¡El matrimonio no es una ceremonia! ¡Es una creación!
Sólo conocemos en parte
por Charlie W. Sed
Mi querida Karina:
Cuando ibas a la escuela secundaria salías con diferentes muchachos. Tu madre y yo observábamos de puntillas cada vez que un nuevo pretendiente llegaba a casa. ¿Sería éste el definitivo?
Si mi memoria no me falla. Ninguno estaba tan mal. Admirábamos tu buen gusto. Todos eran bien parecidos. Aún aquel grandote y gracioso "tan corriente que hasta era lindo" decías tú, tan mal a nuestros ojos.
Había algo que nos gustaba en cada muchacho que te frecuentaba. (Recuerdo a aquel que decías que te hacía pensar en un "cachorrito perdido en busca de hogar"; creímos que nunca se iría, fue el más cercano a la excepción). Tu madre y yo solíamos comentarlo juntos y siempre estábamos orgullosos de tus amigos. Tenían buenos modales, eran cuidadosos y bien arreglados cuando así debía ser. Y eran "tan buenos conductores". Eso era lo que tú nos decías, y eres la prueba viviente de esta declaración.
Aquel jugador de fútbol, gigante, tipo "He-man" llamó nuestra atención. Debe haber gastado fortunas en llamadas a larga distancia. Nos recordaba a un perro San Bernardo, inmenso, pero tan dulce y despreocupado.
Luego llegó aquella noche que nunca olvidaré. Fue después que ustedes habían salido juntos por algún tiempo. Yo estaba todavía levantado cuando entraste y me anunciaste que también habías tachado a éste de la lista. Sabes como somos los padres. . . .temí que algo desagradable hubiese ocurrido.
"No", me aseguraste, "¡Es tan dulce! Pero, papi, ¿Podríamos charlar un poquito ahora?
Según lo que recuerdo tus palabras exactas fueron: "A veces me preocupa mi forma de ser. Todos los muchachos con los que he salido me resultan fascinantes por un tiempo y luego me aburren. Después de unas pocas salidas es como si conociera todo lo que hay que conocer de ellos. ¿Crees que algo anda mal en mí? Tiemblo de solo pensar en casarme. ¿Cómo podría pasar toda la vida con un solo hombre? ¿Crees que alguna vez encontraré a alguien tan interesante como para captar mi atención para siempre?
Por supuesto que te aseguré que algún día aparecería alguien, con una personalidad lo suficientemente cautivante como para mantenerte entretenida para siempre. No estabas segura de que yo estuviera en lo correcto, y entonces diste el segundo discurso que hizo sonar campanas en mi corazón.
Me tomaste de la mano y dijiste: "Papá, he tomado una gran decisión esta noche: ¡nunca me casaré!, a no ser que encuentre un muchacho tan admirable que me lleve el resto de mi vida llegar a conocer todo lo que hay en él".
Pensé que era fantástico. Esa noche empezaste a tomar el pulso de tu futuro esposo.
El tiempo pasó y de repente tus signos de interrogación se transformaron en enormes signos de exclamación.
La primera vez que supimos de esto fue una noche alrededor de la hora de cenar. Llamaste desde la universidad, ¿Recuerdas? Había algo deliciosamente sobrecogedor en tu voz. Dijiste: "Papi, hay un muchacho increíblemente fabuloso en la universidad; sirve las mesas en el comedor. ¡Es la persona más interesante que jamás haya conocido! ¡Ha dado la vuelta al mundo varias veces!". (Eso fue lo que dijiste, aunque supongo que sólo fueron dos, ¿verdad? ¿Puede alguien en la marina recorrer el mundo más de dos veces, a no ser que sea un muchacho de carrera?).
Al igual que un arroyito seguiste canturreando: "¿Sabe mucho más que yo de todas las cosas! ¡Y es tan ingenioso! ¡Sabe todo sobre televisión! Esta es una de las áreas en que se especializó. Y es prácticamente una autoridad en asuntos latinoamericanos que es su otra área de especialización. ¡Ah, cierto! Olvidé decirles que su nombre es Vicente. ¡¿Acaso no es el nombre más precioso?! Trabajó para pagarse los estudios y ha hecho muchas cosas más. Además es buen mozo, y nunca había conocido a alguien que entienda a los demás como él. La gente simplemente lo adora, porque puede hablar de cualquier tema que le presenten. Y, papi, ¿recuerdas cuan enloquecidos estaban tú y mamá con Grecia? Bien, ¡conoce todo acerca de Grecia, su barco estuvo anclado allí por tres semanas!".Y así, continuaste por horas. Recuerdo claramente que me habías enganchado de tal manera en la conversación que hasta olvidé que era una llamada de larga distancia de cobro revertido. Cruzó por mi mente la idea de preguntarle a mi amigo Jaime, jefe de división de la compañía telefónica, si habría tarifas especiales para situaciones históricas.
