LADRILLOS
PARA LOS ESPOSOS
He
estado lanzando algunos duros ladrillos a las esposas. Ya les advertí, señoras,
que refaccionar es un trabajo duro. Pero ahora veamos que tiene Dios
para decirle al hombre de la casa. Es igualmente fuerte.
Vosotros,
maridos, igualmente vivid con ellas sabiamente, dando
honor a la mujer como a vaso más frágil, y
como a coherederas de
la gracia de la vida, para que vuestras
acciones no tengan estorbo.
Primer
ladrillo
Este
primer ladrillo es obvio: vivir con tu
esposa. “¡Por supuesto que lo hago: Vengo a casa todas las noches.
Tenemos el mismo domicilio, comemos a la misma mesa, dormimos en la misma cama y
hasta usamos el mismo baño”. Pero no es solo eso lo que quiere decir este
versículo. El término original traducido como “vivir” significa
“permanecer”, y sugiere “estar muy próximo a, estar confortable con”.
La pequeña palabra “con” es un término que sugiere compañerismo estrecho,
unidad profunda.
Muchos esposos esperan que la esposa atienda el
hogar. “Mi trabajo es la oficina, su trabajo es la casa. Yo gano los billetes,
ella maneja las cuentas. A mí me toca el trabajo con todas sus complicaciones.
A ella le pertenece el hogar con todas sus necesidades”. Quizás esa sea la
forma en que te criaron a ti,
amigo, pero no era el plan que Dios originalmente diseñó para los maridos. De
ninguna manera. La frase “vivid con ellas”, ubicada al comienzo de todo lo
que el Señor dice en este versículo , es importantísima.
Nuestra misión, maridos, es cimentar el fundamento para la armonía doméstica.
Nosotros deberíamos ser quienes cultivemos un profundo compañerismo con
nuestra esposa. Nosotros debemos iniciar la acción, estimular el proceso.
Cynthia y yo comprendimos esta verdad hace ya
muchos años. Me empezó a perseguir la idea de que me estaba tornando mucho más
pasivo (como mi propio padre) respecto a los asuntos del hogar. Le estaba
dejando cada vez más decisiones a ella, cediéndole
inconscientemente las riendas del
liderazgo. Francamente, resultaba muy conveniente.
Siempre podía recurrir a la excusa de las presiones relacionadas con la
iglesia a la que estaba sirviendo, o las exigencias de las personas que querían
mi tiempo para satisfacer sus grandes necesidades espirituales. Era también
mucho más fácil . Ser la figura
central en la iglesia era mucho más fácil, comparado con la tarea ingrata y
difícil del liderazgo del hogar.
Resultaba
mucho más esplendoroso, más satisfactorio para el yo y por cierto “más
espiritual” cuidar del rebaño en mi calidad de pastor, que establecer y
embellecer la relación con mi esposa.
Pero entonces, Dios me dio un derechazo en la
mandíbula, con 1Timoteo 3:4,5, donde escribe para pastores casados; que es
necesario...
Que
gobierne bien su casa, que tenga a
sus hijos en sujeción
con toda honestidad pues el que no sabe
gobernar su propia
casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?).
¿Has visto el verbo “gobernar”? Se menciona dos veces. Significa
literalmente “presidir, dirigir”, pero el sentido es mucho más amplio.
Escucha esta excelente explicación
Un buen administrador sabe como hacer que otros trabajen ... Se preocupará
por no desconocer o reprimir las habilidades de su esposa. Más bien, las
aprovechará al máximo ... No la considera como
alguien a quién arrastrar de sí. En cambio, piensa en ella como en una
maravillosa, útil y positiva bendición de Dios ...
Un administrador tiene el ojo puesto en todo lo que ocurre
en la casa, pero no hace todas las cosas él mismo. En lugar de eso, mantiene la
visión general y conserva todo bajo control. Se sabe lo que ocurre, como está
llevándose a cabo y solo cuando resulta necesario interviene para cambiar,
modificar o ayudar en alguna manera.
¡Eso realmente me convenció! Desde que hice este descubrimiento y puse
en práctica algunos cambios, he viajado vez tras vez a seminarios y escuelas bíblicas,
subrayando la importancia de la vida familiar del ministro. En más de una ocasión,
los hombres llegan a considerar por primera
vez la vinculación vital entre la relación con su esposa y familia
por un lado y las personas que sirvan dentro de la congregación, por
otro.
Es imperativo, maridos, que combatamos la
tendencia que tenemos a mostrarnos pasivos en los asuntos que atañen al hogar.
