el Señor dice en este versículo , es importantísima.  Nuestra misión, maridos, es cimentar el fundamento para la armonía doméstica. Nosotros deberíamos ser quienes cultivemos un profundo compañerismo con nuestra esposa. Nosotros debemos iniciar la acción, estimular el proceso.

   Cynthia y yo comprendimos esta verdad hace ya muchos años. Me empezó a perseguir la idea de que me estaba tornando mucho más pasivo (como mi propio padre) respecto a los asuntos del hogar. Le estaba dejando cada vez más decisiones a ella, cediéndole inconscientemente las riendas del liderazgo. Francamente, resultaba muy conveniente. Siempre podía recurrir a la excusa de las presiones relacionadas con la iglesia a la que estaba sirviendo, o las exigencias de las personas que querían mi tiempo para satisfacer sus grandes necesidades espirituales. Era también mucho más fácil . Ser la figura central en la iglesia era mucho más fácil, comparado con la tarea ingrata y difícil del liderazgo del hogar.

Resultaba mucho más esplendoroso, más satisfactorio para el yo y por cierto “más espiritual” cuidar del rebaño en mi calidad de pastor, que establecer y embellecer la relación con mi esposa.

   Pero entonces, Dios me dio un derechazo en la mandíbula, con 1Timoteo 3:4,5, donde escribe para pastores casados; que es necesario...

 

            Que gobierne bien  su casa, que tenga a sus hijos en sujeción

            con toda honestidad pues el que no sabe gobernar su propia

            casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?).

 

   ¿Has visto el verbo “gobernar”? Se menciona dos veces. Significa literalmente “presidir, dirigir”, pero el sentido es mucho más amplio. Escucha esta excelente explicación

   Un buen administrador sabe como hacer que otros trabajen ... Se preocupará por no desconocer o reprimir las habilidades de su esposa. Más bien, las aprovechará al máximo ... No la considera como  alguien a quién arrastrar de sí. En cambio, piensa en ella como en una maravillosa, útil y positiva bendición de Dios ...

Un administrador tiene el ojo puesto en todo lo que ocurre en la casa, pero no hace todas las cosas él mismo. En lugar de eso, mantiene la visión general y conserva todo bajo control. Se sabe lo que ocurre, como está llevándose a cabo y solo cuando resulta necesario interviene para cambiar, modificar o ayudar en alguna manera.

   ¡Eso realmente me convenció! Desde que hice este descubrimiento y puse en práctica algunos cambios, he viajado vez tras vez a seminarios y escuelas bíblicas, subrayando la importancia de la vida familiar del ministro. En más de una ocasión, los hombres llegan a considerar por primera vez la vinculación vital entre la relación con su esposa y familia  por un lado y las personas que sirvan dentro de la congregación, por otro.

   Es imperativo, maridos, que combatamos la tendencia que tenemos a mostrarnos pasivos en los asuntos que atañen al hogar. Una de las quejas más comunes que escucho en los hogares con problemas es sobre la pasividad del esposo. ¡Despierta!, esposo. Tu esposa sentirá  mayor respeto por ti apenas vea tu deseo de tomar el liderazgo y la administración del hogar.

El segundo ladrillo

   El segundo “ladrillo” para los maridos podría describirse así: Conoce a tu esposa. Aquí también, puede parecer que se trata de algo que ya estás haciendo. El camino original, sin embargo, te ayudará a determinar si realmente lo haces. La expresión significa literalmente “morar juntos a la luz del conocimiento”. El éxito de vivir con tu esposa, mi amigo, está en directa relación con el conocimiento que tengas de ella.

   Conocer a tu esposa incluye conocer aquellas cosas que otros no conocen ni conocerán sobre ella: sus temores y deseos más profundos, sus frustraciones y sus expectativas, sus heridas y sus secretos, lo mismo que sus pensamientos y sus sueños. Eso es conocer a tu esposa. Requiere un espíritu sensible, el deseo de comprometerse, de escuchar, de comunicar, de interesarse. El esposo, si tu matrimonio se está deteriorando, este es uno de los aspectos más importantes al que debes dedicarte. Más que todo lo que yo pudiera sugerir, esto curará las heridas de ella y calmará las tormentas. Tu esposa añora ser comprendida y saber que tú deseas comprenderla

 

El tercer ladrillo

   Finalmente, Pedro dice que honres a tu esposa.

   ... dando honor a la mujer ... como coherederas de la gracia de la vida.

   El término traducido como “dando” significa “asignar”; aquí el esposo le “asigna” un lugar de honor a la esposa. Es interesante que la palabra “honor” y el término antes usado como “precioso”, tienen la misma raíz en el griego. Esposo ¿qué lugar le has “asignado” a tu esposa? Quizás realmente la valoras y la aprecias. Es muy probable que genuinamente la consideres como un tesoro precioso, como a una persona a quién estimar, a quién honrar.

   Pero, ¿lo sabe ella? ¿Se lo has dicho? ¿Le demuestras el honor que dices asignarle? Los hombres tendemos a suponer que nuestras esposas saben cuanto significan para nosotros. Pero no hay sustituto para decírselo. Algunas veces con palabras bien escogidas, otras veces con flores, o con objetos pequeños y elegantes. Con cartas que le enviamos cuando estamos de viaje. Con pequeñas notas aquí y allá. Con una cena para los dos en uno de sus lugares favoritos. Con un fin de semana donde el paisaje diferente, la atención y el descanso junto a una piscina de natación te ofrezcan una prueba innegable de que ella vale mucho para ti. De vuelta a casa, te puedo asegurar, tu esposa no encontrará muy difícil creer que tú quieras estar cerca de ella, conocerla y honrarla.

Comenzando a construir

   ¿Quieres saber como empezar? He aquí una forma. Reserva una noche, preferentemente en esta semana. Pueden quedarse en casa, pueden salir a dar una vuelta, o ir a cenar o pasar la noche en algún sitio especial. El lugar no es tan importante como el plan, pero lo que si necesitan es estar solos para que puedan pensar, hablar y responder sin interrupciones.

 

1.      Permanece al menos quince minutos en silencio, pensando y  anotando las cuatro cosas que más valoras en tu cónyuge. Por esta vez toma la palabra  primero el esposo. Ambos escuchen atentamente.

2.      Tomando 1Pedro 3:1-7 como orientación, admite cuál es el rasgo o hábito que más querrías que el Señor cambie en tu vida. Declara también tu deseo de cooperar con él en la transformación.

3.      Antes de dormirse, definan al menos dos metas principales para su matrimonio. Oren juntos pidiéndole a Dios que las metas no queden como sueños distantes sino que El  las haga reales.

4.      Después que hayan terminado, entréguense la lista con las cuatro cosas que más admiran el uno del otro. Guárdenla y repásenla varias veces esa noche y durante la semana siguiente.

Si hace mucho tiempo que no haces esto (algunos no lo han hecho nunca)  le parecerá absurdo y algo bochornoso. Manejar ladrillos es una habilidad que requiere aprendizaje. Pero una vez que le encuentras la vuelta, una vez que conoces lo que es la auténtica comunicación, la comunión abierta y sin reservas, no te conformarás con menos.

   Los ladrillos falsos nunca resultan tan atractivos o valiosos como los reales. De modo que no te dejes engañar con sustitutos baratos.

 

Que Dios te acompañe en la reconstrucción de tu hogar.

 

[1] Charles R. Swindoll. “Dile que si al amor” 1985 Cap. 3 pp 49 a 53. Editorial Betania.