Cambiaron su mundo por medio de su mansedumbre
(Sara y Priscíla)
por Jill Briscoe*


Dice la autora: 
“Las necesidades de las mujeres, las cuales han sido las mismas a través de las edades. Necesitan sentir que pertenecen; necesitan amar y ser amadas, encontrar su identidad, desarrollar sus dones, mantener una actitud correcta, equilibrar sus responsabilidades, y aprender a perdonar y aceptar el perdón.
Las mujeres de este estudio hacen un poquito de todas estas cosas. Nosotras podemos aprender de sus triunfos y fracasos. Las mujeres podemos cambiar nuestro mundo para mejorarlo o para empeorarlo. Con Cristo podemos hacer la diferencia.” 


*PARA PENSAR *

Sara era una dama noble, ¡pero una noble rebelde! ¡Le llevó a Dios 127 años completar su trabajo maravilloso en la vida de Sara! Los cambios toman tiempo. Al leer la historia de Sara me llama la atención una cosa sobre todas las otras: ¡Dios no puede cambiar a una persona que no coopera! Demanda tiempo y dedicación ennoblecer a un rebelde, pero Dios, quien tiene todo el tiempo del mundo, puede esperar. El no va a imponer su voluntad sobre la nuestra.

Sara se nos muestra como ejemplo de tal cooperación. 1 Pedro 3:6 nos dice que ella tenía un espíritu manso y apacible. Sin embargo, cuando leemos el relato de la vida de Sara, no parece ser ni mansa ni apacible. Se nos dice que ella llamó a Abraham "señor", o "adonai", que significa amo, y se nos urge a ser "sus hijas" y seguir sus pasos. ¿Pero qué relación tiene esto exactamente con la mujer de esta época que puede, o no, estar casada con un Abraham?

La palabra manso no quiere decir "débil", sino más bien lo contrario. La idea es la de un caballo salvaje que ha sido domesticado, controlado por un dueño cariñoso. La palabra apacible lleva la idea de tener la disposición de ser instruido y de aprender. Jesús fue descrito como "manso" de espíritu. ¡No era de ninguna manera débil! El tenía en su persona un sentido de fortaleza y poder que iban unidos.

El nombre dado a Sarai nos da una indicación de su naturaleza. Su nombre se deriva de la misma raíz que la palabra Israel y puede significar "pelea o disputa". Lleva el sentido de contienda y litigio.

Sin duda la historia de Sara confirma estas ideas sobre su carácter. En Génesis 16:1-6 la encontramos disputando con Agar (su sierva), discutiendo con Abraham (su marido), mientras que algunos capítulos más adelante, en Génesis 18:10-15, ¡riñe con el Todopoderoso! Ella aparece como una mujer vivaz, enérgica, ¡con un espíritu turbulento! Además era muy hermosa. Su esposo, encontrándose en territorio hostil y temiendo por su vida, le pidió que mintiera por él. "Reconozco que eres una mujer bella", dijo él. Le pidió que dijera que era su hermana, ¡lo cual era verdad en parte, porque era su media hermana! De esta manera Abraham esperaba que los hombres de estas culturas extranjeras no lo mataran para poder poseerla. Esto en realidad ocurrió dos veces, primero con el rey Abimelec y más tarde con el faraón de Egipto. ¡Y todo esto cuando Sara tenía ya más de 80 años! ¡Supongo que una belleza como la de ella no es envidiable, cuando causa tantos problemas! Pedro nos dice que Sara era bella, tanto por dentro como por fuera. Dios miró su corazón. Su belleza no estaba sólo en lo físico, sino en su espíritu o actitud. Si esto es verdad, y debemos creerlo porque lo dice la Escritura, ¿cómo y cuándo Dios cambió a esta mujer mentirosa pero bella y vivaz, por una de naturaleza mansa y apacible? Dios cambió su nombre por Sara -Princesa- tan ciertamente como cambió su carácter, el cual había causado tanta contienda (Génesis 17:15, 16).

El error de Sara al mentir por Abraham fue que ella fue leal hasta el exceso. Estaba tan entregada a Abraham que no pudo ver que tal entrega no significaba hacer lo incorrecto. Pero Dios vio su compromiso con su esposo, con su misión y con su matrimonio, y usó esas mismas cosas a través del tiempo para refinar su carácter. Profundamente, Sara quería ser una mujer de Dios. Quería cooperar con él. Ese es exactamente el tipo de persona con la que Dios puede trabajar.

Por supuesto que Dios no quiere que mintamos por nuestros maridos como hizo Sara. ¡Eso no es lo que quiere decir una actitud sumisa! No somos llamadas a sometemos a hacer lo malo. Necesitamos recordar que el hombre -varón y mujer- creado a la imagen de Dios cayó, y la posición de autoridad, responsable por mantener los sexos en armonía y compatibilidad entre sí en compañerismo e igualdad, degeneró en dominación. Si su esposo trata de dominarla y decirle que haga algo en contra de la ley de Dios, como Abraham pidió a Sara, entonces usted debe “obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29) y decir "no" (¡mansamente, por supuesto!).

