Primera parte
¿De qué depende que una cita sea placentera?
Por Josh McDowell y Paul Lewis *


Trata de pensar en el pasado por unos momentos, en las ocasiones en tu vida y en las experiencias de salidas con un novio o novia que recuerdas como las más placenteras, las más felices, las más satisfactorias, y las más libres de preocupaciones. Te apuesto a que la mayoría de ellas han sido ocasiones en que estaban implicadas otras personas, incluso adultos mayores, en que había risas, y conversaciones amenas. Estas ocasiones no eran como tus típicas citas, pero en realidad, ése es el asunto. Para que una cita resulte placentera y tranquila, las estrategias y los "juegos" sensuales no pueden ser el tema central. Una cita inolvidable y feliz es una en que ambas personas pueden ser ellas mismas con toda libertad.

Las continuas respuestas que recibo de hombres y mujeres en mi correspondencia y en las conversaciones personales, revelan que la citas no alcanzan, ni se acercan al objetivo. Las estrategias sensuales y la maestría en juegos sexuales, el amor explotador o que saca ventajas son la regla, no la excepción. Con razón tantas personas experimentan sufrimiento durante esas salidas. Se supone que las salidas en pareja deben ser ocasión de alegría, y pueden serlo si tú entiendes los propósitos de ellas y estableces algunas metas para ti mismo.

Los motivos correctos para las citas 

Una de las primeras cosas que debe hacer un hombre o una mujer es pensar en el propósito que tiene para una salida con un miembro del sexo opuesto. Por supuesto, una de las razones fundamentales por las que las personas tienen citas, es el responder a la atracción básica de una persona del sexo opuesto. Pero hay muchos jóvenes y muchachas que no están realmente preparados para el noviazgo, porque no han pensado seriamente acerca del sentido de ello, y de lo quieren que signifique en su vida.
Tal vez dirás: " Vamos, todo el mundo sale con alguien. Es simplemente una cosa normal y natural". Es verdad, pero, fuera de la intensa presión del grupo de pares, ¿por qué hacerlo?

Uno de los primeros propósitos es la sociabilización. A medida que crecemos, tiene que madurar junto con nosotros nuestra destreza en cuanto a las relaciones interpersonales, a la conversación y a la comprensión. Las salidas en pareja son una tremenda oportunidad para aprender más acerca de uno mismo, para adquirir la habilidad de captar las necesidades y los sentimientos de otra persona, y para aprender cómo convertir esa captación en una acción que manifieste interés. Un buen noviazgo lo prepara para un matrimonio feliz, que crece y es duradero. Los hábitos inconvenientes en relación a las salidas en pareja engendran los matrimonios frágiles y poco duraderos que todos conocernos.

Por supuesto, el segundo motivo clave para las citas es la selección del cónyuge. Y hay una cosa bastante obvia: la persona con quien tú te cases será una de aquellas con las que has salido. La progresión típica va desde salidas casuales, a salidas amistosas, a salidas permanentes (noviazgo), compromiso y al matrimonio. Rara vez ocurre de otro modo. De manera que las salidas en pareja sirven para cultivar y agudizar tus gustos, y mejorar tu habilidad de reconocer el carácter y las cualidades personales que mejor se combinan con las tuyas. Es una oportunidad para ver si la clase de persona con que tú piensas que te gustaría pasar el resto de tu vida, es realmente la clase de persona con quien te gustaría pasar el resto de tu vida. A esta altura en tu comprensión del secreto del amor, tiene que ser bien obvio que el motivo o foco de citas no es la exploración sexual, el desarrollo de su técnica, o la conquista. Nada termina tan pronto con una creciente amistad y una buena comunicación interpersonal, como un compromiso físico prematuro. En (Eros y el pecado sexual) el autor John White señala:

"La excitación sexual premarital se hace sumamente importante con demasiada frecuencia, como lo han descubierto muchas parejas no casadas. La misma bloquea la comunicación que estaba destinada a fomentar."

¿Por qué? -puedes preguntar-. Porque así ha creado Dios, el "Fabricante", al hombre. Cuando Dios hizo al hombre a su propia imagen, puso en él una necesidad primaria de interacción y compañerismo divinos. Para hacerlo posible, puso en el centro mismo del hombre la capacidad espiritual, una habilidad y un impulso en el ámbito de lo espiritual, tan potente y natural como el impulso sexual del hombre en el ámbito de lo físico. Ninguna otra criatura de la creación tiene ese anhelo y esa capacidad.

La razón por la que a veces no reconocemos la importancia de esta capacidad espiritual es que, en nuestra arrogancia, hemos elegido ignorar a Dios y a sus principios y ponemos nuestros propios deseos y voluntad en el lugar de Dios. El resultado siempre es una profunda separación y desavenencia a la "luz espiritual" se apaga en el centro mismo de nuestro ser. Y quedamos buscando la esencia de la vida a tientas. La búsqueda y los anhelos religiosos que llenan las páginas de la historia humana testifican de la realidad de esa increíble pérdida.

Entonces, sólo queda razonar que, si un hombre y una mujer quieren experimentar lo supremo en cuanto a unidad, tendrán que incluir la comunión mutua íntima en el nivel espiritual. Esa es una de las metas del matrimonio. Y ya que el noviazgo es un proceso que prepara para el matrimonio, eso también se convierte en una meta principal durante el mismo. Sin la unidad espiritual, nunca puede haber unión sexual y satisfacción completa. La relación sexual fue creada por Dios para ser una expresión externa de esa realidad interior entre dos personas.

*Josh McDowell, Paul Lewis, "Las tres caras del amor", págs. 95-99. Edit. Unilit, Miami 1998.