Una de las quejas más comunes que escucho en los hogares con problemas es sobre
la pasividad del esposo. ¡Despierta!,
esposo. Tu esposa sentirá
mayor respeto por ti apenas vea tu deseo de tomar el liderazgo y la
administración del hogar.
El
segundo ladrillo
El segundo “ladrillo” para los maridos podría describirse así: Conoce
a tu esposa. Aquí también, puede parecer que se trata de algo que ya estás
haciendo. El camino original, sin embargo, te ayudará a determinar si realmente
lo haces. La expresión significa literalmente “morar juntos a la luz del
conocimiento”. El éxito de vivir con tu esposa, mi amigo, está en directa
relación con el conocimiento que tengas de ella.
Conocer a tu esposa incluye conocer aquellas cosas que otros no conocen
ni conocerán sobre ella: sus temores y deseos más profundos, sus frustraciones
y sus expectativas, sus heridas y sus secretos, lo mismo que sus pensamientos y
sus sueños. Eso es conocer a tu
esposa. Requiere un espíritu sensible, el deseo de comprometerse, de escuchar,
de comunicar, de interesarse. El esposo, si tu matrimonio se está deteriorando,
este es uno de los aspectos más importantes al que debes dedicarte. Más que
todo lo que yo pudiera sugerir, esto curará las heridas de ella y calmará las
tormentas. Tu esposa añora ser comprendida y saber que tú deseas comprenderla
El
tercer ladrillo
Finalmente, Pedro dice que honres a
tu esposa.
... dando
honor a la mujer ... como coherederas de la gracia de la vida.
El término traducido como “dando” significa “asignar”; aquí el
esposo le “asigna” un lugar de honor a la esposa. Es interesante que la
palabra “honor” y el término antes usado como “precioso”, tienen la
misma raíz en el griego. Esposo ¿qué lugar le has “asignado” a tu esposa?
Quizás realmente la valoras y la aprecias. Es muy probable que genuinamente la
consideres como un tesoro precioso, como a una persona a quién estimar, a quién
honrar.
Pero, ¿lo sabe ella? ¿Se lo has dicho? ¿Le demuestras el honor que
dices asignarle? Los hombres tendemos a suponer que nuestras esposas saben
cuanto significan para nosotros. Pero no hay sustituto para decírselo. Algunas
veces con palabras bien escogidas, otras veces con flores, o con objetos pequeños
y elegantes. Con cartas que le enviamos cuando estamos de viaje. Con pequeñas
notas aquí y allá. Con una cena para los dos en uno de sus lugares favoritos.
Con un fin de semana donde el paisaje diferente, la atención y el descanso
junto a una piscina de natación te ofrezcan una prueba innegable de que ella
vale mucho para ti. De vuelta a casa, te puedo asegurar, tu esposa no encontrará
muy difícil creer que tú quieras estar cerca de ella, conocerla y honrarla.
Comenzando
a construir
¿Quieres saber como empezar? He aquí una forma. Reserva una noche,
preferentemente en esta semana. Pueden quedarse en casa, pueden salir a dar una
vuelta, o ir a cenar o pasar la noche en algún sitio especial. El lugar no es
tan importante como el plan, pero lo que si necesitan es estar solos para que
puedan pensar, hablar y responder sin interrupciones.
1.
Permanece al menos quince minutos en
silencio, pensando y anotando las
cuatro cosas que más valoras en tu cónyuge. Por esta vez toma la palabra
primero el esposo. Ambos escuchen atentamente.
2.
Tomando 1Pedro 3:1-7 como orientación,
admite cuál es el rasgo o hábito que más querrías que el Señor cambie en tu
vida. Declara también tu deseo de cooperar con él en la transformación.
3.
Antes de dormirse, definan al menos
dos metas principales para su matrimonio. Oren juntos pidiéndole a Dios que las
metas no queden como sueños distantes sino que El las haga reales.
4.
Después que hayan terminado, entréguense
la lista con las cuatro cosas que más admiran el uno del otro. Guárdenla y repásenla
varias veces esa noche y durante la semana siguiente.
Si hace mucho tiempo que no haces esto (algunos no lo
han hecho nunca) le parecerá absurdo y algo bochornoso. Manejar ladrillos es
una habilidad que requiere aprendizaje. Pero una vez que le encuentras la
vuelta, una vez que conoces lo que es la auténtica comunicación, la comunión
abierta y sin reservas, no te conformarás con menos.
Los
ladrillos falsos nunca resultan tan atractivos o valiosos como los reales. De
modo que no te dejes engañar con sustitutos baratos.
Que
Dios te acompañe en la reconstrucción de tu hogar.
[1]
Charles R. Swindoll. “Dile que si al
amor” 1985 Cap.
3 pp 49 a 53. Editorial Betania.