Pedro mismo equilibra su declaración sobre Sara al decir que somos “coherederas de la gracia de la vida”. Parte de nuestra herencia juntos es alentarnos unos a otros a hacer lo que sea correcto, no lo que sea incorrecto. ¿Qué quiere decir entonces la Biblia cuando nos llama a ser hijas de Sara? Yo creo que nos llama a emular la característica básica de cooperación con Dios, dándole oportunidad para cambiarnos.

Debemos reconocer, sin embargo, que la sumisión significa algo diferente en diferentes situaciones. Michael Griffiths dice que la misma palabra no puede significar la misma cosa en cinco categorías diferentes. Por ejemplo, él indica que la Biblia dice que debemos someternos al Estado (Romanos 13: l), las esposas a sus maridos (Efesios 5:22), los hijos a sus padres (Efesios 6: 1; Lucas 2:5 l), y los siervos a sus amos (Efesios 6:5). ¡Es obvio que una mujer no debe someterse a su propio esposo de la misma manera que un siervo se somete a su amo! Un hijo no se someterá a su padre de la misma manera que al presidente. Las nuevas relaciones bajo el Nuevo Pacto permiten que el esposo sea responsable ante Cristo como su cabeza, para revertir los resultados de la caída, y escuchar con respeto la opinión de su esposa como una compañera igual en el trabajo del reino. Las nuevas relaciones vividas entre cristianos significa que podemos regocijarnos al estimar a otros como mejores que nosotros, y ser siervos para la causa de Jesús cualquiera sea nuestra edad, estado matrimonial o sexo. Si tan sólo Sara hubiera podido alentar a Abraham en sus momentos de debilidad, y si hubiera rehusado mentir por él, ambos podrían haber evitado la vergüenza de la reprimenda pública del faraón y de Abimelec y el nombre de Dios no hubiera sido deshonrado. Entonces, la sumisión significa algo distinto para gente distinta en tiempos distintos. Nunca significa que nos sometamos a cualquier cosa. Para la mujer soltera significa algo diferente que para la mujer casada, pero para todos nosotros, tanto hombres como mujeres, una sumisión inicial a Dios como nuestro Salvador y Señor debe venir primero que todo. Entonces él nos ayudará a doblegar nuestro carácter fuerte a su voluntad. Sara aprendió a escuchar y a obedecer. Ella era educable, y el Señor la amó por eso. ¿Cómo desarrollamos esta actitud? ¿Somos educables, o argumentativas y porfiadas?

Primero, debemos vestir nuestras almas en oración diaria. Debemos desvestimos espiritualmente cada día y luego decidir que vamos a vestir nuestras almas tan completa y cuidadosamente como vestimos nuestros cuerpos.

Segundo, debemos decidir ser educables. Sara se rió de Dios cuando él le dijo algo que era difícil de creer (Génesis 18:12). Ella aprendió con el tiempo a confiar en la palabra de Dios, a dejar de discutir, y simplemente aceptar sus promesas por fe. Nosotras escogemos ser una molestia o una ayuda. Si le entregamos el control a Dios del burro salvaje que llevamos dentro de nosotros, y decidimos responder en vez de reaccionar a las personas que nos rodean, el Dios que cambió a Sara nos cambiará y nos transformará a su imagen.

Tercero, también podemos agradecer las situaciones que nos hacen depender de Dios. Sara tuvo muchos años de aprendizaje para someterse a las circunstancias fuera de su control y que ella no pudo cambiar. Debido a su espíritu manso y apacible esas situaciones mismas fueron usadas por Dios para moldearla conforme al corazón de él.

Finalmente, podemos regocijamos cuando tenemos una oportunidad para servir ¡a cualquiera!, esposos, padres, hijos, nietos, vecinos, amigos, compañeros creyentes, aun enemigos. Servicio es otra palabra para sumisión. Jesús mismo vino no para ser servido sino para servir (Marcos 10:45). Nosotras servimos a las personas al hacer lo que es bueno para ellas, al escucharles, aliviarles, cuidarles, ayudarles, y a veces aun decirles "no", ¡de una manera amable y mansa! ¡No sé de ninguna manera más rápida que ésta para desarrollar una princesa noble dentro de una mujer contenciosa!

*CRÉDITOS BIBLIOGRÁFICOS
Jill Briscoe “Mujer Cambia tu Mundo”. Capítulo 2 págs. 23-26. Editorial Mundo Hispano, apartado postal 4256, El Paso, TX 79914. (Ediciones 2000, Impreso en Canadá)
En Argentina: CBP Rivadavia 3474, 1203, Buenos Aires Tel. 011-4863-6745
NOTA: Cada capítulo tiene al final cinco (5) secciones para trabajo personal o en grupo: Para pensar - Para conversar - Para orar - Para profundizar – y - Caja de herramientas.