De que estamos hablando
Por Rubén O. Flores
Hablamos de elección, de noviazgo, de establecer algunos principios importantes para definir qué estamos dispuestos a permitir en el futuro de nuestras relaciones amorosas. A pensar seriamente si permitir o no a Dios ser quien nos aconseje mediante el sacerdote, el pastor, nuestros padres o el consejero escolar, a tomar una buena decisión cuando llegue el momento.
Mientras tanto veamos la historia de Carlos y Gisella y reflexionemos qué haríamos si fuéramos nosotros:
Carlos suspiró profundamente cuando Gisella le dio el sí para su primera cita. No lo podía creer pero su sueño parecía haberse hecho realidad. Se habían conocido durante sus estudios en la facultad y casi como jugando creían ser el uno para el otro, sólo que ambos lo tenían muy escondido en sus corazones.
Después de una recorrida por el parque conversando acerca de lo que gustaba a cada uno, decidieron ir al cine a ver una película de amor. Mientras la proyección avanzaba Carlos miraba a Gise, como él la llamaba, y su corazón parecía explotar dentro de él. Estaba seguro que ella era la mujer de sus sueños, su futura esposa, la única, la que lo haría feliz por toda la eternidad, hasta pensó en cómo se vería como madre de sus hijos. Ella acercó su mano a la de él y la apretó fuertemente, en ese instante se miraron a los ojos, profundamente, casi como celestialmente. Ambos rozaron con sus labios los del otro y en un fuerte abrazo y beso se juraron amor eterno.
Mas tarde, en su hogar, Carlos comenzó a rememorar las felices horas que habían pasado juntos y también se asustó de lo que imaginaba vendría después de aquella promesa de amor. ¿Qué pasaría con su "libertad" de soltero? ¿Sería realmente Gisella la mujer con la que debía casarse? A pesar de tantos años anhelando estar con ella y escuchar de sus labios el "sí" tan esperado ¿No se habría apresurado?
Esta no es una historia real pero me recuerda lo que Walter Trobich comentaba acerca del amor:
"Permítanme decirles qué significa si un muchacho le dice a una chica "te amo". Significa: TU, TU, TU, Tú reinarás en mi corazón. Tú eres la única por quien suspiro, sin ti estoy incompleto. Te daré todo, agotaré todo por ti, yo mismo, así como todo lo que tengo. Te esperaré no importa cuanto tiempo. Seré paciente contigo, nunca te obligaré a nada, ni siquiera de palabras. Quiero protegerte, defenderte y guardarte de todo lo malo. Quiero compartir contigo mis pensamientos, mi corazón y mi persona; todo lo que poseo. Quiero escuchar todo lo que tienes para decirme. Nada quiero emprender sin recibir tu aprobación. Quiero estar siempre a tu lado".
Cualquiera diría que estas promesas están cimentadas en un amor profundo y eterno pero la realidad nos muestra que no es así. Eso de ". . .seré paciente contigo, nunca te obligaré a nada, ni siquiera de palabras. . .", o esto otro de ". . .quiero compartir contigo mis pensamientos, mi corazón, mi
persona. . ." o aquello de ". . .quiero escuchar todo lo que tienes para decirme. . ." son palabras que después de algún tiempo de casados y conocerse más profundamente, pasan a ser historia. Carlos, suponiendo que fuese él, ya no será tan paciente con Gise, se habrá olvidado de que prometió no obligarla a nada y seguramente no todos sus pensamientos y oídos estarán dispuestos para ella cuando lo necesite realmente.
¿Qué ocurrió con esta parejita que se habían prometido tanto amor?
El título de la reflexión en esta oportunidad es: ¿De qué estamos hablando? Y nos recuerda que justamente hablamos de lo que posiblemente pueda ocurrirle a Carlos y a Gisella si su elección no fue la correcta.