Luego me arrojaste otro manojo de estrellitas y así continuamos por largo rato. De pronto, regresé a la tierra y se me ocurrió que otras personas podrían estar teniendo emergencias, por lo que era mejor dejar libre la línea y seguir la conversación otro día.
Finalmente, acordamos que tan pronto Vicente tuviera un tiempo libre te traería a casa en su pequeño Volkwagen de ensueño y así, toda la familia podría comprobar personalmente lo que estabas diciendo.
"¿Qué era todo ese alboroto?", preguntó uno de tus hermanos cuando corté. "Ese alboroto", anuncié, "¡era sobre el futuro esposo de Karina!". "¿Su qué?, gritaron al unísono; y esa noche tuvimos una especie de junta familiar.
Después lo trajiste a casa y vimos lo que querías decir. Aquí estaba el hombre de tus sueños, a quien tu corazón llamaba aquella noche en que conversamos sobre cosas tremendas.
Uno de los escritos más grandiosos sobre el amor está en 1 Corintios 13. La próxima vez que lo leas, observa que la única repetición en todo el capítulo es ésta: "¡Sólo conocemos en parte!".
Pareciera que el escritor estuviera diciendo: "Retrocede y observa nuevamente las infinitas perspectivas del amor. Aquí hay algo que debes volver a considerar. La belleza de las relaciones humanas no requiere de un conocimiento total, repentino".
Por muchas razones esto debe provocar en nosotros un eterno agradecimiento. Primero, ¡me alegra que la gente no pueda descubrir enseguida todo lo que hay en mí! Segundo, si retrocedemos y lo consideramos nuevamente, ¿no es bueno también que nosotros no sepamos todo de las demás personas? Si no tuviéramos esa doble protección probablemente todos nos uniríamos en un canto enloquecedor: "¡Paren el mundo, me quiero bajar de él!".
Pero cuando esto se aplica al matrimonio, es un espléndido regalo. Estar casado con alguien en quien uno ve islas por descubrir, montañas por escalar, valles por explorar, y nuevas maravillas asomándose a la distancia, es algo absolutamente grandioso.
A pesar de esto se crean algunos problemas. No puedes aprender de inmediato a manejar a las personas así. Es verdad que no tendrás un día aburrido una vez que comiences este viaje, pero, por otro lado, a veces puede ser exasperante.
Por eso, cuando sientas deseos de decir: "¡Hombres! ¿Por qué es que mi marido hace cosas tan locas? ¿Alguna vez entenderé lo que lo lleva a actuar así? Debes estar agradecida por un hombre que no puedas entender del todo inmediatamente.
Esta belleza del conocimiento parcial es lo que hace que la vida con los que amas sea tan fascinante: podría dejarte exhausta, pero también puede mantener tu corazón rebosante por la simple emoción de sentirte viva.
Tu madre y yo hemos estado casados por 26 años, y la verdad es que de su alma surgen emociones frescas cada día. Todavía descubro en ella cosas que nunca conocí antes y me siento agradecido por alguien tan especial que me tomará toda la vida descubrir y agradecido de sólo "conocer en parte".
¿Te acuerdas de Adela? Nos ayudó a cuidarte cuando eras pequeña. Sólo trabajaba unas horas pero dejó huellas imperecederas. Logramos con ella ese tipo de amistad donde uno no tiene que preocuparse de lo que dice delante de otro. Por eso, cada vez que tuvimos un pequeño ataque de celos de padres o les hablábamos en un tono hosco, ella te levantaba en sus brazos y te decía: "¡Bueno, bueno! Todo lo que precisan es un poco de paciencia en el Señor".
Esa es una palabra comprometedora en la tarea de ser padres. También obra milagrosamente cuando un hombre y una mujer están buscando amalgamar sus vidas.
¡No fuercen las cosas! ¡Oren por paciencia! ¡Dense tiempo el uno al otro para crecer!
¡Escucha! ¡¿Oyes lo que yo oigo?! Es un sonido que llega de lejos, profundo como el retumbar de un tambor. ¡Deseo tanto que te guste! Escucharemos a menudo su melodía mientras caminamos juntos, y esta es la letra que lleva: "¡El matrimonio no es una ceremonia! ¡Es una creación!.
Tuyo, por el gozo en lo mucho por conocer
Papá
Créditos:
Tomado del libro "Cartas a Karina", por Charlie W. Sed
Editorial desarrollo Cristiano Internacional