Seguramente todas las parejas de novios que comparten ese primer momento de enamoramiento piensan que su amor durará para siempre, que no habrá nada que lo impida, conversan entre sí que lucharán por su amor contra viento y marea. Pero si ambos no cimentan su elección y su noviazgo sobre la base principal, no podrán hacer frente a los vientos y mareas que la vida les presentará. El asunto es: ¿Cuál es la base principal?
El sabio Salomón escribió:
"Si Dios no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Dios no guardare la ciudad, En vano vela la guardia. Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, Y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño". (Salmo 127:1-2)
¿Cómo puede llegar a nutrirse ese amor que se juraron Carlos y Gisella?
En el Antiguo Testamento encontramos la historia de Rut, una moabita que debió tomar una elección determinante en su vida. Esta elección la llevó a ser bisabuela de un rey. (Su primogénito se llamó Obed, y fue el abuelo del rey David), y de esta manera, aunque era gentil, Rut mereció un lugar en la genealogía del Mesías (Mt 1.5, 6).
Como todos sabemos Noemí quedó viuda y con dos hijos, un día ambos contrajeron matrimonio con dos mujeres moabitas, Rut y Orfa. Al cabo de algunos años ambos hombres murieron dejando a estas tres mujeres viudas y prácticamente desamparadas. La suegra invita a sus dos nueras a volver a su tierra, Orfa acepta el consejo pero Rut toma la decisión de continuar con Noemí y de su boca sale una de las más hermosas promesas personales que encontramos en el Antiguo Testamento.
"Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios" (Rut 1.16).
Si bien esta historia no es de novios o esposos, nos habla de una relación profunda y permanente. De una elección pensada en base a una profunda relación entre dos personas que se amaron. La anciana que con su testimonio proveyó la posibilidad de una vida diferente para su nuera y la de la joven que apreció las enseñanzas de su suegra hasta tal punto que su fidelidad la llevó a ser parte de la historia del Redentor de la humanidad.
Noemí y Rut son ejemplos preciosos de lo que Dios puede hacer en la vida de las personas cuando ellas aceptan vivir bajo su dirección y protección. ¿No habrán acaso luchado seguramente contra viento y marea para que las tempestades de la vida no perturbaran su relación? ¿No habrán pasado juntas por profundas tristezas? Recuerden que debieron dejar su tierra y a sus parientes, luego la viudez de Noemí y mas tarde, vaya a saber cómo, la muerte de ambos hijos dejando viudas a sus esposas en tierra extraña, fueron tremendas tormentas que azotaron sus vidas. Sin embargo el amor de Dios en cada una de ellas fue lo suficientemente unificador para que continuaran juntas.
¿Podrá soportar el amor de Carlos estas tormentas? ¿Se nutrirá el amor de ambos de tal forma que puedan ser tan fieles el uno al otro como lo fue Rut con Noemí?
Si realmente Dios está en el centro de la vida de ambos, Carlos y Gisella podrán tener un futuro promisorio ya que el centro y fundamento de sus vidas será Dios y Su Palabra.
Sí, querido joven, hablamos de elecciones, comunicaciones, fidelidad y muchas cosas más que sólo se conocen después de pasar por muchas tormentas a través de una relación firme mantenida en el amor de Cristo.
Para terminar aquí van algunas preguntas, pueden agregar muchas más, que deben hacerse antes de tomar definitivamente una decisión:
· ¿Piensan ustedes que el propósito de Dios es unirlos en matrimonio?
· ¿Piensan ambos que Dios "puede" quedar fuera de sus planes?
· ¿Qué se ofrecen mutuamente para complementar su matrimonio?
· ¿Estarán de acuerdo en que Dios sea una amistad íntima entre ambos?
· ¿Están dispuestos a preservar una relación en la que Dios sea el vínculo principal?
· ¿Están dispuestos a una relación en la que cada persona trate de hacer lo mejor por la otra?
Finalmente recuerden:
· La presencia viva de Dios en una relación supera las diferencias que de otro modo crean división y falta de armonía.